Amenazan a un médico por el ataque a Comedor Central
El médico Orestes Moya tenía un Chrysler PT Cruiser y hace un año y medio lo vendió. Puntualmente, era el dueño del auto del que se bajaron los jóvenes que la madrugada del domingo...

Viernes 08 de Noviembre de 2013

El médico Orestes Moya tenía un Chrysler PT Cruiser y hace un año y medio lo vendió. Puntualmente, era el dueño del auto del que se bajaron los jóvenes que la madrugada del domingo pasado apedrearon Comedor Central, el bar temático de Rosario Central ubicado en bulevar Oroño 49 bis. Sin tener relación con el episodio, fue víctima de agresiones.

El lunes a la mañana, en un programa de radio rosarino, se dijo al aire que Moya era el dueño del vehículo, pero sin haber chequeado si seguía siéndolo. Ante esto, el hijo de Moya fue al bar para aclarar la situación y llevó los papeles de la denuncia de venta y la transferencia. Lo que pasó fue que se había buscado la patente por el sistema de averiguación de multas web de la Municipalidad y ahí había saltado que el auto era de su propiedad. El error sale porque, según le dijeron en la Intendencia a Moya, el servicio de multas está tercerizado y a veces queda información desactualizada en internet. Situación bastante grave porque permanecen accesibles para cualquiera datos personales que pueden ser falsos.

La realidad es que Moya entregó el auto en comodato a la concesionaria Pesado Castro en junio del año pasado en parte de pago por un rodado nuevo. De la concesionaria se la pasaron a F. I., un revendedor que se ocupa de los autos que la firma no puede colocar. F. I. lo vendió y el auto se transfirió a su actual propietario en agosto del año pasado.

Como consecuencia de la revelación en la radio, Moya vive hace unos días una pesadilla espantosa que empezó con mensajes agresivos en Facebook y que se coronó ayer con pintadas en su casa y en el Sanatorio Los Arroyos (donde trabaja), que decían "Dr. Orestes Moya, tu hijo es boleta".

"Me llamaron esta mañana (por ayer) del sanatorio para decir que habían aparecido las inscripciones y, cuando salí, vi que en mi casa también estaban. Quiero que por favor se sepa que yo no tengo nada que ver con todo esto, al auto lo vendí hace un año y medio, ni siquiera voy a la cancha, ¡mirá si voy a apedrear un bar! Lo que me dijo el dueño es que ellos creían que mi hijo me había sacado el auto y había ido a tirar las piedras, debe ser por eso que lo amenazan a él", contó Moya visiblemente consternado.

"Mi hijo, cuando se enteró de esto, cerró su Facebook y siguió trabajando, haciendo su vida. Por suerte todavía no le pasó nada pero necesitamos que esta situación pare, no tenemos nada que ver, fue un malentendido que se difundió sin chequear y quedamos pegados", explicó.

Además de las pintadas, están los mensajes en Facebook. "Me llenaron de frases el muro agrediéndome y amenazándome. No sé si eran barrabravas o qué. Yo lo que hice fue poner mi verdad y después les contesté uno por uno a todos los que me habían escrito explicándoles la realidad. Por suerte algunos me han pedido disculpas", continuó Moya.

La cuestión quedó en manos de la policía, que sigue buscando a los responsables del ataque. Lo que queda claro, ahora, es quién no fue.