Pandemia

Adolescentes y covid: un año de cambios bruscos, pérdidas y transgresiones compulsivas

"Son de los grupos más afectados por la pandemia", dice la psicóloga Cecilia Pedro. Tips para ayudarlos a atravesar la crisis sanitaria del coronavirus.

Sábado 14 de Noviembre de 2020

La pandemia los expuso particularmente. Si bien no son los que la pasan mal con el Covid, los adolescentes se contagian y a su vez pueden transmitir el virus. Son también los protagonistas de buena parte de las fotos de las transgresiones a los protocolos. Amuchados para tomar un colectivo, para cruzar al río, en las puertas de los bares, en las casas de sus amigos y amigas en grupos grandes y en plena suba de casos. Lo dicen sin problemas, lo muestran en las redes: se juntan, no usan barbijo, no toman distancia.

En Santa Fe, según datos oficiales, se habían contagiado hasta el martes 10 de noviembre 1.560 chicos y chicas de entre 10 y 14 años; 4.385 de entre 15 y 19 y 10.194 con edades que van de los 20 a los 24 años.

La psicóloga Cecilia Pedro, quien desde hace años dicta en Rosario el taller "Adolescencia: Un por-venir adulto" y se especializa en el trabajo con estos grupos y sus padres o tutores, analizó el momento actual de los más jóvenes. Cómo los atravesó la pandemia, qué reacciones tienen o pueden tener frente a las limitaciones que se les impusieron como nunca antes, qué sienten frente al riesgo, cómo se los puede acompañar en esta etapa del crecimiento y el desarrollo, fundamental en la vida, en un contexto inesperado, difícil y que por el momento no tiene punto final.

Se dice que los adolescentes y jóvenes son transgresores "por naturaleza", que van a romper las normas y pasar límites como sea, ¿eso es así?

La adolescencia es un momento de reorganización psíquica, en el que se juega el pasaje de la niñez a la adultez. Es una crisis compleja pero inevitable. En este año, tan particular de pandemia, se volvió muy problemática. Obviamente cada adolescente transita este momento de una manera singular; según su historia, sus recursos internos, la relación con sus padres y las posibilidades de elaboración de esta realidad que lo atraviesa. Pero sin dudas todo adolescente esta inmerso en un proceso de cambios físicos, psíquicos y emocionales muy profundos, que lo dejan en un estado de vulnerabilidad y fragilidad, en el que deben realizar un verdadero trabajo psíquico, que supone esfuerzo y energía. Crecer y padecer: dos caras de una misma moneda.

¿Qué implica ese crecimiento?

Un despliegue de toda la potencialidad del joven. Desarrolla la capacidad de pensar por sí mismo, el pensamiento abstracto, su potencial crítico, su fuerza de cambio, su creatividad y también su rebeldía. En esta etapa hay un predominio de los actos impulsivos y riesgosos que promueven al adolescente a la acción, y donde por lo general no media la palabra. Actúan sin saber qué hacen ni cuáles son las consecuencias de su accionar. Generalmente, el adolescente tiene una inclinación a sentirse omnipotente e inmortal, y los riesgos son tomados como un modo de conocer el mundo, para medir hasta dónde puede llegar, hasta donde puede ir, cuáles son sus límites.

Para eso tienen que alejarse de sus padres, de algún modo...y la pandemia les puso un límite enorme.

Sí, es necesario e inevitable ese "alejamiento" de lo parental y pasar de lo familiar a lo extrafamiliar con la aparición de otros lugares, diferentes a los conocidos, que le posibiliten la creación de su propio espacio. Por eso ponen tanto su mirada en el afuera, están ansiosos e impacientes por indagar el mundo que antes veía a través de sus padres. La pandemia originó esta ”encerrona” en los jóvenes, a través del confinamiento, los obliga a estar todo el tiempo con sus padres justo cuando están intentando separarse. Quedan encerrados doblemente, por esa situación y ante un mundo que los responsabiliza de poder ser agentes de contagio. La epidemia de Covid "les dice" que la manera de cuidarse es no haciendo lo propio de la adolescencia.

¿Qué particularidades tomó la rebeldía adolescente en este momento?

Son la franja etaria más afectada por la pandemia o una de las más. A los duelos característicos del adolescente, se le suman otros, inesperados. Fundamentales pérdidas como por ejemplo los ritos de pasaje: los viajes de estudio, las graduaciones y los cumpleaños de 15. Es un año de pérdidas que ellos viven como irrecuperables. Perdieron abrazos, charlas, risas compartidas, fiestas, contactos sociales, la escuela y sus recreos. Lo más importante, que estar con sus amigos en presencia, estar cuerpo a cuerpo, sentirse, mirarse, el poder tramitar el vínculo con el otro. Su grupo de pares como posibilitadores de su salida exogámica. Es muy fuerte.

¿ Y lo suplieron con la tecnología?

En gran medida los ayudó en este aislamiento social, se pudieron conectar, pero, a tantos meses de confinamiento, eso ya es insuficiente para el encuentro con los amigos.

Aparecen entonces los actos riesgosos para con ellos y los otros...

Los adolescentes, dicho en plural, porque todos reaccionan y sienten de manera particular, porque están los que cumplen las normas y se cuidan y cuidan a otros. Hay que tener en cuenta que les aparece la idea de su propia muerte, y como están pendientes de sus cambios corporales tienen miedo a enfermarse o morir, estas fantasías los angustian mucho. Pueden tener el temor de que se mueran sus padres y abuelos aunque no lo digan. A veces se les manifiesta esto en sueños, no en forma consciente. Pero muchos jóvenes, a través de mecanismos defensivos como la negación, crean fantasías como que el coronavirus no existe, o es una gripe más, negando la peligrosidad que implica la enfermedad para él o ella y los semejantes. A través de su mirada omnipotente piensan "no me va a pasar" o “si toca le toca”. De ahí que vemos con relativa frecuencia conductas compulsivas, desbordadas en las que se juntan sin los cuidados necesarios, en fiestas clandestinas, en el río, en los parques, mostrando su descontrol. Hay que sumar la influencia de nuestra cultura hedonista e individualista en la que no se toma en cuenta al otro, donde lo colectivo no existe, sólo solo su propio placer y bienestar, sin medir los efectos de estas conductas. En muchos jóvenes estas actitudes están relacionadas con su necesidad de transgredir, con su espíritu de aventura y su poca capacidad de evaluar las situaciones peligrosas.

¿ Qué responsabilidad tienen los padres sobre estos comportamientos? No es raro escuchar "mi hija se junta con las amigas y no puedo hacer nada", "mi hijo sale y se reúne con otros pero si le digo algo me manda al diablo". Y también hay muchas familias que han negado la pandemia y transmiten justamente ese mensaje: no pasa nada.

Ser padres de adolescentes es un trabajo, a veces complejo, que requiere de tiempo, dedicación, responsabilidad, respeto y cuidados hacia el hijo, pero de una manera diferente que en la infancia. Con esta etapa finaliza una particular dependencia afectiva.

El adolescente necesita que los padres puedan tener una presencia activa que implica estar cerca, presentes pero respetando la distancia que el hijo pueda sostener, estar cuando el los necesita y escuchar sus inquietudes. Y es en este año de pandemia es cuando los padres más deberían observar a sus hijos, cómo están, qué hacen, qué sienten. Transmitir de manera clara las características y los cuidados que deben adoptar. Y es cierto, también hay muchos padres y adultos que sostienen discursos fantasiosos, que confunden mucho, negando la pandemia, y su gran contagio y peligrosidad.

Asimismo, muchos adultos son los que tienen conductas de rebeldía y van a fiestas y hacen salidas grupales sin cuidados, mostrando que ellos si pueden seguir con su vida normalmente. Una de las cuestiones principales es que los padres sean coherentes entre su decir y su hacer ya que su hijo los estará observando atentamente.

¿Existe alguna manera de llegar desde el hogar, y por otro lado desde el Estado, a los chicos con un mensaje de prevención respecto al cuidado de ellos y los otros en este momento?

Sí. Es importante que los adultos que rodean al joven puedan ser agentes transmisores y educadores, para la prevención del covid. La sociedad y el Estado también son los responsables de llegar a los jóvenes a través de mensajes precisos, pero adaptándolos a la edad de quienes los reciben. Tal vez se deberían pensar en otras estrategias de mejor abordaje. A veces el discurso de los adultos puede generar en ellos un efecto de imposición que puede ocasionar un comportamiento reaccionario adverso.

Posiblemente llegando a ellos por otro lado, a través de sus ídolos o influencers, que son las personas que ellos siguen y escuchan, logren un entendimiento más efectivo.

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