Adolescentes buscan tratamientos estéticos para parecerse a sus fotos con filtro
La demanda en cirugías y otras prácticas creció durante la pandemia. Especialistas advierten sobre un fenómeno que ya se está dando en Rosario. Qué es el síndrome dismórfico de Snaptchat 

Domingo 15 de Enero de 2023

Las redes sociales venden un montón de productos y estilos de vida. Ahí, al alcance de la mano, hay un mundo (o muchos) donde lo ideal parece posible. La fantasía de que todo o casi todo puede ser perfecto se instaló con fuerza en personas de distintas edades, generando impactos emocionales y físicos. Pero hay una, sumamente peligrosa, a la que hay que prestarle mucha atención, porque produce un síndrome que afecta especialmente a adolescentes y jóvenes que quieren parecerse a las fotos con filtro que se sacan con sus celulares y suben a las redes.

Porque ya no se trata solamente (y no es poco) de intentar ser como los influencers del momento, sino que hacen consultas en los centros de estética para someterse a tratamientos que les permitan verse como sus propias fotos retocadas por la tecnología.

Celular en mano, chicos y chicas desde los 14 o 15 años se presentan al médico especializado en estética o al cirujano y les dicen (mostrando sus selfies distorsionadas por el filtro): "Haceme lo que haga falta para quedar así".

El problema es mundial, pero ya llegó a Rosario, por eso profesionales de la ciudad advierten sobre la importancia de detectar a tiempo el desorden psicológico que se esconde detrás de la obsesión por conseguir en la vida real el rostro virtual.

Este trastorno, que genera distintos síntomas, tiene un nombre: síndrome dismórfico de Snaptchat, y describe la obsesión que alguien puede tener con sus fotos manipuladas por las distintas herramientas que traen las redes y que permiten retoques de todo tipo.

Eso que ven en sus fotografías produce, en los más vulnerables, que comiencen a rechazar su apariencia real y lleguen a odiarse frente al espejo.

Pueden tener trastornos de ansiedad, insomnio, depresión, comportamientos compulsivos y obsesivos. Y no siempre los adultos lo advierten a tiempo.

Ayelén Brarda, médica especializada en medicina estética (matrícula 17.018), una de las directoras del centro de estética Brarda, decidió iniciar una campaña de concientización sobre este tema al ver cómo treparon las consultas. El fenómeno se incrementó desde la pandemia de Covid, cuando la gente empezó a pasar mucho más tiempo en las redes, a observar su rostro día a día en la pantalla (en las conversaciones virtuales) y a estar mucho más pendiente de la imagen.

"Los adolescentes, y también adultos hasta los 40 o 45 años, están demandando los patrones de belleza que las redes sociales les venden. Esto de por sí es un problema a la hora de definir un tratamiento objetivo, porque el ideal de belleza está completamente influenciado, las expectativas superan ampliamente la realidad y los resultados posibles terminan siendo los no esperados", reflexiona la médica en diálogo con La Capital.

En detalle

En los últimos años, explica, "se definió el concepto de síndrome dismórfico por Snaptchat, llamado así porque esta red social fue la primera en incorporar filtros (Instagram es otra de las redes en las que más uso y abuso hay de estas herramientas digitales). Es un trastorno de autopercepción en el que las personas quieren obtener un resultado estético igual al del filtro" .

Quienes padecen esta dismorfia "están obsesionados con defectos menores y hasta inexistentes en su apariencia, y lo magnifican al punto de estar dispuestos a someterse a cualquier tratamiento para obtener ese resultado, que nunca puede ser real". Las expectativas que tienen "son inviables" y "es una responsabilidad del médico, ante todo, detectar este trastorno y no acceder a estas demandas".

El síndrome de Snaptchat, que no es una enfermedad sino un conjunto de síntomas que provocan un cuadro determinado, fue descripto en Estados Unidos, pero rápidamente sociedades científicas de Europa y otros lugares del mundo lo tomaron al advertir que el problema era cada vez mayor. De hecho, ya hay investigaciones publicadas en revistas especializadas y es una temática que empieza a pisar fuerte en congresos y seminarios de estética y de psiquiatría.

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Lo que piden

Las aplicaciones que ofrecen filtros permiten sumar dibujos (flores, coronitas, orejas de animales) que pueden resultar divertidos, pero sobre todo hacen ediciones inmediatas que retocan mentón, nariz, pómulos, borran arrugas o cicatrices y líneas de expresión, aumentan el tamaño de los labios, achican o agrandan los ojos.

Los adolescentes y jóvenes, que tienen más manejo de estos instrumentos, se "tunean" hasta que esa foto que luego suben a sus perfiles o historias terminan siendo muy diferentes a la apariencia que tienen en la vida real.

La doctora Brarda cuenta que todas las semanas recibe consultas de menores (desde los 14 o 15 años, más chicas que varones) que están totalmente decididos a hacerse tratamientos para afinar la nariz, marcar la mandíbula, rellenar pómulos, levantar las cejas o tener los labios bien gruesos y turgentes como lo logra el photoshop.

¿Qué hace un médico cuando se presenta una situación así? "Si son menores de edad y quieren hacerse cualquier tratamiento, primero, deben venir con sus padres o adulto a cargo; lo que intento es que me escuchen, darles una charla sobre los riesgos de los procedimientos y explicarles que empezar demasiado chicos con esos cambios es sumamente perjudicial. Salvo que se trate de un problema puntual que requiere una intervención específica, no tratamos a los menores. Obviamente, muchas de las chicas se van disconformes o frustradas y sabemos que buscan que algún médico les haga la práctica que quieren, por eso es tan importante la responsabilidad profesional", dice la especialista.

La edad de consulta fue bajando en los últimos años y el alerta debe encenderse ya, según Brarda.

En Rosario, por ejemplo, hay nenas de 8 o 10 años que para sus cumples o Navidad quieren de regalo tratamientos de belleza con cremas o productos faciales que suelen utilizar los adultos (rutinas de skincare).

Malestar y sufrimiento

Marianela Sol Borrás, médica psiquiatra (matrícula 17.044) y psicoterapeuta (quien también se especializó en trastornos de alimentación) hizo referencia al perfil de los pacientes que presentan dismorfia de Snaptchat. "Tienen una preocupación excesiva por algún aspecto, rasgo o defecto de la imagen corporal, una distorsión de esa imagen, lo que les genera angustia, perturba su vida social y disminuye el funcionamiento global. Pueden también sufrir síntomas depresivos y ansiedad social, sin tener conciencia de la implicancia de las redes sociales en estos padecimientos".

La autopercepción, detalla la experta, "está relacionada con la autoestima, que no es algo estático sino que se va construyendo a lo largo de la historia de cada persona y de sus experiencias vividas. Hoy todo esto se encuentra muy influenciado por el uso de pantallas. Recibimos constante información relacionada con el aspecto físico, acompañada de likes y comentarios que llevan a hacer comparaciones".

El hecho de poder eliminar las imperfecciones autopercibidas del aspecto físico casi al instante, con los filtros, "produce una satisfacción inmediata (sistema de recompensa mediado por dopamina) y por eso muchos pacientes solicitan cirugía plástica o tratamientos estéticos esperando que las cosas sucedan rápidamente, lo que, por lo general, es una expectativa poco realista".

Borrás señala que "hay una cantidad enorme de personas que destinan más horas a actividad en la red que a dormir. Este es uno de los puntos clave para identificar el problema: la cantidad de tiempo que ocupan las preocupaciones y pensamientos acerca de la imagen". La propia identidad "se construye y se reconstruye a alta velocidad en las redes y puede afectar nuestras conductas, según la aprobación o reacción de los demás".

"Estos cuadros sintomáticos aumentaron considerablemente en tiempos de confinamiento", coincide la psiquiatra.

El diagnóstico de este síndrome "es frecuentemente realizado por el cirujano plástico o el especialista en medicina estética". Ese profesional debe sugerir la derivación a un especialista en salud mental.

Ambas profesionales pidieron a los adultos que estén atentos, que charlen con sus hijos, que observen si presentan cambios bruscos en sus comportamientos, que midan el tiempo que pasan en las redes sociales a través del teléfono celular o tablets, y busquen ayuda psicológica o psiquiátrica de manera rápida si sienten que no pueden manejar la situación.

En tanto, "los médicos que hacemos estética debemos poner un límite a los tratamientos cuando advertimos que puede estar pasando esto. Es una forma de cuidar el presente y sobre todo el futuro de nuestros pacientes ", enfatiza Brarda.