La ciudad

A un mes del ataque a una iglesia, en barrio Larrea piden más trabajo social

"Tengo la esperanza de que el dolor tendrá como fruto la presencia del Estado de manera estable", afirmó el cura Juan Pablo Núñez.

Martes 23 de Octubre de 2018

Hace exactamente un mes, doce balas calibre 9 milímetros perforaron el frente de la parroquia María Reina y el Colegio Pablo VI. Una moto llegó hasta México al 1000 bis en plena madrugada y sembró aún más el miedo que ya corría en la comunidad religiosa y educativa. No hubo que dar muchos rodeos para entender el ataque. El cura Juan Pablo Núñez había sido amenazado por los narcos de barrio Larrea. Ayer, el sacerdote le recordó a LaCapital:"Tengo la esperanza de que el dolor y el desangrarse del barrio tendrá como fruto la convocatoria del Estado dentro del barrio y de manera estable".


El religioso oriundo de Villa Gobernador Gálvez fue más allá que muchos vecinos, atemorizados por el zumbido permanente de las motos a toda hora. Se encargó de denunciar lo que escuchaba de sus fieles y veía en el barrio. La venta de droga, los búnker y la violencia como parte del paisaje.

Su coraje tuvo respuesta. De las ocho balas disparadas contra la capilla, una al menos llegó al altar. Pocas horas después, reaccionó el gobierno provincial y apostó un patrullero en el templo.

Luego, sacerdotes de distintas barriadas populares de la ciudad se solidarizaron con el cura de la iglesia María Reina.

Tras el "llamado de atención" nada es como antes en México al 1000 bis. "La movida se ha dispersado un poco, pero el consumo siempre está. El barrio está más tranquilo, pero la presencia policial es intermitente", dice Núñez. La calma duró casi cuatro semanas.

El viernes pasado las balas volvieron a surcar el barrio y, según los vecinos, dieron contra un auto muy cerca de la parroquia y del colegio al que acuden unos 1.200 alumnos.

"Ahora falta el fondo. Arreglar las calles, podar las ramas, hacer campañas de documentación, cortar árboles, pero hace falta más presencia del Estado. Mi misión como cura no pasa por supervisar el trabajo social ni la seguridad. Soy sacerdote y no comisario", reclamó Núñez.

Por lo pronto, el búnker señalado a la vuelta de la iglesia María Reina está deshabitado y sin actividad que pueda percibirse. La cuadra de la parroquia, el club y el colegio se complementa con el dispensario ubicado a pocos metros. .

Después de la balacera cesaron las amenazas y los disparos a mansalva. El religioso tampoco cree que sea útil un centro de denuncias, como sí opera en Tablada, y el que fue vandalizado apenas lo inauguraron.

"Hace falta otra presencia a nivel social. No veo permanencia del Estado a través de sus operadores en el territorio que caminen el barrio, sino es por una campaña política. Y el Distrito Noroeste queda muy lejos para los vecinos, faltan escuelas en la zona y más centros de atención social.", cuestionó el cura.

"Desde la fe se trata de dar respuesta, pero falta el soporte de operadores en el territorio", aseguró.

Traducido en instituciones; espacios para niños con sus familias, adolescentes y jóvenes.

En barrio Larrea muchos de los lugares de contención son "a pulmón". Surgen de vecinos para los vecinos.

Como los hogares para ancianos y casas de ayuda que se formaron en base a la solidaridad.

Si bien Núñez admitió que existe preocupación en las carteras de Seguridad, tanto de Nación como de provincia, en torno al narcotráfico y la delincuencia, admitió que "se aprecia un desborde, y con una cantidad increíble de armamento en poder de la sociedad civil", sostuvo.

Antes de culminar la nota con LaCapital, el religioso de 37 años se aferró a la esperanza. "Espero que no larguen una presencia social para la campaña. Ojalá lo hagan antes", bregó.

Mientras tanto, Núñez propone alternativas. Y entre las iniciativas a concretar, sugiere un relevamiento casa por casa para que operadores sociales tengan un diagnóstico detallado de las necesidades del barrio.

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