Domingo 23 de Enero de 2011
Son jueces, viven y sufren el derecho pero hoy hablan de su trabajo a través de otras pasiones. Por eso esta nota no se publica en policiales o legales, porque estos hombres fueron convocados para confesar qué los ayuda a desacartonarse, humanizarse, recuperar el sueño y afrontar las duras historias con las que los enfrentan cientos de expedientes cada año. La música, la poesía, la historia, el coleccionismo y el deporte son algunos de los atajos que encontraron para echar por tierra con ese viejo adagio que reza que “los jueces sólo hablan por su sentencia”. Otras caras de una Justicia superpoblada con más de 200 mil causas anuales.
Carlos Carbone está a cargo del juzgado provincial de sentencia Nº 8. “IBM-Banco de Santa Fe” y el del asesinato de Sandra Cabrera son apenas dos de los casos que “se quedaron un poco” con su salud, según confiesa. No recibe a La Capital en Tribunales sino en su casa. De jean y zapatillas, abre la puerta envuelto en la voz de Bon Scott, el primer cantante de AC/DC y así será toda la charla: con rock al palo como fondo y sus anécdotas desde sus 15 años por disquerías, programas radiales de música, cines y recitales.
“Siento que siempre milité. En mi juventud la dicotomía era música progresiva o la comercial, y yo estaba con Zeppelin, Creedence, Jethro Tull, Pink Floyd, Jimi Hendrix, Beatles y Who. Y en Derecho, escuela solidarista o procesal”, plantea quien reconoce haber visto el documental sobre el Festival de Woodstock unas siete veces y haber ganado un certamen radial porteño por la mejor biografía de James Taylor.
No obstante, este abogado metalero dice que tuvo un pecado original. “Cuando mi papá compró el primer Winco tuve dos discos delante mío: Abbey Road (The Beatles) y uno de Sótano Beat, con Palito Ortega y Donald, y me compré el nacional para toda la familia. No me lo perdono más”, dice.
En el Tribunal no se siente un bicho raro porque comparte sus gustos musicales con un colega y “amigo” como Javier Beltramone. Y dice que no es un jefe convencional. “Los empleados me cierran la puerta del despacho porque yo escucho música todo el tiempo mientras trabajo. También en el auto, en estos días estoy a full con Sumo. Y en casa siempre hay música”.
Cuenta que su primer recital fue en El Círculo. “Fui a ver La Biblia de Vox Dei, para mí el mejor disco nacional al día de hoy”. Luego y hasta estos días siguieron los shows de los Stones, Roger Waters, Living Colours y Clapton, entre los mejores que recuerda.
“Un día estaba trabajando y escuché por la radio que estaba Pappo en Rosario, en un festival del Día de la Primavera. Me saqué la corbata y avisé: «ya vuelvo» y me fui a verlo unos minutos a pesar de que el lugar estaba lleno de adolescentes. Lo seguí siempre que pude a Pappo. A mí la música me pone pilas, me ayuda a liberar tensiones”, confiesa quien acumula en su despacho 400 casos entre sentencias e incidentes de libertad por año l