La ciudad

A nueve meses de inaugurado, unas cien personas por día viajan en tren a Retiro

Los pasajeros coinciden en un dato objetivo: cuesta un 50 por ciento menos que el ómnibus. Sin embargo, el viaje tarda casi siete horas y la estación todavía no está terminada.

Domingo 10 de Enero de 2016

El tren que conecta Rosario con la Ciudad de Buenos Aires cumplió nueve meses y, en ese tiempo, se transformó en una alternativa para los viajeros. El trayecto dura tres horas más que el mismo recorrido en colectivo y existe sólo un horario para viajar hacia la porteña estación de Retiro, pero los pasajeros que ascienden y descienden en el ex Apeadero Sur coinciden en un dato objetivo: el servicio cuesta un 50 por ciento menos que el pasaje de ómnibus, y por eso lo eligen. En promedio, unas cien personas por día utilizan el tren que sale de Rosario, y el mismo número es el que la ciudad recibe en el sentido inverso.

Sin embargo, quedan algunos temas pendientes: reducir la cantidad de horas de duración del viaje, agregar nuevos horarios y terminar las obras del primer piso de la estación, que siguen inconclusas. Desde la asociación civil Amigos del Riel aseguran que esto incrementaría en forma exponencial el número de usuarios.

Son las diez de la noche y en la estación Rosario Sur hay poco movimiento. Un hombre con remera blanca deambula de un lado a otro, distraído. Frena en la boletería y pregunta a qué hora llega el tren que viene de Retiro. "En horario", recibe. Con esa información, vuelve a caminar hasta el fondo y se acoda en la valla que divide el espacio de espera del andén. En la estación hay dos tipos de personas: las que tienen valijas y las que no; las que esperan para viajar y las que aguardan que alguien llegue. Estas últimas son las que más caminan. Porque falta menos para que arribe la formación que esperan y porque, cuando lo haga, va a haber un encuentro. A las diez y media se escuchan dos pitidos. Hace un rato que, mirando el reloj, una treintena de personas junto a la valla cabecea intentando divisar la máquina. El tren que viene de Buenos Aires baja la marcha hasta llegar a cero. Las puertas de los vagones se abren. Unas cien personas descienden.

Deudas ferroviarias. El tren que conecta las estaciones Rosario Sur, ubicada en San Martín y Batlle y Ordóñez, con la porteña de Retiro, hizo su viaje inaugural el 1º de abril de 2015. Es decir, hace poco más de nueve meses. Ese día, la formación trasladó al ex ministro del Interior y Transporte de la Nación, Florencio Randazzo, quien brindó algunas precisiones acerca del funcionamiento del servicio y su futuro. El viaje duraría seis horas y 54 minutos pero en octubre de 2015, una vez finalizadas las obras necesarias, el tiempo se reduciría por debajo de las cuatro horas, superando a los colectivos. Habría un sólo servicio por día desde Rosario a Retiro (y otro de Retiro a Rosario), con miras a incorporar por lo menos cinco más una vez que los tiempos se acortaran. La estación (cuyas obras culminaron casi dos meses después del primer viaje), incorporaría en el primer piso una cafetería y una sala de esperas. Ninguna de estas cuestiones ha sido resuelta.

"Lo preocupante no es sólo que no se hayan terminado las obras, sino que están licitadas y no avanzan. Y eso es fundamental para bajar los tiempos del viaje, que sigue en siete horas porque hay diez tramos inconclusos en los que el tren debe bajar la velocidad", explicó Rolando Maggi, miembro de la asociación civil Amigos del Riel, para quien una vez que se alcance este objetivo se podrán incorporar los nuevos horarios de salida que habían sido prometidos por la anterior gestión del gobierno nacional. "En las zonas donde las obras están concluidas, el tren vuela", graficó.

"El costo de todo esto es no viajar como uno quisiera. Porque hay otras cosas que están fallando, como el carro comedor, que está cerrado porque no se asignó una nueva concesión", remarcó Maggi. Por el momento el tren sólo cuenta con servicio de agua fría y caliente para los pasajeros.

Esperando la partida.Tras la llegada del tren que había salido casi siete horas antes (a las 16.07) de Retiro, Rosario Sur vuelve a quedar desierta. O casi. Frente a las boleterías, varias butacas metálicas brindan descanso a los que temían no conseguir pasaje y se instalaron a esperar a que saliera su viaje casi tres horas antes. Dos chicas asiáticas matan el tiempo con charlas indescifrables y selfies. Una mochilera se recuesta entre bancos e intenta dormir. Un chico con una guitarra enfundada y boina verde se sienta en el piso para leer.

El tren que une Rosario y Retiro tiene tres paradas en su trayecto: San Nicolás, Zárate y Campana. En esta última localidad de la provincia de Buenos Aires vive la familia de Carlos, un obrero de 49 años que gana un rincón de la estación con sus bolsos, improvisa un pic nic y persigue al más pequeño del clan que, se nota, apenas camina. La familia de Carlos llegó hace unas horas de Coronda. El hombre, su mujer y sus cinco hijos fueron a pasar allí año nuevo, a la casa de un hermano de Carlos, y ahora está a punto de regresar a Campana. "Tomamos el tren porque en colectivo nos sale más caro. Somos muchos nosotros, y la diferencia son casi cien pesos por cabeza. Con eso pagamos el pasaje en colectivo hasta Coronda", remarca el hombre, que lucha para que los ojos no se le cierren. "El viaje se hace más largo, pero no nos importa. Además no gusta viajar en tren. Es la segunda vez que lo hacemos en éste, y está muy bien. Ojalá lo mantengan así", desea.

A las once y media, la estación sigue recibiendo gente. La cola en boletería se hace cada vez más larga. Un empleado de seguridad revela: "Son muy pocos los que sacan el pasaje con anticipación, porque acá se consiguen. Para las fiestas batimos el record: tuvimos 301 pasajeros".

A la medianoche en punto, la cola que se arma es para subir al tren. Los pasajeros rondan los 120 y tras franquear la valla, mostrar los boletos e identificarse, ascienden al vagón que les corresponde.

Los carros son amplios. Algunos asientos incluso tienen mesas en medio. De a poco todos ocupan sus lugares y a las 0.26, puntual, la formación se pone en marcha. Adentro circulan mates y gente. Para algunos, como para las nietas de Enriqueta (77) es la primera experiencia en tren. "Las traje porque quería que vieran lo que es viajar en tren. De día es más lindo. Eso nos va a tocar a la vuelta", augura.

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