La ciudad

A los 85 años falleció el padre Moisés, un hacedor del Colegio Cristo Rey

Residía en Zaragoza, España, donde un mes antes de su muerte recibió a exalumnos. En los 60 impulsó un gran cambio edilicio en la escuela.

Martes 03 de Diciembre de 2019

"Es una alegría poder hacer hoy lo que no pude en aquel momento", dice con voz clara y pausada el padre Moisés Rubio mientras oficia en Zaragoza (España) una misa de Acción de Gracias por un matrimonio de un exalumno suyo, que no pudo celebrar en Rosario 35 años antes a raíz de un viaje imprevisto. Su exalumno no está solo. Allí, del otro lado del océano, también se dieron cita otros tres compañeros que vieron cómo el padre Moisés se convertía en uno de los grandes impulsores del Colegio Cristo Rey (Laprida al 1300). La escena se plasmó una linda tarde de fines de octubre, algo más de un mes antes de que el sacerdote falleciera a raíz de una enfermedad contra la que peleó varios años.

"El padre Moisés fue parte de los cimientos humanos que formaron el colegio Cristo Rey, lo vamos a recordar toda la vida", asegura desde España Agustín Di Cristófaro, uno de aquellos niños que a mediados de los 60 vio como el incansable sacerdote se subía a los andamios, colocaba ladrillos, enseñaba matemáticas y religión y hasta se prendía en un picadito de fútbol en los recreos.

Por esos años, el padre Moisés fue parte de un grupo de sacerdotes escolapios que comenzaron la tarea de transformar el Colegio Cristo Rey en lo que hoy conocen los rosarinos. En ese equipo se alistaban también los padres Clemente Sáenz, Eduardo García, Eusebio Alegre y Rogelio Pizzi. Es más, este último dejó como legado el observatorio astronómico que hoy se levanta sobre los techos del colegio y que lleva su nombre.

"Sin dudas esos sacerdotes transformaron el colegio y Moisés fue el capitán del barco", asegura Di Cristófaro, quien lleva 13 años radicado en Barcelona y que junto a otros exalumnos del Cristo Rey que están viviendo en España mantenía contacto frecuente con el padre Moisés.

El religioso se había recluido hace diez meses en la Residencia Bethania, en Zaragoza, una propiedad de la comunidad de los padres escolapios donde pasó sus últimos días aquejado por una larga enfermedad.

Falleció el 26 de noviembre pasado a los 85 años. Y algo más de un mes antes de su muerte, sus exalumnos residentes en España fueron a visitarlo y compartieron una emocionante misa con él.

Profesor y confidente

"Moisés sin dudas era un hombre de bien, de una fe inmensa y de grandes valores", asegura Di Cristófaro al tiempo que recuerda cómo el sacerdote "se mezclaba con alumnos y exalumnos. Era un hombre que te escuchaba, que se ponía a jugar al fútbol con nosotros pero que el lunes, cuando volvías al colegio, sabía marcar la cancha. Era muy recto y tenía unos valores increíbles. Recordaba a cada alumno y siempre se preocupó por integrar la familia a la escuela", subraya este hombre a quien, 35 años después, Moisés seguía llamando "Agustinito", como le dijo desde el jardín de infantes hasta que terminó quinto año del secundario.

En 1995, cuando el padre Moisés dejó Rosario, La Capital le dedicó una extensa nota en el que reflejó sus primeros años en la ciudad y la titánica obra que llevó adelante en el colegio.

Había arribado el 13 de abril de 1960 y, según narró en ese artículo, encontró con una ciudad "bastante chata, con uno o dos edificios altos que se divisaban desde la escuela".

Por esos días, el colegio era muy antiguo, en muchos salones el revoque se desprendía, los baños estaban en mal estado, había un pequeño patio de tierra y una canchita de fútbol.

El panorama cambió drásticamente con los años, con el padre Moisés al frente de ese equipo de sacerdotes que encaró una profunda reforma estructural y edilicia. De allí que sus exalumnos lo recuerden también subido a andamios y colocando ladrillos.

Destacan además sus enormes cualidades como profesor de matemáticas. "Tenía ese don de hacerte entender lo que parecía imposible", aseguran.

De los valores que pregonaba, subrayan "la rectitud, el respeto y el amor por la familia. El decía siempre que había que juntar y no dividir", rememoran quienes lo conocieron.

El 20 de octubre de 1984 Moisés viajó a España y no pudo celebrar el matrimonio de Di Cristófaro. Su exalumno siempre había tenido el anhelo de que el sacerdote que lo educó durante toda su infancia y adolescencia consagrara su matrimonio, pero ese viaje lo impidió. Treinta y cinco años después volvieron a verse en Zaragoza. "Es una alegría poder hacer hoy lo que no pude en aquel momento", le dijo el cura. La ceremonia, plagada de emoción, ofició sin querer también como despedida de sus exalumnos. Algo más de un mes después, esa voz recta se apagó para siempre. El recuerdo, sin duda permanecerá eterno en ellos y en toda la comunidad del Colegio Cristo Rey.

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