Efemérides

A 11 años de la muerte de Saramago: historias de su visita a Rosario para el Congreso de la Lengua

El escritor portugués, ganador del Premio Nobel, dio una charla en el Normal Nº 2, le rindió homenaje a Sabato, se apersonó en el Congreso de las Lenguas y comió tallarines en casa de Alma Maritano. Fue en 2004

Viernes 18 de Junio de 2021

El escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués José Saramago había recibido el Premio Nobel de Literatura en 1998 pero nada de eso le impidió ser un tipo como tantos en su paso por Rosario, en 2004. En una calurosa mañana de noviembre visitó el salón de actos del Normal Nº 2, de Córdoba y Balcarce, y entregó los premios de un concurso de cuentos para chicos, ante 60 niños, niñas y sus maestras.

Pero además comió tallarines caseros en la casa de la escritora y tallerista Alma Maritano, junto a su mujer y traductora Pilar del Río, y jóvenes que apenas leían su obra y querían escucharlo. "Finalmente todos me leen a mí", le decía su esposa a Saramago como broma, porque era ella quien escuchaba los textos en español y se los leía a él en portugués.

Se apersonó de imprevisto en el Congreso de las Lenguas que se organizó en simultaneo en el supermercado cooperativo La Toma y luego cerró el Congreso de la Lengua rindiéndole un homenaje a Ernesto Sábato, en el teatro El Circulo. Un tipo inmenso, tímido y de perfil bajo.

Tras el acto escolar por el certamen Nacional de Escritura 2004, que había organizado el Ministerio de Educación en todo el país, Saramago dijo en la escuela de Rosario: "Escuchaba el Himno Nacional Argentino y me preguntaba si durante la dictadura se seguía cantando. Y como sé que fue así pensé que hay que tener mucho cuidado con las palabras. Porque en ese tiempo, la palabra libertad tenía dos sentidos: para ellos era libertad para matar y para torturar. Los que contra ellos luchaban la usaban para resistir, para salvar la dignidad del pueblo argentino. Las palabras no son ni inocentes ni impunes. Hay que tener muchísimo cuidado con ellas. Por favor no repitan las palabras por inercia, porque eso es mortal. No inmediatamente en el cuerpo pero sí en el espíritu".

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Les había entregado premios a Tamara Levinson, de Chaco, y Alberto Ignacio José, de Córdoba, ganadores del certamen. ¿Qué será de ellos?

Lo habían acompañado el escritor Mempo Giardinelli y quien era la vicegobernadora de Santa Fe en ese momento, María Eugenia Bielsa.

"Si de las 84.000 palabras que tiene el castellano se usan nada más que mil es evidente que no sólo faltan las palabras", había advertido el escritor a un salón repleto.

Y todo no había quedado allí. Por la noche en un diálogo abierto con el periodista Reynaldo Sietecase en el Broadway se refirió a la participación popular en democracia y deploró que los políticos prefieran la abstención al voto en blanco. "La democracia no es un punto de llegada. Es un camino sin descanso. Me parece increíble que un voto democrático como el voto en blanco no sea contabilizado", señaló antes de concluir diciendo "vivimos rodeados de mentiras. La mentira se ha convertido en un arma política de alta precisión".

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El nobel de Literatura antes de cerrar el Congreso de la Lengua y brindarle su homenaje a Sábato también visitó imprevistamente el Congreso de Las Lenguas, que se realizó en paralelo al de la Real Academia Española (RAE). Allí abogó por el “reconocimiento” de la cultura indígena como forma de lograr la “armonía” de América Latina.

Saramago llegó al Centro Cultural La Toma -el supermercado recuperado por sus trabajadores- y le brindó 45 minutos a unas 700 personas. “En Argentina no hay una sola lengua sino muchas y si hay una posibilidad para América Latina es que emerjan de la profundidad hacia la superficie las costumbres, idiomas y culturas de las comunidades indígenas”, dijo el escritor. “Ellos (por los indígenas) eran los dueños de la tierra. Los idiomas tienen su raíz antes de que hubiéramos llegado aquí nosotros y creo que cada país tiene la obligación moral de considerar la presencia y la existencia no sólo de las comunidades indígenas, sino también de sus culturas y de sus idiomas”.

Hoy se cumplen 11 años de su fallecimiento. Saramago murió a los 87 años en Lanzarote, en el archipiélago de las Canarias. Publicó novelas como "Memorial del convento", "El año de la muerte de Ricardo Reis", "El Evangelio según Jesucristo" y "Ensayo sobre la ceguera".

Tras su muerte la venta de sus libros aumentó un 70% en España. El 13 de julio de 2010, la mayoría de los concejales, de centro-derecha, del equipo de gobierno del Ayuntamiento de la ciudad de Oporto (segunda más importante de Portugal) votó en contra de la propuesta de poner el nombre del escritor a una calle de la ciudad. Y en octubre de 2011, la Fundación que preside quien fue su mujer anunció la publicación de una novela inédita, "Claraboya", escrita a principios de los años cincuenta, texto tras el cual Saramago mantuvo un silencio de dos décadas.

Un cuento para infancias

Saramago, aunque muchos no lo sepan, también incursionó en la literatura para infancias: con la táctica de la queja por no saber escribir un cuento para niños terminó escribiendo el cuento "La flor más grande del mundo", sobre un niño que se encuentra con una flor marchita a la que intenta salvar.

"¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo venimos enseñando?, había preguntado el novelista.

"Las historias para niños _había dicho_ deben escribirse con palabras muy sencillas, porque los niños, al ser pequeños, saben pocas palabras y no las quieren muy complicadas. Me gustaría saber escribir esas historias, pero nunca he sido capaz de aprender, y eso me da mucha pena. Porque, además de saber elegir las palabras, es necesario tener habilidad para contar de una manera muy clara y muy explicada, y una paciencia muy grande. A mí me falta por lo menos la paciencia, por lo que pido perdón".

La Flor más grande del Mundo, por Miguel Moreno (Miguel Stuyk)

Y agregó: "Si yo tuviera esas cualidades, podría contar con todo detalle una historia preciosa que un día me inventé, y que, así como vais a leerla, no es más que un resumen que se dice en dos palabras… Se me tendrá que perdonar la vanidad de haber pensado que mi historia era la más bonita de todas las que se han escrito desde los tiempos de los cuentos de hadas y princesas encantadas".

Las cenizas de Saramago fueron depositadas el 18 de junio de 2011 al pie de un olivo centenario, traído de su pueblo natal y trasplantado en el Campo das Cebolas, frente a la Fundación José Saramago Casa dos Bicos de Lisboa, al cumplirse el primer aniversario de su muerte.

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