Domingo 20 de Diciembre de 2020
Se los suele ver en las puertas de las casas, uno solo, amontonados en una esquina, de a diez o veinte, o a bordo de un camión refrigerado que desde el barrio Las Delicias los transporta hasta un laboratorio de la provincia de Buenos Aires, de a miles. La historia de los "bidones" y de las mujeres que donan orina de donde se extrae una hormona que se utiliza en tratamientos de fertilidad se escucha a diario en los barrios que crecen detrás de los bulevares, pero es casi desconocida en el centro de la ciudad donde se asientan los consultorios médicos que emplean estas técnicas. Los 4 mil bidones con pis que se recolectan a diario en Rosario _y en Villa Gobernador Gálvez, Granadero Baigorria o Capitán Bermúdez_ son también un buen negocio para varias empresas, pero quienes aportan su contenido apenas reciben por mes pequeños regalos, un equipo de mate o un juego de recipientes plásticos herméticos, entre otros artículos de bazar.
Desde hace unos seis años, Rosario es una de las 300 localidades, de 16 provincias argentinas, donde el laboratorio Biomás recolecta orina de mujeres jóvenes, que estén cursando el primer trimestre de su embarazo, o de mayores de 50 años, ya entradas en la menopausia. Y, en los últimos meses, los grupos de promotoras, con ambos blancos con el logo de un balón conteniendo un líquido amarillo bordado, caminan con mayor frecuencia los barrios de la ciudad.
La empresa tiene su sede en General San Martín, uno de los 24 partidos del Área Metropolitana de Buenos Aires. Se presenta como un laboratorio argentino dedicado a la producción de ingredientes activos farmacéuticos de origen natural. Entre ellos, la gonadotrofina, una hormona que se emplea como ingrediente activo en medicamentos indicados en hombres y mujeres con dificultades para concebir.
Parte de la producción se vende a laboratorios nacionales que producen fármacos que se conocen con el nombre comercial de Follitrin y Gonacor. Otro tanto se exporta a Estados Unidos y Alemania. En una empresa empresa alemana de productos químicos, ciencias biológicas y biotecnología (Sigma Aldrich), un envase de 0,5 miligramo de godanotrofina coriónica liofilizada cuesta 1.464 dólares, poco menos que una onza de oro.
"La gonodotrofina es un medicamento de alto costo", corrobora Patricia Perfumo, especialista en ginecología, obstetricia y medicina reproductiva, docente universitaria y coordinadora del área de reproducción asistida en el Hospital Centenario. La médica explica que esta hormona se utiliza desde hace muchos años para la estimulación ovárica; luego de los primeros tratamientos de reproducción asistida, allá por 1970.
Hay dos formas de obtener la hormona, una sintética (recombinante), y otra a través de la donación de orina humana (purificada). "Estos medicamentos son los pilares de los tratamientos de fertilización asistida en todo el mundo", subraya Perfumo y agrega que "si bien se las técnicas han ido avanzando, se siguen usando las mismas hormonas".
En los tratamientos de fertilidad más frecuentes, señala Perfumo, las pacientes usan entre 300 y 250 unidades por día que se inyectan en forma subcutánea, 1 vez por día, durante entre 8 y 10 días.
Casa por casa
Pero la historia de los "bidones" empieza en algunos de los barrios más humildes de la ciudad. "El año pasado escuchamos el comentario de un grupo de personas que pasaba por la casa de la gente ofreciendo regalos a las mujeres que donaran su orina. Llegaban en un camión y empezaban a caminar el barrio como encuestadores o pastores evangélicos", recuerda una médica del centro de salud del barrio Stella Maris.
"Generalmente los bidones los dejan en una esquina y pasa un camión y los retira. Los veíamos con frecuencia al salir a hacer los operativos para detectar tempranamente pacientes con Covid-19", suma otro profesional de un centro de salud de Empalme.
Otro médico del centro de salud de Santa Lucía describe los "operativos", "algunos bastante grandes", para convocar donantes. Y recuerda que sus pacientes no solo comentaban que con la orina se producían drogas para tratamientos de fertilidad, "también decían que se empleaban en tratamientos cosméticos: cremas o productos para el cabello", recuerda.
Cuestión de solidaridad
Angela vive en barrio Belgrano y no desconfió cuando vio a dos chicas, "vestidas con chaquetillas de médico", que le golpearon la puerta de su casa para preguntarle si allí vivían mujeres mayores de 48 años que pudieran tener la voluntad de donar su orina.
"Se sorprendieron cuando les dije que yo tenía esa edad, me dijeron que parecía más joven", recuerda a dos años de ese primer encuentro. Angela no es la única en su familia que durante un tiempo donó su orina. Lo hacía su cuñada y una prima, alguna de ellas había recibido "buenos regalos".
Ese día, en la vereda de su casa, a Angela le explicaron que de la orina se podía obtener una hormona que se utiliza para tratar la infertilidad. Le pidieron sus datos personales, le hicieron unas preguntas para llenar una planilla (entre otras, si había pasado un año desde su último período menstrual o si había tenido enfermedades graves), le explicaron cómo guardar la orina y le prometieron que un camión recolector pasaría tres veces por semana por su casa para retirar el bidón y le dejaría uno vacío en el mismo lugar.
La mujer recibió el primer bidón vacío, "con una pastilla para conservar la orina" y una pelela, además de un volante con instrucciones. Dos días después, dejó un bidón casi completo junto a la puerta de su casa, pero el camión pasó recién al día siguiente. Retiró el frasco con orina y dejó uno limpio. Angela lo volvió a llenar.
"Empecé a donar orina porque quería ayudar a otras mujeres, chicas jóvenes que quieren ser mamá como soy yo y no pueden. Por eso empecé, pero el problema es que los bidones quedaban mucho tiempo en la vereda y, en este barrio, eso no está bien. Me empezó a dar vergüenza con los vecinos, a veces el bidón quedaba dos días afuera y eso no estaba bien", relata la mujer y vuelve a aclarar "que no se trata de ser poco solidaria", sino de no incomodar a sus vecinos.
Un camión por día
El galpón de transporte Digiorno SRL está en una de esas calles angostas que bordean los límites del barrio Las Delicias. No tiene un cartel en el frente, apenas un enorme portón sin timbre, pintado de gris, que se abre cuando alguien golpea.
En la cuadra hay muchos depósitos parecidos que conviven a los tumbos con los vecinos del barrio por los numerosos camiones que a los horarios de carga y descarga copan la calle y maltratan el asfalto. Pero el de Digiorno además sumo varios reclamos por el mal olor que emana del edificio.
"Es ahí, donde hacen lo de los bidones. Al mediodía llegan los camioncitos, descargan y cargan uno más grande que sale a Buenos Aires a la madrugada. Todos son de color blanco", señala entre susurros una vecina.
Falta una hora para el mediodía, el calor es intenso, y el galpón de Digiorno aún está vacío. Un baho a amoníaco pica en la nariz, pero se percibe recién cuando uno se interna en el depósito. "Tenemos todos los permisos para trabajar y nos inspeccionan constantemente. En el barrio no hay olor, los camiones se cargan adentro, no en la vereda", explica el encargado del lugar mientras invita a entrar "porque acá no hay nada oscuro".
Digiorno SRL es una empresa inscripta en la ciudad de Buenos Aires. De acuerdo al Boletín Oficial, la sociedad se formó en mayo de 2014 para el "transporte de carga y descarga, mercaderías generales, fletes, acarreos, mudanzas, caudales, correspondencia, maquinarias industriales, materias primas y elaboradas, alimenticias, equipajes, cargas en general de cualquier tipo, transporte de pasajeros y combustibles y su distribución, almacenamiento, depósito y embalaje". Nada dice de materias primas relacionadas con la industria de la salud, ni de fluidos humanos.
El galpón de la firma se extiende hasta el centro de manzana. Una de las paredes está tapizada de bidones plásticos de cinco litros envueltos en bolsas de nylon, son los mismos que reciben las mujeres donantes en sus casas. En otra pared, también apilados reposan bidones azules, son los que reciben las donantes que cursan el primer trimestre del embarazo.
Quien realiza la improvisada visita guiada por el edificio asegura que por día pueden llegar a cargar 4 mil bidones de orina que se trasladan a Buenos Aires. Son unos 20 mil litros, casi siete piletas Pelopincho medianas llenas de líquido amarillo donado por mujeres.
Para eso, la empresa tiene cinco camiones que cruzan la ciudad de norte a sur y también algunas zonas de Capitán Bermúdez, Granadero Baigorria, San Lorenzo y Villa Gobernador Gálvez. La empresa tiene 30 empleados, "todos en blanco", destaca el encargado del depósito.
Son los encargados de que la materia prima llegue al laboratorio Biomás.
Unico en el país
"Sigamos cumpliendo sueños", dice en la portada el folleto de papel blanco. Bajo la frase hay corazones que forman flores, de color amarillo, y la marca del laboratorio Biomás. El volante llega a las casas de todas las mujeres que aceptan ser donantes, tiene algunas instrucciones prácticas sobre como higienizarse antes de juntar la orina y los pasos para usar la escupidera y llenar el bidón.
En su página web, que fotos de parejas sonrientes, con niños igual de felices, Biomás se presenta como un laboratorio nacional con más de 20 años de trayectoria, dedicado a la elaboración de ingredientes farmacéuticos activos de origen natural a partir de gonadotrofinas. Estos ingredientes activos, continúa, se emplean en medicamentos indicados en tratamientos contra la infertilidad femenina y masculina.
También se puede leer que la Argentina es líder mundial en la producción de ingredientes activos de origen natural empleados en medicamentos que favorecen la fertilidad. Y Biomás es el único laboratorio en toda América y uno de los pocos del mundo que produce gonadotrofinas a partir del aprovechamiento de la orina humana.
La planta del laboratorio se encuentra en el partido de General San Martín, una pieza del primer anillo del Área Metropolitana de Buenos Aires (Amba), ese mosaico de singulares características geográficas, económicas y sociales donde vive el 40 por ciento de la población del país.
Patricio Bosio es el responsable de Relaciones Institucionales del laboratorio y contesta amable y rápidamente el teléfono. Explica que el procedimiento para extraer las gonadotrofinas de la orina se desarrolló hace más de 50 años y con el tiempo se ha ido perfeccionando. Actualmente implica sucesivas etapas de extracción que Biomás lleva a cabo en su planta productiva, bajo estrictas normas internacionales conocidas como Buenas Prácticas de Manufactura (GMP). Aclara que la operación del laboratorio es inspeccionada regularmente por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anma) y otras autoridades de salud de distintos países tales como la FDA (Estados Unidos) y la agencia estatal Schleswig-Holstein (Alemania).
El proceso comienza "cuando se separa toda el agua que contiene la orina, que representa el 95% de la misma. Luego se la somete a sucesivos procesos químicos de extracción y filtración hasta llegar a obtener una fracción cruda de la hormona", detalla y apunta que "se requieren cientos de miles de litros de orina para obtener unos pocos miligramos de ingrediente activo".
Biomás tiene miles de donantes de orina que viven "en más de 300 localidades de 16 provincias argentinas", afirma y destaca que "las mujeres pueden donar la cantidad de orina que deseen durante el tiempo que quieran. Es un aporte totalmente voluntario que hacen para que otras personas puedan tener un hijo. Donando algo que habitualmente desechan pueden ayudar a una pareja a cumplir su sueño de ser padres".
Con algunas objeciones
Miryam Pires es especialista en Bioética, profesora de la facultad de Farmacia y Bioquímica, coordinadora del comité de ética de la UNR e integra los comités de ética de ensayos clínicos en el Hospital Centenario. La experta recuerda que la orina es un fluido humano y, por lo tanto, como la sangre o los órganos para trasplante, no puede comercializarse.
"No es cuestionable que un laboratorio acepte donaciones de orina, siempre y cuando las mujeres estén informadas del destino de esa donación. Por ejemplo, estén al tanto de que con esa entrega se harán drogas para tratar la infertilidad que se van a comercializar en el mercado", destaca y subraya "eso tiene que quedar muy claro".
Pires considera que no es lo mismo "hacer donación de orina para un ensayo clínico, que para obtener un producto comercializable" y que las mujeres deben estar correctamente informadas del tema y firmar un consentimiento informado que autorice esos usos.
"Las autoridades sanitarias tienen que verificar que exista un estricto consentimiento informado de las mujeres que donan la orina; es una forma de protegerlas. Si bien la orina es un desecho, con lo cual hay otra mirada desde los aspectos bioéticos y legales de su donación, las mujeres tienen que estar en condiciones de tomar esta decisión en forma libre e informada, sobre todo si esto tiene que tener como destino una producción que después se va a vender. Es una forma de establecer una relación ética entre las donantes y los laboratorios", concluye.