Viernes 09 de Septiembre de 2016
En vísperas de la peregrinación a La Meca, la guerra verbal entre Irán y Arabia Saudita alcanzó niveles máximos con agresivas acusaciones mutuas. En un último ataque virulento, el ayatolá iraní Alí Jamenei maldijo a la familia real saudí que "no merece gestionar" los lugares más sagrados del islam (hach).
El ataque estuvo secundado por otro del presidente iraní, Hasan Rohani, que, en un llamado sin precedentes, pidió a los países musulmanes se coordinen para "castigar" a Arabia Saudí por sus crímenes.
La crisis está exacerbada por la incapacidad de los dos países rivales de Medio Oriente para hallar un acuerdo para la participación de los iraníes en la peregrinación.
En 2015 una estampida gigantesca en La Meca provocó la muerte de 2.300 personas, de las cuales 450 era iraníes.
Teherán acusó en mayo a Riad de "sabotaje", y el reino saudí consideró inaceptables las exigencias iraníes —en particular la de organizar manifestaciones— para la participación de sus ciudadanos en el peregrinaje, uno de los cinco pilares del islam.
Más allá de la disputa por la peregrinación, la República Islámica (chiita) y el reino saudí (sunita) están inmersos en una lucha de influencia en la región, tanto en Siria como en Yemen.