La reconocida pastelera estuvo en "Más Cerca", con Florencia O'Keeffe. Hace 13 años su vida cambió por completo. En una charla profunda relató su historia de superación, y su gran cambio personal
08:26 hs - Sábado 10 de Octubre de 2026
Octubre, mes rosa. Un tiempo dedicado especialmente a la detección precoz de enfermedades como el cáncer de mama que afecta especialmente a las mujeres, pero que va mucho más allá de recordar la importancia de los chequeos periódicos. También es un modo de poner el acento en el cuidado femenino, en general, en la salud física pero también mental, en el registro de lo que les pasa a las mujeres, que muchas veces ocupadas y preocupadas por tantas cosas, se postergan. Para hablar del impacto que puede tener un diagnóstico, que casi nunca es fácil de escuchar, estuvo en el programa "Más Cerca", conducido por Florencia O'Keeffe, la reconocida pastelera rosarina Eileen Schmidt, pionera de la repostería en la región, quien luego de atravesar quimioterapias, rayos y una cirugía por cáncer de mama transformó por completo su día a día, se convirtió en una promotora de la alimentación saludable y en deportista, además de continuar con su trabajo, pero no ya al ritmo alocado de otros tiempos.
Durante la emotiva conversación, Schmidt compartió su experiencia como superviviente del cáncer de mama, tal como se define, un diagnóstico que llegó en 2013 en un período de "hiperestrés", donde sentía que "no era dueña de mi tiempo ni de mis decisiones" y toleraba vivir con "mucha angustia". Si bien no está probada una relación directa entre emociones y cáncer, sino que es multifactorial, y ella comprende que cada caso es particular, siente que en su historia ese período difícil "disparó" problemas físicos.
El hallazgo en su cuerpo
El hallazgo de una "dureza rara" en su mama la paralizó por completo. Tocó ese "bulto" y sin embargo, el miedo no le permitió consultar al día siguiente. Lo que le ocurrió a Eileen es algo bastante común, el temor a saber que algo no anda bien aleja a algunas mujeres de los médicos. "Me paralizó el miedo, es algo que a veces sucede, que lamentablemente pasa pero es un momento que hay que superar, porque ese temor tan grande es lo que hace que una pierda tiempo y el tiempo es muy valioso en estas cosas". Gracias a la insistencia de una amiga, acudió al doctor Luciano Mignini, quien confirmó el diagnóstico de un tumor maligno avanzado.
Frente a la devastadora noticia, la mujer, que por entonces tenía menos de 40 años, recordó el llanto y la angustia inicial, acompañada por sus amigas que conformaban su red de contención. El doctor Mignini, "con sabia visión", le presentó dos caminos: dejarse vencer o luchar. Schmidt decidió el segund. Aún con angustia, apostó a la confianza en el equipo médico y a hacer todo lo que estuviera a su alcance para colaborar con los tratamientos.
Fue un "momento de revelación" para ella. El tratamiento, le dijo el especialista, debe comenzar "la semana que viene". Así, en pocos días iniciaba la primera quimio: "En ese momento, el cáncer lo que hizo fue frenarme de la vida que llevaba, de no parar ni un segundo, de comer mal, de ser sendentaria, de postergarme... suena raro pero yo necesitaba parar". Después de 13 años de aquel diagnóstico, recuerda cada momento, con detalle y sin vueltas.
Para la pastelera y profesora de cocina el tratamiento tuvo muchas etapas y emociones. Al igual que la mayoría de las mujeres se preocupó por la posible pérdida del cabello. "Las primeras preguntas que hice fue, ¿voy a perder el pelo? Y sí, vas a perder todo el pelo", señaló que le dijeron.
Al ver caer sus mechones, tomó la decisión de raparse, acompañada por sus amigas. MIrando hacia atrás, cuenta que eligió afrontar la situación "con alegría y hasta con descaro", usando turbantes de colores y expresándose de una manera que no le era habitual en ella, que hasta entonces era mucho más "seria" e introspectiva.
Sin embargo, confesó que cuando se quedaba sola, frente al espejo sin el turbante era "el verdadero momento de: estoy transitando un cáncer, estoy transitando un tratamiento duro". Rememoró que esos eran instantes de dolor y angustia que, paradójicamente, tomó como "un momento de descanso" en el medio de las terapias. "Es necesario llorar para seguir", dijo.
También relató experiencias de incomprensión social frente al cáncer y las quimios, como la de una vecina que le pidió que se cubriera la cabeza cuando ella salía sin cabello a regar sus plantas: "No te quiero ver sin el turbante, no te puedo ver sin cabello, por favor, cubrite", le dijo, en un acto que le generó dolor pero que enfrentó con firmeza.
La transformación física y mental
El tratamiento de abarcó 16 ciclos de quimioterapia, una cirugía, siete semanas de rayos y diez años de tamoxifeno. La quimioterapia, aunque sin las típicas náuseas, y eso, señala, en su caso fue gracias a su alimentación cuidada y tés de cedrón y jengibre, le provocó "cansancio", "pérdida del cabello" y un cambio en "el color de la piel, que se pone como transparente, como gris". El tamoxifeno le generó "síntomas menopáusicos".
Cambiar para volver a la esencia y la salud
Esta dura experiencia la llevó a una reevaluación de su estilo de vida, que antes del diagnóstico era sedentario y con una "alimentación horrible". La reconocida pastelera, acostumbrada a consumir "alfajores, brownies", en vez de comer en forma sana. Durante todo ese proceso tomó la decisión de cambiar radicalmente, influenciada también por la recomendación médica de bajar los "30 kilos de más" que tenía. Así, se conectó con la "comida real y natural", evitando los ultraprocesados y eligiendo comer "frutas y verduras de estación, de cercanía, con color, y mucho vegetal".
La recuperación de Eileen también marcó el inicio de una profunda transformación en su actividad física. Si bien el tratamiento le impidió un ejercicio intenso, años más tarde, inspirada por su novio, Mamu Beltrame, un deportista de "toda la vida", se propuso empezar a correr. Su objetivo fue poner la vara alta _pero fue un proceso que hizo muy de a poco_ hasta llegar a la maratón de 42 kilómetros en Villa La Angostura. El entrenamiento paulatino duró unos ocho a nueve meses en esa primera etapa. "Para comenzar, quería lograr correr los 10 kilómetros que ya hacía caminando cada día". Realmente fue "una cosa increíble" llegar a la meta que se había propuesto, dice con simpleza, un logro que alcanzó tras años de sedentarismo. Finalmente consiguió esos 42 kilómetros, y más logros. Eileen sigue entrenando día a día, con sol, lluvia, frío y poniéndose nuevos desafíos por delante. Algo que la conecta directamente con la felicidad.
Hoy es una referente y defensora de la prevención del cáncer de mama, especialmente en el contexto del Octubre Rosa, cuando elige contar su historia para acompañar a quienes recién reciben el diagnóstico. "No soy un ejemplo sino una voz que cuenta lo que le pasó sin tapar nada, diciendo toda la verdad, una voz que acompaña", sostuvo con una sonrisa. Eileen no minimiza nada de lo que le pasó. Pero su relato está repleto de amor y lo cuenta desde la paz, y entendiendo que cada persona es diferente. Ella, durante toda la charla, deja ver que siente "una enorme gratitud" por el aprendizaje que el cáncer le dejó, llevándola a una vida "saludable en todo sentido". Un cambio indispensable que le permite disfrutar mucho de cada día. "Insisto en que las mujeres nos controlemos, busquemos una vida más sana en cuanto a lo físico y los vínculos, y estemos atentas a nuestros cuerpos, porque esta enfermedad, tomada a tiempo, se puede curar", asegura.