Pandemia

Informe de Unicef: el juego fue un salvavidas para niñas, niños y adolescentes en la pandemia

Un estudio realizado en seis grandes conglomerados urbanos del país, entre ellos Rosario, recogió 780 voces de quienes tienen entre 3 y 18 años

Viernes 11 de Junio de 2021

“No tenía celular y andamos sin plata… Mi papá tampoco podía trabajar y no podíamos conectarnos con la escuela”. Con estas palabras, Melania Aylén, una jovencita de 17 años de Rosario, dibujó cómo fue su contacto con la pandemia. Una especie de nada está bien, sin embargo pibitos, pibitas y jóvenes le encontraron la vuelta. ¿Cómo? Jugando, el mejor salvavidas en salud mental para tramitar esta pandemia y seguir a flote, si bien casi cuatro de cada diez niños no tienen espacio para jugar en sus casas.

Algo de eso y mucho más expresaron las 780 voces, de entre 3 y 18 años, que compiló Unicef (junto a la asociación civil Intercambios y el Departamento de Salud Comunitaria de la Universidad Nacional de Lanús) en seis conglomerados urbanos del país, durante agosto de 2020 y febrero de 2021.

Los resultados se plasmaron con lenguaje inclusivo en un trabajo titulado "Estudio sobre el efecto en la salud mental de niños, niñas, adolescentes por COVID-19".

Allí quedó demostrado que cada uno y cada una a su edad, en su contexto y visibilizando desigualdades sociales _jugando en un amplio jardín, en una cucheta o en un pasillo; cada uno y cada una a su modo _simulando ser el doctor o doctora, persiguiendo el virus zombie, haciendo que una carpita es una casa o pegándose a la compu en la pieza- y cada uno y cada una con su entorno -entreteniéndose con hermanos, amigos o con una mascota-, jugó.

Niñez2.jpg

Jugaron con lo que se tuvieron más a mano si bien también dieron cuenta de varias y serias problemáticas: dicen que perdieron espacios de intimidad y se comprobó a través de lo que expresaron que el 39% de los hogares no tiene lugar para que los chicos jueguen en sus casas.

Se trata de una investigación donde nadie habla por ellos ni por ellas. Los miedos, inseguridades, expectativas y opiniones se transcriben en primera persona. Y surge en sus palabras, dibujos, videos y forma de jugar tanto irritabilidad, intolerancia, agotamiento, como trastornos de alimentación y del sueño. Y no todo terminó allí: el trabajo, ya sí con voz adulta, incluye recomendaciones para la intervención en el sistema de salud, las familia, la escuela y los medios con el fin de acompañar a la infancia y a la adolescencia en estos tiempos de coronavirus.

>>>Leer más: Estudio sobre los efectos en la salud mental de niñas, niños y adolescentes por COVID-19

¿Pero, qué es lo raro de que los chicos jueguen en pandemia si juegan siempre?, podría preguntarse algún adulto y la respuesta sería algo así como. "No, no siempre es así". De eso sabía bastante el pediatra y psicoanalista de niños británico Donald Woods Winnicott, de quien justamente se cumplen este año 50 años de su muerte. El profesional había sido testigo de los desastres de la guerra en Inglaterra y advirtió ciertas tendencias "antisociales" que se presentaban en niños y adolescentes y alentó al juego como recurso psíquico para elaborar los dramas que vivían.

Donald2.jpg

Con este estudio de Unicef se comprueba, entonces, que la "salida" a estos momentos de confinamiento y distanciamiento social sigue siendo el juego, algo que señalaron nenes, nenas y jovencitos y que el trabajo tuvo respetuosamente en cuenta, en estrecha ligazón con lo que recomienda la Convención Internacional de los Derechos del Niño (CIDN): correrse de una posición adultocéntrica, algo no muy frecuente tanto en el campo científico, como en la vida cotidiana.

La composición muestral tomó en cuenta la diversidad cultural y de género, así como la condición socioeconómica, territorial e identitaria. Se puso especial atención en evitar la subrepresentación de las niñas, niños, y adolescentes que viven en barrios populares, que pertenecen a minorías étnicas, o que no disponen de tecnología y acceso digital facilitado. La población abordada es de Rosario (centro), San Salvador de Jujuy (Noroeste), Resistencia (Noreste), Mendoza (Cuyo), Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Área Metropolitana de Buenos Aires), Gran Buenos Aires (Área Metropolitana de Buenos Aires) y Comodoro Rivadavia (Patagonia).

"No me gusta la cuarentena"

"No me gusta la cuarentena y no puedo ir a la escuela con mis amigos” dijo otra voz rosarina: Máximo, de 4 años. ¿Y quién puede estar contento o contenta con esta crisis sanitaria? El tema es que no se midió acá la "felicidad" ni la "contentura" o alegría sino lo que llegaban a valorar en medio de esta crisis.

Es que según se lee en la introducción del trabajo "resulta esencial contemplar no sólo los aspectos biológicos sino, a su vez, los cuidados y acompañamientos que niñas, niños y adolescentes necesitan en materia de salud mental".

En las niñas y los niños de 3 a 12 años, la valoración positiva durante el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (Aspo) se vinculó a la sensación de protección, lo que evidencia la necesidad de sentirse cuidados por adultos referentes. En el Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (Dispo), las mayores posibilidades de encuentros en espacios públicos favorecieron sentimientos y expresiones de entusiasmo, a la vez que enriquecieron su capacidad creativa, incrementaron su autonomía, potenciaron la sociabilidad y produjeron bienestar.

Sin embargo, señala el trabajo, se evidencian "importantes desigualdades entre quienes pertenecen a sectores populares y quienes tienen mayores recursos materiales". A medida que pasa el tiempo cobra relevancia la presencia de personas adultas confiables como parte del bienestar emocional, así como también ciertos déficit en esa provisión de bienestar en muchos hogares: dicen estar preocupados por la situación económica familiar y la pérdida de trabajo de sus padres. E intentan hacerles de sostén como estrategia para garantizar sus propios cuidados.

El lugar de la madre sigue siendo el central en el proceso de cuidado y sigue expresándose la sobrecarga de las tareas domésticas sobre las mujeres. En todo el período, el grupo familiar, los hermanos, mascotas, así como los grupos de pares, aparecen como garantes de apoyo emocional y sostén.

Las y los adolescentes reconocen que la pandemia trasladó al espacio familiar experiencias que se resolvían en espacios públicos, lo que provocó un aumento de conflictos intergeneracionales, la pérdida de intimidad y la construcción de autonomía, registrado en un 57% de los casos. Esto se manifiesta en insultos, malos tratos, agresiones físicas, acoso por redes sociales, entre otras representaciones, muchas veces naturalizadas.

Kits22.jpg

"“(...) Pero lo peor de todo, yo creo que es la incertidumbre que tenemos. El no saber qué es lo que va a pasar ni en este momento ni en el futuro. Pero bueno, me di cuenta de que son muchísimas cosas...”, dijo la rosarina Itatí, de 17 años. Una muestra de la desazón adolescente y la imposibilidad de proyectarse a futuro, de soñar, otras de las dimensiones analizadas.

En relación con el espacio público, en todas las jurisdicciones, resulta significativa la persistencia de relatos de violencia institucional por parte de las fuerzas de seguridad hacia adolescentes de sectores vulnerables y comunidades originarias, la cual aumentó durante la pandemia. A su vez la mayor violencia estuvo expresada en situaciones de discriminación y prejuicio.

“La palabra coronavirus me da bronca”

"Bronca" dice Bautista de Comodoro Rivadavia y de 6 años en su testimonio. Otros hablan de "tristeza" y de otras tantas emociones y efectos en la salud mental vividas a consecuencia de la pandemia. Y hasta expresan la ambivalencia afectiva en torno a la crisis para la que se implementaron estrategias de elaboración y simbolización de los malestares y afectaciones.

"Con la prolongación de la pandemia se notó un creciente agotamiento de esta capacidad de adaptación y aparecieron dificultades para procesar simbólicamente lo que ocurrió. Para esta elaboración y tramitación es vital la mediación de las y los adultos. La disponibilidad afectiva para compartir tareas domésticas, escolares, actividades lúdicas, fue un factor de protección de la salud mental, ya que favorece la contención, el intercambio y el diálogo para compartir preocupaciones, miedos y angustias", señala el trabajo.

Tablitas2.jpg

Entre las niñas y los niños de 3 a 12 años se observan expresiones de malestares subjetivos que no constituyen patologías en sí mismas ni trastornos en salud mental. Tampoco impactaban sobre la continuidad de las actividades cotidianas, sino que responden a reacciones defensivas y adaptativas esperables frente a la incertidumbre y preocupación que produjo y produce la pandemia. Las y los referentes manifestaron que se encuentran más irritables, de mal humor, enojados, fastidiosos, y más intolerantes. Un bajo porcentaje dijo sentir miedos y temores vinculados a la preocupación por el contagio de sus padres.

Se observó una profundización de diversos malestares subjetivos: aproximadamente la mitad de las niñas y los niños se angustiaban fácilmente o lloraban mucho, se enojaban más que antes, estaban irritables, ansiosas o ansiosos y/o tenían altibajos emocionales. También, algunas y algunos manifestaron cambios o trastornos en la alimentación y/o el sueño.

El retorno a la escuela

“Es un virus que está en el aire... en toda la ciudad y nos contagia a un chico y después ese chico le contagia a otro y ese chico le contagia a otra gente y esa gente le contagia”, señaló Ciara, de 5 años y de la ciudad de Resistencia. El miedo al contagio brotó coincidentemente con la expectativa del retorno escolar. En todos los grupos etarios se expresaron con mayor intensidad el temor a enfermarse y la preocupación por convertirse en vectores de contagio de sus familiares, en particular de quienes son parte de los grupos de riesgo como los abuelos y abuelas.

Entre las y los adolescentes se observó una expresión mayor de malestar subjetivo que en las niñas y los niños. La reducción significativa de los intercambios con pares y otros referentes adultos no convivientes se expresa en altibajos emocionales, desgano, enojo, irritabilidad, angustia y resignación. También algunas y algunos mencionaron atravesar emociones de soledad, tristeza, ansiedad, miedo y presentar una mayor sensibilidad. Estas emociones, en especial en quienes están cercanos a la finalización del ciclo secundario, aparecen ligadas a la incertidumbre respecto a las posibilidades de concreción de sus proyectos futuros. En adolescentes de sectores populares la angustia se puede vincular también con las privaciones materiales que sufren y que se profundizaron con la pandemia.

Volver2.jpg

En las últimas mediciones se observaron, aunque en un porcentaje muy bajo, afectaciones subjetivas más profundas, que implicaron problemas de salud mental. El 10% de niños, niñas y adolescentes realizó una consulta por un problema de salud mental, pero ese valor se reduce al 5% entre las niñas y los niños de 3 a 5 años, y al 8% entre las y los de 6 a 12 años, mientras que se eleva al 18% entre las y los adolescentes. El 57% hizo su consulta a una médica o un médico generalista o pediatra, el 56% a una psicóloga o un psicólogo y el 21% a una enfermera o enfermero.

"Cabe destacar que el 6% de las y los adolescentes, y de las y los responsables de las niñas y niños, considera que necesitaron realizar una consulta de salud mental y no pudieron hacerla. Ese valor se eleva al 14% entre las y los adolescentes, desciende al 3% para el grupo de 6 a 12 años y al 1% para el de 3 a 5 años", detalla el informe.

Recomendaciones

El informe visibiliza muchas otras problemáticas que atravesaron las infancias y adolescencias en esta pandemia y puede abordase vía web. Y un espacio no menos importante es el que se dejó para el final, el de las recomendaciones para el sector salud, la familia, las escuelas, los medios y el Estado en general. Entre algunos aspectos a tener en cuenta se pueden enumerar:

Para el sector salud

* Fortalecer e implementar dispositivos interdisciplinarios territoriales de abordaje psicosocial que ayuden a elaborar y simbolizar lo potencialmente traumático que podrían implicarlos efectos de la pandemia, específicamente la implementación de talleres de escucha y acompañamiento para adolescentes.

* Desarrollar estrategias en el primer nivel de atención de salud para fortalecer el rol de las familias en el cuidado de las y los niños durante las distintas fases de la pandemia del COVID-19 respetando las diversidades culturales.

* Promover la articulación entre los servicios de salud con las escuelas, los servicios comunitarios y de desarrollo social para detectar y abordar integralmente las violencias y/o el sufrimiento psíquico intenso, de manera de acompañar a las familias en la búsqueda de respuestas de sostén psicosocial, para evitar la patologización de situaciones sociales.

Para el sistema educativo

* Garantizar espacios para alojar la necesidad de niños, niñas y adolescentes de ser escuchados y comprendidos en los procesos del regreso a las aulas.

Chiquitos2.jpg

* Implementar estrategias que les ayuden a simbolizar la situación de la pandemia a través de espacios lúdicos y de historización, así como también utilizar y estimular la lectura la lectura como recurso elaborativo.

* Promover encuentros intergeneracionales entre niñas y niños de mayor edad o adolescentes con niñas y niños más pequeños para transmitirles pautas de cuidado, jerarquizando así las propias voces y códigos particulares.

* Realizar ceremonias y actos de finalización e inicio de las clases que permitan elaborar un pasaje entre ciclos. Diseñarlas junto a las niñas, los niños, las y los adolescentes en el marco de las condiciones que posibilitan las medidas asumidas a partir de la pandemia.

* Fortalecer mecanismos que aseguren la inclusión de adolescentes en la escuela secundaria a través de programas de acompañamiento y asignación de referentes para el apoyo y acompañamiento escolar en casos de potencial deserción.

Para el ámbito familiar

* Respetar las opiniones y emociones de niñas, niños y adolescentes, incluso aunque puedan ser diferentes de la que las y los adultos tienen sobre los mismos temas, sin desacreditarlos ni censurarlos. Tomar en cuenta sus opiniones al momento de la toma de decisiones que las y los involucren.

* Reconocer que el repliegue sobre sí mismos, la pérdida de vínculos sociales, el desgano y la apatía intensos constituyen indicadores de afectación en la salud mental de niñas, niños y adolescentes y que, consiguientemente, requieren de la consulta en los servicios de salud.

* Promover, desde el entorno familiar, la continuidad de los vínculos con familiares y amigas y amigos (respetando las medidas de cuidado de cada fase) para evitar el repliegue, la retracción o la ruptura o pérdida de lazos sociales. Reconocer la necesidad de los abrazos, del contacto físico, del compartir; buscar formas lúdicas para trasmitir la necesidad de suspenderlos por un tiempo y de la implementación de las medidas de protección.

* Acompañar a las niñas y niños a transitar la ansiedad de muerte que está socialmente instalada y transitar y elaborar las pérdidas aun cuando en ocasiones no se pueda despedir a los seres significativos.

Para la difusión de información

* Promover la difusión de fuentes de información seguras y confiables sobre las condiciones de la pandemia y las medidas de prevención y cuidado de manera de evitar la infodemia. Brindar información para que las niñas, niños, y adolescentes comprendan lo que sucede y participen en las decisiones que en el marco de la pandemia afecten a sus vidas.

Transmitir información confiable y conversar de modo amigable sobre las medidas de prevención frente al COVID-19. Incluirlo como parte de las nuevas rutinas y hablar sin dramatizar hacen más efectivos los mensajes de cuidado.

* Expresar claramente que la pandemia va a terminar y que no siempre va a ser de este modo. Diferenciar qué cosas son necesarias hacer para cuidarse, qué cosas sí se pueden hacer y cuáles no. Construir un horizonte de proyectos pospandemia cuyo énfasis esté puesto en un futuro alentador.

* Explicitar que el espacio público y el afuera no son peligrosos si se mantienen los cuidados necesarios de manera tal de disminuir el temor, el estrés y angustia con la que muchas niñas y niños viven las salidas y la presencialidad escolar.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario