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Un argentino murió en Namibia aplastado por un elefante que intentaba cazar

José Monzálvez estaba en una reserva cazando cuando un animal cargó contra el grupo que integraba y lo pisó. Tenía 46 años y era de Neuquén.

Martes 15 de Agosto de 2017

Un argentino que estaba con un grupo de cazadores que seguía a una manada de elefantes en Namibia, África, murió pisoteado por uno de los animales.

El cazador, identificado como José Antonio Monzálvez, de 46 años, vivía en la provincia de Neuquén donde trabajaba para una compañía petrolera brasilera.

Falleció en una reserva privada ubicada a 70 kilómetros al noroeste de la pequeña localidad de Kalkfeld, según informó la Namibia Press Agency.

Monzálvez estaba con otro compatriota y tres personas de Namibia cuando murió. Uno de los elefantes cargó contra el grupo antes de que pudieran encontrar un lugar para apuntar y disparar.

Los familiares de Monzálvez fueron informados del hecho de forma inmediata, según indicó el gobierno de Namibia. "El fallecido era un cazador profesional que tenía un permiso válido", indicó Maureen Mbeha, la vocera de la Policía de la región de Otjonzondjupa.

Namibia es un país del suroeste de África con costa sobre el océano Atlántico.

De entre todos los países de África, se lleva la palma en cuanto a fauna por su población de rinocerontes negros, elefantes africanos y guepardos, entre otras especies. Las edificaciones y la industria se están tragando poco a poco las tierras donde viven los animales salvajes. Pero el otro problema es la caza furtiva, que aumenta.

Las agencias organizan safaris cuyo valor, en régimen de todo incluido, puede trepar hasta hasta los 25 mil euros con licencia de caza, traslados y el trofeo de un animal.

La muerte del argentino Monzálvez se trata de la segunda producida en los últimos tres meses en Sudáfrica y en el que la víctima es un cazador. En mayo un cazador profesional sudafricano y dueño de una compañía de safaris murió durante una cacería en Gwai, Zimbabwe, aplastado por un elefante.

Sucedió cuando el grupo con el que se encontraba Theunis Botha, que era considerado una "leyenda" de las cacerías guiadas por perros, se topó con una hembra y sus crías.

Botha, de 51 años, disparó a tres de las crías que embestían contra ellos cuando un cuarto animal lo envolvió con la trompa y lo levantó al aire. Un integrante de la expedición intervino para salvar a su compañero abriendo fuego contra ese elefante, que cayó encima de Botha, provocándole la muerte.

Peligro de extinción

El número de elefantes en el mundo se ha reducido en un 62 por ciento durante la última década. La actual existencia (unos 400 mil ejemplares) podría extinguirse a finales de la próxima década. Se estima que 100 elefantes africanos mueren cada día a manos de cazadores furtivos que buscan marfil, carne y partes del cuerpo.

La demanda de productos de marfil en el mercado asiático hace que el comercio ilegal de marfil sea rentable. Ello explica la masacre de miles de animales. Entre 2010 y 2014, el precio del marfil en China se triplicó.

Desde 2011 el mundo pierde más elefantes de los que su población puede reproducir.

Los elefantes con grandes colmillos son los principales objetivos de los cazadores: su número se ha reducido a menos de la mitad en el caso de las hembras.

La masacre de las hembras provoca un efecto devastador en las sociedades de los mamíferos, dejando un número cada vez mayor de crías huérfanas y poblaciones cada vez menores.

El elefante asiático, que habita en 13 países de Asia, también es una especie en peligro de extinción que suma unos 40.000 ejemplares.

Los territorios tradicionales de estos mamíferos se han modificado por el desarrollo, las carreteras y los monocultivos industriales, tales como el aceite de palma y las plantaciones de árboles de caucho, que ha destruido millones de hectáreas de ecosistemas forestales.

Sin acceso a su hábitat natural, los elefantes son forzados a enfrentamientos con los hombres donde en general llevan las de perder. Los elefantes asiáticos también son saqueados por sus colmillos, carne y partes del cuerpo, mientras que los elefantes bebés son capturados en el medio silvestre y se venden a la industria del turismo.

Los elefantes asiáticos son comercializados y utilizados para el entretenimiento en los parques turísticos y los circos, y también para actividades de tala ilegal.

Estos elefantes cautivos, a menudo maltratados y abusados, resultan además confinados en instalaciones de baja calidad y sin atención veterinaria adecuada.

La extensión del hábitat africano y el enorme tamaño y la postura agresiva del elefante africano le ha permitido resistir al cautiverio. Pero el elefante asiático ha vivido junto a los humanos por más de 4.000 años y está impregnada de reverencia, tradición y espiritualidad a través de muchas culturas.

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