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Tres vidas transformadas, como la de millones de alemanes que vivieron en el lado comunista

Un viaje marcado por el intercambio, radical en algunas ocasiones, entre tabúes y libertades.

Domingo 10 de Noviembre de 2019

Mario Mackowiak, Hans-Conrad Walter y Heike Kahl son tres alemanes de entre los millones cuyas vidas conocieron un antes y un después con la caída del Muro, un viaje marcado por el intercambio, radical en algunas ocasiones, entre tabúes y libertades, entre obligaciones y derechos.

   Mackowiak, de 59 años, recuerda la “extrema dureza de la rutina diaria” en las escuelas primarias de la República Democrática Alemana (RDA). “El clásico niño ateo y socialista. Durante el Día del Trabajo nos subíamos a los coches cantando ‘Somos la joven guardia del proletariado!”, repite entusiasmado.

   El hombre recuerda con más amargura lo que vino después: su trabajo en la siderúrgica de Keula, donde comenzó en 1976, y de la que ahora está al cargo. Cientos de sus compañeros fueron despedidos por la brutal reestructuración económica que comenzó a partir de 1990 bajo los dictámenes de la agencia Treuhand, encargada de liquidar los activos de las empresas estatales de Alemania Oriental. Su propia mujer pasó a engrosar las filas del paro.

   En lugar del despido, Mackowiak se encontró con una oferta inalcanzable un día antes de la caída del Muro: la dirección de la planta, un cargo que ha desempeñado durante los últimos 28 años hasta que, hace unos meses, recibió una propuesta de jubilación anticipada a la cual no sabe aún cómo responder. “Reconozco que fracasamos a la hora de aplicar el Socialismo y la economía planificada, pero me niego a reducir mi Alemania Oriental a una caricatura de ceremonias de saludo a la bandera, Policías secretas varios e idología anticapitalista salvaje”, dice.

   Para Hans-Conrad Walter, de 49 años, la caída del Muro no se caracterizó precisamente por su pacifismo. Un mes antes, el 7 de octubre, se sumó a una multitud de cientos de personas concentradas antes el Parlamento de la RDA. “Recuerdo que la Stasi estaba por todas partes”, dice Walter, que se pasó una semana en la cárcel tras la manifestación. A punto de cumplir el medio siglo de vida, Walter confiesa: “Nunca quise salir del país, quería cambiarlo. Sigo creyendo que la caída del Muro fue un golpe de suerte”, entiende, antes de reconocer que la reunificación alemana ocurrió con tal fuerza que muchos aspectos quedaron sin resolver.

Heike Kahl, de 63 años, es una ex atleta olímpica. Su estabilidad mental importaba poco o nada en la Alemania Oriental, cuyos líderes exigían el éxito constante. La patinadora comprobó en sus carnes la lacra del dopaje en la RDA. “Me enteré de la caída del Muro en plena clase. Recuerdo la euforia desatada, la locura generaliza. Yo albergaba mis dudas”, explica. Algunos de sus amigos ya se encontraban bajo una inmensa presión económica. “Acabé trabajando en una pequeña editorial durante unos años. Mis amigas comenzaron a beber por las mañanas”, lamenta. Kahl es ahora la directora de la Fundación Alemania para la Infancia.

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