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Tailandia se desvela por 12 niños atrapados en una cueva inundada

El país sigue el trabajo de los rescatistas, que tratan de hallar a los integrantes de un equipo de fútbol y su entrenador, que no pueden salir hace 5 días.

Jueves 28 de Junio de 2018

Tailandia sigue pendiente del destino de los 12 niños de un equipo de fútbol desaparecidos hace cinco días y que posiblemente se encuentren atrapados en una cueva en el norte del país.

"Creo que todavía están vivos. Son atletas, son físicamente fuertes", dijo ayer el primer ministro del país, Prayut Chan-o-cha. "El gobierno hará todo lo necesario para traerlos de vuelta. Tenemos que mantener la fe", añadió.

El sábado pasado, los 12 niños de entre 13 y 16 años y su entrenador, de 25, decidieron entrar a ver la cueva después de un entrenamiento. No volvieron a ser vistos desde entonces pero sus bicicletas fueron encontradas junto a la entrada de la cueva Tham Laung-Khun Nam Nang Non.

Las autoridades creen que la lluvia causó una inundación que dejó aislado al grupo. En la entrada hay carteles que advierten que no debe entrarse durante la época de lluvias, entre junio y noviembre.

En el interior de la cueva se encontraron rastros de sus huellas y pisadas, que pueden ser un indicio de que siguen vivos. También se encontraron sus mochilas. Desde que se conoció la desaparición los padres de los chicos están acampados frente a la cueva, que se extiende a lo largo de diez kilómetros en la frontera norte de Tailandia con Myanmar.

Las tareas de rescate se están viendo dificultadas por las fuertes precipitaciones, que han hecho que ascienda el nivel del agua dentro de la cueva.

"Las bombas de agua funcionan bien, pero no son suficientes. Debido a las fuertes lluvias, el agua sigue subiendo a un ritmo de 15 centímetros por hora", explicó en Facebook la unidad naval que está llevando a cabo la búsqueda. "Hacemos todo lo que podemos para bombear el agua fuera", añadió.

Lluvias torrenciales entorpecían ayer la labor de los socorristas que intentan alcanzar a un grupo de 12 niños y su entrenador de fútbol atrapados desde el sábado en una cueva inundada en el norte de Tailandia.

Varios monjes budistas llegaron al lugar para rezar mientras las familias seguían esperando noticias.

"La crecida del nivel del agua es un gran obstáculo para la operación de rescate y ha habido fuertes lluvias esta noche", declaró a la AFP Khanchit Chomphudaeng, el responsable del equipo de socorristas.

La marina tailandesa, muy implicada en esta operación que moviliza a cientos de personas, incluidos buzos, precisó en Facebook que el nivel del agua había aumentado 15 centímetros durante la noche y que una tercera zona de esa red subterránea compleja y de varios kilómetros de largo estaba ahora inundada.

Los 12 niños de entre 11 y 16 años, todos ellos miembros de un equipo de fútbol, entraron el sábado después del entrenamiento en la cueva de Tham Luang, situada en el distrito de Mae Sai, cerca de la frontera con Birmania y Laos, para refugiarse del mal tiempo. "El agua del interior de la cueva está llena de barro y hay poco oxígeno", indicó a la prensa frente a la cueva el gobernador de la provincia de Chiang Rai, Narongsak Ossttanakorn.

Ayer por la mañana, varios soldados instalaban sistemas de bombeo adicionales, según un periodista de la AFP.

"Cada segundo cuenta para estos niños", indicó el gobernador, explicando que esperaban la llegada de submarinistas extranjeros de refuerzo.

Ayer varios monjes budistas, con sus tradiciones trajes naranjas, llegaron al lugar para rezar con cánticos ante la cueva, donde también están instaladas desde hace varios días las familias de los jóvenes.

"Espero que hoy, con la ayuda de todos los equipos, lo salven", dijo Pean Kamlue, madre de un adolescente de 16 años atrapado en la cueva.

Las autoridades intentaban también buscar entradas alternativas a la red subterránea a través de la montaña.

Los primeros días de búsqueda no permitieron encontrar ningún rastro del grupo en el interior. Las autoridades creen que podrían haber hallado refugio un poco más lejos en esa cueva para protegerse ante la crecida.

En la entrada de la cueva un cartel advierte a los visitantes de que no entren durante el periodo de lluvias, entre julio y noviembre.

La primera alerta la dio una madre preocupada porque su hijo no volvía el sábado de su entrenamiento. Las pertenencias de los niños, como bicicletas, mochilas y botines de fútbol, fueron halladas unas horas más tarde en la entrada de la cueva, situada dentro de un gran parque.

Mientras el tiempo corre en contra, se ha intensificado la búsqueda con drones y helicópteros inspeccionando los agujeros relacionados con la cueva. Desde Estados Unidos y el Reino Unido llegarán expertos en buceo para participar en el rescate informó el primer ministro.

Hoy se utilizarán máquinas de rayos X y perforadoras para inspeccionar el interior de la cueva y bombear agua más rápidamente, según el ministro de Interior, Anupong Paochinda.

Los equipos de rescate creen que los niños podrían estar atrapados en una cámara situada a siete kilómetros de la entrada a la que todavía no pudieron llegar los buzos. "Aunque podrían estar a salvo en ese lugar, la situación podría volverse crítica. No tienen comida, en la cueva hace mucho frío y el oxígeno podría escasear", explicó un experto de las autoridades mineras al diario Bangkok Post.

Aun así, los médicos creen que podrían sobrevivir. "La gente puede aguantar ese tiempo sin comer y hay suficiente agua para beber en la cueva", indicó Tossathep Boonthong, miembro de las autoridades sanitarias, al canal local Thai PBS.

Hace un año y medio, el mismo equipo y el mismo entrenador ya visitaron esa misma cueva tras un entrenamiento y dejaron constancia de ello en Facebook.

Uno de los integrantes del equipo, el adolescente Songpol Kantawong, de 14 años, está a salvo gracias a que no tenía su bicicleta cuando el resto de sus compañeros fue a la cueva de excursión. "Jugamos juntos a fútbol hace tres o cuatro años. Ahora sólo quedamos tres", dijo a los medios.

En 2007, seis turistas y sus dos guías tailandeses murieron al verse atrapados por una repentina inundación en una cueva del Parque Nacional Khao Sok, en el sur de Tailandia.


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