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Stanislas Dehaene: "El error es una señal necesaria para aprender"

El neurocientífico francés Stanislas Dehaene aporta evidencia sobre la plasticidad cerebral y la capacidad de resiliencia del cerebro.

Jueves 28 de Noviembre de 2019

En en su libro “¿Cómo aprendemos”?, el neurocientífico francés Stanislas Dehaene aporta evidencia sobre la plasticidad cerebral y la capacidad de resiliencia del cerebro (“ni siquiera un trauma grave logra extinguir la chispa del aprendizaje”, sostiene), al tiempo que señala las circunstancias que retardan el aprendizaje, como la tendencia de las instituciones educativas a asociar error con castigo. Dehaene dialogó con Télam sobre estos tópicos.

   —Usted remarca en su libro la importancia de la detección y corrección del error en el proceso de aprendizaje pero los niños tienen cada vez más intolerancia a aceptar que la frustración es parte del aprendizaje ¿Cómo hacer para que equivocarse sea percibido como una instancia necesaria para adquirir conocimiento?

   —Desde el punto de vista del cerebro, el error es una señal omnipresente y absolutamente necesaria para el aprendizaje. Cada región cerebral hace una pequeña predicción sobre el mundo exterior y recibe una señal que le dice si la predicción fue correcta o errada. Todo el tiempo estamos recibiendo ese tipo de señales. Para los niños muy pequeños el error no es todavía un problema: exploran, se paran, tiran objetos y los vuelven a agarrar, es decir, el error forma parte de su aprendizaje. Desde temprana edad son como científicos en ciernes: hacen hipótesis, las corroboran y si el entorno les demuestra que son erróneas las tienen que reajustar. Es la típica edad donde por ejemplo tiran un objeto al piso, los padres lo levantan y así vuelven a hacer lo mismo decenas de veces sin parar. Lo que está haciendo ese niño con esa operación es experimentar con la gravedad. Hay algo que le resulta misterioso en la manera en que ese objeto no se sostiene y cae al piso.

   —Esta noción del error como fuente de aprendizaje empieza a cambiar con el proceso de escolarización, a veces exacerbado por las instituciones educativas que como usted marca tienen dificultades para disociar el error del castigo. ¿Cuál es el impacto de esta cultura punitivista en el aprendizaje?

   —El impacto es claramente negativo para los niños. Hoy sabemos que las emociones negativas, particularmente el estrés, deprimen y reprimen el aprendizaje. Un segundo problema es que cuando el error es castigado los niños terminan teniendo una mala imagen de sí mismos. Entienden que no son buenos y que no tienen capacidades para tal materia, por ejemplo para las matemáticas. Tendríamos que intentar dirigirnos hacia un modelo que deje de dividir a los niños entre aquellos que son buenos y malos para algo y entender en cambio que todos, absolutamente todos los niños, tendrían que hacer esfuerzos para lograr su aprendizaje. Hay que erradicar la idea de un niño sólo tiene que esforzarse si no es bueno para aquello que debe aprender. Hay que cambiar eso por la visión positiva de que “cuando me esfuerzo, progreso”. El mero hecho de explicitar esto en palabras ya genera progresos en el aprendizaje de los niños.

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