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Sin un dato alentador, el ánimo de las familias decae día a día

"Hubo momentos devastadores y gente descompensada", reveló un psicólogo que atiende al grupo que sobrelleva la vigilia en Mar del Plata

Miércoles 22 de Noviembre de 2017

El ánimo de las familias de los 44 tripulantes del submarino decae día a día en una montaña rusa de emociones que se complica con cada desmentida de posibles pistas del sumergible.

"Espero que se apuren los que están buscando", deseó el padre del comandante segundo del submarino Jorge Ignacio Bergollo, Jorge Bergollo, quien también fue comandante del mismo sumergible hace 20 años y conoce como nadie los riesgos que atraviesa el San Juan.

El psicólogo de la Armada Víctor Hugo Duga remarcó que "el ánimo está muy mal, muy mal" luego de la confirmación de que los ruidos captados en el fondo del mar no provenían del navío, lo cual "generó una gran desilusión en los familiares", según dijo.

Al esfumarse la esperanza de que los tripulantes hayan golpeado el casco de acero para emitir ruidos, devino una nueva crisis. Duga apuntó que al menos diez personas sufrieron descompensaciones al conocerse el parte oficial de que esos ruidos no eran del sumergible.

Los familiares están reunidos en la Base Naval de Mar del Plata, donde funciona el Comando de la Fuerza de Submarinos del país. La mayoría vive en esa ciudad balnearia porque, como base de operaciones, es el lugar de trabajo habitual de sus tripulantes.

Ante la primer alerta de problemas, los familiares fueron contactados de inmediato por las autoridades de la Armada y se congregaron en la Base Naval a la espera de novedades. Allí reciben desde el primer día contención psicológica, médica y espiritual, también de otros submarinistas que quedaron en tierra. El lunes se acercó al lugar el presidente Mauricio Macri.

También reciben el apoyo de la población. Decenas de carteles y banderas cuelgan de las vallas que rodean la base. "Los esperamos", "Regresen pronto", "Fuerza argentinos", rezan algunos.

El apoyo sin embargo no alcanza para sobrellevar la tensa vigilia sin altibajos.

El psicólogo detalló que "hubo tres momentos muy graves" en el grupo de familiares.

"El primero fue la no llegada del submarino en el día y la hora programada a la base, el domingo a la noche o el lunes a la mañana. Ese fue el primer golpe", precisó. Luego fueron las confirmaciones de que las llamadas satelitales que se pensaban habían salido del submarino no habían sido tales, y que los ruidos no venían del sumergible sino que serían biológicos, del ambiente marino.

"Lo de anoche (por el lunes) fue devastador. Cuando el comandante comunica que esos supuestos ruidos no fueron tales se nos descompensaron alrededor de diez personas", precisó el psicólogo de la Armada. La principal preocupación del equipo médico y psicológico es la avanzada edad de algunos familiares, como por ejemplo padres y madres de entre 75 y 80 años que ya padecen alguna enfermedad de base.

El psicólogo afirmó que "el ánimo está todo mal". "Cada tres horas viene un almirante con un parte y se los lee, les explica la situación y las novedades. Para nosotros es el momento de más peligrosidad, en el sentido de que estamos cuidando a la gente desde el punto de vista de la salud", indicó.

"La familia sabe de las tareas que cumplen los tripulantes del submarino. Es un puesto laboral de mucho riesgo y la familia lo sabe", advirtió.

"Ellos confían en todos los tripulantes, desde el comandante hasta el último son gente altamente preparada. Y a los tripulantes se los chequea constantemente para saber el estado de su psiquis", añadió.

María Morales, madre de un tripulante, aseguró que prefiere estar acompañada en la Base Naval que en su casa. "A veces cuando nos vamos de acá nos bajoneamos, pero en la base estamos juntos dándonos apoyo", declaró al canal TN.

El padre de otro tripulante, Jorge Villarreal, prefirió dar un mensaje de "optimismo y tranquilidad". "Mi fe está intacta, mi optimismo está igual. No me voy a ir de acá hasta que no vuelvan".

El último contacto del submarino San Juan fue el miércoles de la semana pasada, cuando se encontraba a la altura del Golfo San Jorge, a 240 millas náuticas (432 kilómetros) de la costa, al sudeste de la Península Valdés y unos 1.300 kilómetros al sur de la capital argentina.

Según confirmó el lunes el capitán de navío Gabriel Galeazzi, de la Base Naval de Mar del Plata, el San Juan había reportado antes de su último contacto una avería en su sistema de energía. Por ese motivo, agregó, le ordenó al capitán de la nave iniciar el regreso.

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