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Rod Stewart sedujo con sus melodías, pero sin el brillo de las visitas anteriores

Esa es la sensación que quedó flotando en las más de 21 mil personas que colmaron Geba.

Domingo 18 de Febrero de 2018

Rod Stewart lo hizo de nuevo. Esa es la sensación que quedó flotando en las más de 21 mil personas que colmaron el estadio Geba porteño en la cálida noche de un viernes 16 de febrero, que para muchos quedará grabado en las retinas, simplemente en una remera, o mejor en el corazón, ese lugar donde el carismático intérprete británico visita tan a menudo en sus canciones.

Geba, denominación que identifica al Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, está emplazado en medio de los bosques de Palermo, a metros de las vías del ferrocarril. Hasta allí llegó el bueno de Rod, sin pensar quizá que mientras él cantaba algunos de sus clásicos inoxidables, los trenes pasaban una y otra vez, en una situación extraña, pero sin que afecte, hay que decirlo, el potencial artístico que emanaba del escenario.

Todo comenzó muy temprano. Apenas eran las 8 de la noche cuando Iván Noble salió solito con su guitarra para desempolvar algunos de los hits de su etapa solista y de Los Caballeros de la Quema. "Me crié escuchando a Rod", dijo para empatizar con el público, que oyó con respeto y sin fervor "Sapo de otro pozo", "Olivia","Perdido por perdido" y, claro, "Avanti morocha".

Lo que siguió fue sutil pero quizá demasiado reposado para la ocasión. Porque mientras todos esperaban ansiosos la llegada de Stewart, salió a escena Damsel Talk, un grupo liderado por la cantautora y ukelelista británica Jenny Moule. Capturó muy de a ratos la atención del público con un mix de melodías jazzeadas en plan indie.

Hasta que pocos minutos después de las 21.30 comenzaron a sonar las gaitas y salió el gran Rod Stewart, con saco dorado, pantalón negro y camisa blanca, en lo que sería su vestimenta de apertura, ya que el coqueto artista cambió cuatro veces de ropa a lo largo de las casi dos horas de show. "Infratuation" fue la apertura elegida, quizá no era el tema indicado, pero también marcaría el pulso de un show al que no le faltaron los grandes clásicos pero que sin embargo careció de calidez. Sólo los fans de las primeras filas cantaron y gritaron toda la noche, pero el gran público, especialmente del campo, disfrutó el show como quien está escuchando un buen disco echado en el living de casa. Quizá esa era la meta de Stewart, pero a veces parecía que no, porque en los cierres de los hits, y más sobre el final del concierto, agitaba las manos para pedir más efusividad en la gente.

Toda la carne al asador

Lo que hace en cada presentación este experimentado ex ícono mod de The Faces es tirar toda la carne al asador desde la puesta en escena.

Y eso, a este viejo zorro de las tablas, le sale de maravillas. Porque a la falta lógica de potencia de aquella inolvidable voz rasposa que mantuvo desde los 70 hasta entrados los 90, le basta con el espejo de aquel color vocal y una banda gigantesca que incluye cuatro coristas, violines, arpa, contrabajo, bajo, guitarras, teclados, xilofón, dos bateristas y una percusionista. Con todo esto, y pese a que este Rod ya no será nunca aquel Rod, no hay duda que sigue presente en la memoria emotiva. Y por eso es imposible que no se escape un lagrimón en "Have you ever seen the rain", de Creedence Clearwater Revival, "Rhytm of my heart" o "Tonights the night", los temas más poderosos del amanecer del show. Con la banda en llamas y Rod ataviado de trapos con los colores argentos, "Some guys have all the luck" sonó seductora a base de un rock con toques de soul, bien aceitado en las voces de las coristas, que luego serían grandes protagonistas de la noche. Pero las baladas, tanto las más lentas como las mid tempo, son las que mejor le sientan a Stewart. Tras tomar una copa de buen vino argentino, se volvió a declarar eternamente joven y cantó "Forever young". Las imágenes de las pantallas gigantes acompañaban los impactos percusivos y hubo tiempo para un solo a dos baterías y hasta de violines, justo para que se ausentara de escena y volviera con otro look, en el segundo cambio de pilchas del show. De negro riguroso, llegó la melodía entrañable de "Downton train" y un solo de saxo le dio aire para otro respiro y otro look más, totalmente colorido, que despertó el "ooh" del público. El set intimista, lejos, lo mejor de la noche, estaba por comenzar. Entre banderas verdiblancas del Celtic, el club escocés de sus amores, y un despliegue lineal de guitarras y violines, Rod entonó "You're in my heart", "People get ready", dedicada a Jeff Beck, y con una previa de arpa "The first cut is the deepest", una de las más lúcidas interpretaciones de su discografía. El cierre de este bloque le daría lugar a otra perlita "Have I told you lately", para dejar a todos con la piel de gallina. Y llegó un cambio de ritmo, era el momento de otra de Creedence, "Proud Mary" , y aquí es cuando las coristas tuvieron su momento de gloria. En una clara evocación a las coreografías y a la versión rockera del mismo tema de Tina Turner, las chicas se despacharon a gusto, ya sin Rod en escena, y demostraron que a las buenas voces también se les podía sumar seducción y energía. Rod Stewart regresó de traje blanco con motivos coloridos para el gran cierre. Ese abanico final fue desde Muddy Waters hasta el temazo lento que no podía faltar. Todo comenzó con "Rollin and tumblin"; siguió con "Hot legs", que fue el momento en el que pateó pelotas de fútbol a la platea; "Maggie May", con imágenes de un Rod joven de los primeros 70, y "Da ya think I"m sexy", o "Crees que soy sexy", en clave de música disco, el tema que lo hizo conocido a fines de los 70 entre quienes aún no lo habían descubierto y que le dio un falso estigma de artista liviano. Con "Baby Jane" dio las hurras, saludos de rigor, y el típico gesto de nos vamos, pero volvemos. El bis fue con la eterna "Sailing", con los coros de gran parte del público, ese estribillo que es imposible dejar de tararear. Quizá no fue la presentación más impecable de las cinco visitas que hizo a la Argentina, pero no hay dudas que cuando Rod Stewart canta en vivo, hay un cuadro de la historia personal que vuelve a pintarse otra vez con las mejores imágenes. Y si la paleta y los pinceles están en manos de Rod, el color de las melodías estará garantizado.


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