Terremoto en México

Rescatistas intentaban llegar a las personas atrapadas en 20 edificios

Decenas de civiles, convertidos en socorristas, continuaban la búsqueda de sobrevivientes. Solidaridad de distintos líderes mundiales

Miércoles 20 de Septiembre de 2017

Los equipos de rescate y asistencia aún intentaban anoche acceder a cerca de una veintena de edificios que fueron derrumbados o colapsados en la Ciudad de México, cuyas calles permanecían atestadas de personas que intentaban regresar a sus hogares a pie debido a la suspensión del servicio de algunas líneas de transporte y el bloqueo de varias calles céntricas.

Al igual que en 1985, decenas de civiles se convirtieron en improvisados rescatistas para buscar sobrevivientes entre los escombros, en medio de aplausos cuando conseguían sacar con vida a una persona. En la zona Roma-Condesa, popular por sus bares y restaurantes, también se derrumbó una escuela, que aplastó al menos dos coches. "Llegamos al colegio y todo el mundo llorando, todo el mundo desesperado y los niños agarrados de una cuerda", narró Jorge López, de 49 años, que estaba con sus dos hijos de seis y tres años.

La acumulación de personas en las calles junto al corte de electricidad dejó sin funcionar a los semáforos.

El presidente Mauricio Macri expresó su "solidaridad y apoyo" a los afectados por el terremoto así como al primer mandatario mexicano Enrique Peña Nieto. "Acompañamos a México frente al nuevo sismo que golpeó hoy. Nuestra solidaridad y apoyo a los afectados y al Presidente", escribió Macri en un mensaje a través de Twitter.

En una primera reacción, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó su solidaridad con los mexicanos. "Dios bendiga a la gente de Ciudad de México. Estamos con ustedes y los vamos a apoyar", escribió en su cuenta Twitter.

El jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, envió un telegrama a Peña Nieto. "El sufrimiento del pueblo mexicano es sentido como propio por el pueblo de España", escribió el mandatario español. También trasladó su "más sentido pésame y cariño" a las familias de las víctimas mortales, así como "deseos de pronto restablecimiento" para los heridos y afectados.

Brasil está "al lado del pueblo mexicano en esta hora tan difícil", aseguró en Twitter el mandatario Michel Temer, quien expresó "gran tristeza" por la destrucción que causó el terremoto.

"Todo se movió"

Con mirada angustiada y una mano en el pecho, Norma Medina hablaba con sus vecinos fuera del edificio de departamentos del cual es conserje en Ciudad de México. Llevaba el susto tatuado en el rostro, mientras llegaban noticias de edificios colapsados, muertos y gente rescatada con vida entre escombros.

"Todo se movió: las paredes, los muebles, las ventanas. Recordé el terremoto del 85 y justo hoy fue el simulacro", dijo en referencia al aniversario del terremoto de 8,1 que el 19 de septiembre de 1985 dejó unos 10.000 muertos en la capital mexicana.

Poco después del simulacro anual, en el que las alertas sísmicas sonaron pero sólo para hacer un ejercicio de evacuación, México volvió a temblar. Y mucha gente estaba dentro de sus casas. Las escenas de destrucción volvieron a la capital mexicana y estados vecinos.

A las 13.14 empezó el temblor, primero de forma suave, a lo que ya están acostumbrados los mexicanos, para luego convertirse en una sacudida tan fuerte que exigió a las personas a salir de sus casas.

Niños llorando, perros ladrando y adultos con expresiones de pánico —algunos padecieron crisis nerviosas— llenaron las aceras de las calles capitalinas. Dentro de las casas los artefactos caían al suelo, los cajones se abrían, las lámparas se sacudían. Y fuera, varios edificios se venían abajo.

"Estábamos terminando de hacer el pan para vender hoy y empezó a temblar. Se rompieron los vidrios de las ventanas y los focos. Logramos apagar las estufas antes de que algo peor ocurriera", contó Pablo Sandoval, trabajador de una panadería en la colonia Nochebuena. Fuera del local se veían los trozos de vidrio en el suelo.

Sin embargo, los daños son mucho mayores en otras zonas de la capital. Imágenes dramáticas mostraban personas quitando escombros de edificios derrumbados en colonias tradicionales como la Roma o la Condesa.

Las escenas se replicaron en otras partes de la Ciudad de México y las sirenas de los bomberos y las ambulancias se escucharon en las calles.

Fuera de sus casas, los capitalinos miraban sus celulares y hacían llamadas en un intento de contactar con sus familiares y amigos. Las líneas se cayeron. Un hombre maldijo su móvil mientras lleva a su hija en brazos. "Quiero hablar con mi esposa pero no hay señal", dice, mirando a las personas a su alrededor. Todos estaban en condiciones similares.

Reina García miraba la pantalla del televisor de un restaurante con los ojos empañados de lágrimas. "Soy de Oaxaca y no puedo hablar con mi madre", se lamentaba.

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