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Pétalos del cielo, a un año de la tragedia de Chapecoense

Dos helicópteros dejaron caer su ofrenda en la plaza de La Unión, cerca de la montaña donde se estrelló el avión con el equipo brasileño

Miércoles 29 de Noviembre de 2017

Pétalos cayeron desde el cielo para recordar ayer el primer aniversario de una de las peores tragedias del fútbol, el fin del sueño del equipo Chapecoense de Brasil en un accidente aéreo en Colombia.

Dos helicópteros de la Fuerza Aérea de Colombia dejaron caer ayer su ofrenda en la plaza central de La Unión, cerca de la montaña donde Chapecoense encontró la muerte camino a la gloria.

Setenta y una personas perdieron la vida, entre ellas 19 jugadores, 14 miembros de la comisión técnica y nueve directivos del Club Chapecoense. Solo seis ocupantes sobrevivieron: una azafata, un técnico de aviación, un periodista y tres jugadores.

El equipo, que en 2009 jugaba en la cuarta división, se había embarcado rumbo hacia su primera final internacional frente al Atlético Nacional de Colombia por la Copa Sudamericana.

Hacia las diez y diez de la noche, el vuelo 2933 de LaMia desapareció cuando estaba por aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Rionegro, que sirve a la ciudad de Medellín.

El avión, que había partido de Bolivia, cayó en el cerro El Gordo, ubicado a unos 2.600 metros de altura en el municipio de La Unión.

"La gloria estaba cerca (...) la tragedia apagó ese sueño", afirmó ayer Andrés Botero, presidente de Nacional. El actual campeón del fútbol colombiano, que cedió a Chapecoense el trofeo de la Sudamericana 2016, organizó el homenaje, que también incluyó un minuto de silencio.

Mientras los helicópteros dejaban caer los pétalos fueron leídos los nombres de las víctimas, que quedaron inmortalizados en una placa desvelada para la ocasión.

Además, Nacional entregó lápiz y papel para que los asistentes escribieran mensajes a Chapecoense y los depositaran en la "capsula do tempo", que será abierta en 40 años.

"Nunca los olvidaremos", dijo Botero, quien anunció que se dedicará un mural en el Estadio Atanasio Girardot, donde se iba a disputar la final. Además de directivos, tres jugadores de Chapecoense asistieron al acto.

Aún sin concluir, las investigaciones revelaron que el aparato iba corto de combustible y con sobrepeso. El fallecido piloto fue responsabilizado y una decena de funcionarios de la aerolínea y del Estado están presos en Bolivia.

Cenizas en el cerro

Tras el homenaje en La Unión se realizó una misa en el cerro que ahora lleva el nombre de Chapecoense. Un altar fue levantado en el lugar donde quedó el fuselaje. Dos cruces de madera dominaban la vista de decenas de asistentes, muchos de ellos con la camiseta de Nacional.

A los pies de la cruz una familia lloraba. Los padres de Silsa Arias, la copiloto boliviana fallecida en la tragedia, viajaron desde Bolivia para despedir a su hija. "Hemos venido a darle un abrazo y decirle que procuraremos continuar sin ella. Y trajimos un poco de sus cenizas y las esparcimos (en el cerro), unas imágenes que seguramente les mostraré a sus (dos) hijos cuando comiencen a hacer más preguntas", dijo a AFP Jorge, su padre.

En la montaña, Luis Albeiro Valencia, de 53 años, levantó en su pequeña finca el único monumento que recuerda en La Unión lo ocurrido hace un año.

En lo alto de un palo está una réplica en madera del avión a pequeña escala junto a dos columnas de ladrillo, una de ellas coronada con las llantas del tren de aterrizaje y la otra, con un balón apenas inflado.

"Esto es para recordar, para que no los olviden, porque con el tiempo seguramente todos se olvidarán de ese morro", dijo a la AFP este agricultor.

Renacer

En Brasil, el Club Chapecoense decidió no realizar ningún acto por "respeto a quien quedó y respeto por los buenos recuerdos", pero abró las puertas del Estadio Arena Condá para los visitantes, que contaron con un espacio especial para oraciones.

Además, el túnel que lleva de los vestuarios a la cancha fue adornado con las imágenes de los fallecidos celebrando victorias.

El estadio también acogió la vigilia "Algunas luces nunca se apagan", organizada por la Diócesis de la ciudad de Chapecó, y luego los asistentes partieron en una procesión hacia la Catedral San Antonio, donde se realizó un acto religioso.

Las campanas sonaron a la hora del accidente.

Tras el golpe de muerte de hace un año, Chapecoense afrontó una dolorosa reconstrucción cargada de altibajos, pero logró salvar la primera categoría en 2017. De los tres futbolistas que sobrevivieron sólo el lateral Alan Ruschel volvió a jugar en el equipo, tras una recuperación casi milagrosa. Mientras, el arquero Jackson Follmann perdió la pierna derecha, y el defensor Helio Neto todavía está en recuperación y se prevé que regrese a las canchas el próximo año.

Los otros dos ocupantes que se salvaron de morir, la azafata Ximena Suárez y el mecánico Erwin Tumiri, retoman de a poco sus vidas en Bolivia. Casi todos volvieron a volar.

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