Información Gral

Para 2030 los robots y la inteligencia artificial dominarán la economía

Un estudio de la OCDE prevé que hasta 44 por ciento de los puestos estarán en peligro.

Sábado 17 de Marzo de 2018

La automatización de la economía a través de la inteligencia artificial, los robots y otras máquinas inteligentes ya es una realidad, pero en las próximas décadas se extenderá a muchos más sectores, con consecuencias imprevisibles para el empleo. Los expertos coinciden en que se trata de una realidad imparable y además deseable, en el sentido de que permitirá aumentar la productividad con beneficios claros para la economía y mejores productos y servicios.

Pero a la vez constituye un desafío urgente para los gobiernos crear una red social que evite que surjan "bolsas de perdedores" del proceso, en palabras del profesor Miguel Angel Malo, experto en asuntos laborales del Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad de Salamanca.

La consultora PwC estimó en un reciente informe —"¿Nos robarán los robots realmente nuestros empleos?"—que estas tecnologías podrían contribuir hasta en un 14 por ciento del PBI mundial para 2030, equivalente a unos 15 billones (millones de millones) de dólares. Y en otro, presentado a finales de febrero, analiza qué sectores y países serían los más afectados de un grupo de 29 (los 27 miembros de la OCDE más Singapur y Rusia).

"No será peor de lo ya visto"

Aunque el informe destaca la importancia de la automatización en sectores como el transporte, la industria y la construcción, PwC considera que la pérdida de empleo que se produzca en la década de 2030, cuando se habrá desplegado ampliamente, se verá compensada por nuevos trabajos que surjan del nuevo sistema. No se generará un desempleo mayor "que el que se ha producido en las décadas desde que comenzó la revolución digital", señala.

Uno de los problemas de este planteamiento es sin embargo que "es más fácil estimar qué profesiones se van a perder que las nuevas que van a aparecer, cuál será su forma concreta es muy difícil de prever. Sabemos cómo va a afectar pero no lo que va a surgir. Nos cuesta mucho imaginarlo", igual que ocurría en el pasado con las primeras máquinas, señala Miguel Angel Malo, cuando nadie podía imaginar que existiría un trabajo como el de programador.

En la década de 2030, PwC cree que en las economías con mayor peso de la industria y por lo tanto con trabajos más fáciles de automatizar, el porcentaje de puestos de trabajo en riesgo puede llegar al 44 por ciento en el caso del Eslovaquia, 39 por ciento en Italia y 37 por ciento de Alemania. España se sitúa en un 34 por ciento, y Chile en un 27 por ciento.

En otros países donde la actividad está más concentrada en el sector servicios, como sucede en Estados Unidos, Francia o Reino Unido, la proporción de trabajos en peligro será del 38 por ciento, 37 por ciento y 30 por ciento, respectivamente.

Por tipo de trabajador, el cambio afectará más a los hombres (39 por ciento) que a las mujeres (28 por ciento). Y a aquellos empleados con un nivel de formación medio (39 por ciento) o bajo (44 por ciento), pero también a los "trabajadores de cuello blanco" (white collars) siempre que sus tareas puedan realizarse de acuerdo con reglas, en un proceso ordenado o con algoritmos.

No es un cambio necesariamente negativo, por el aumento de la productividad. "Imaginemos un oncólogo que tiene su conocimiento (know how) más el apoyo de la inteligencia artificial, que sustituye buena parte de lo que tiene que hacer en la actualidad, lo que le permite concentrarse en la toma de decisiones o nuevos tratamientos", explica Malo.

El catedrático de economía aplicada Rafael Muñoz de Bustillo Llorente, también de la Universidad de Salamanca, señala que hay que tomar con cautela los estudios como el de PwC, ya que suelen estar hechos por "tecnólogos" demasiado influidos por un proceso de cambio que en el resto de la sociedad va mucho más lento. El papel del Estado será central en ayudar a las personas a adaptarse, formarlas y especializarlas, proteger los derechos de los trabajadores y darles una red de apoyo cuando se enfrenten al desempleo. Todo eso en base a la productividad extra que se conseguirá con los cambios tecnológicos, subraya Muñoz de Bustillo.

En este sentido una de las opciones que se baraja es la de la renta básica universal, aunque ninguno de los dos expertos cree que sea una solución aplicable de forma general, sino que habría que matizarla para destinar más recursos a quienes más los necesitan."Vamos a un mundo en el que los empleos van a durar menos y las transiciones del empleo al desempleo van a ser más frecuentes. Es necesario crear una nueva red de seguridad social", afirma Miguel Angel Malo. "España no está preparada para estos cambios ni es un debate presente en los ámbitos públicos", lamenta Muñoz de Bustillo. "Basta ver las partidas presupuestarias, en las que la inversión en I D I [investigación, desarrollo e innovación] se ha desmontado y España está muy por debajo, no ya del 3 por ciento del PBI de Suecia, sino del 2 por ciento de media de la Unión Europea".

En América latina

¿Y en América latina? En una reciente publicación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) expertos mostraban la preocupación por el tema. Uno de los problemas más graves será probablemente la profundización de la "dualización" que ya existe, es decir la polarización, con la destrucción de la parte media del ingreso social, cree Muñoz de Bustillo.

Dani Rodrik, de la Universidad de Harvard, resumía en una entrevista con la revista que publica el BID: "Gran parte de América latina se ve afectada por la paradoja de que los sectores más modernos de la economía tienen un excelente desempeño, son tan sofisticados como los de cualquier otro lugar del mundo. Sin embargo, la productividad general de la economía es débil. Resolver esta dualidad es el principal desafío. En el corto y mediano plazo, necesitamos que los gobiernos sean ágiles y experimenten, ayudando a las firmas de los sectores más modernos" con soluciones aplicadas a cada actividad, ya que no hay recetas generalizables. "Esta es la razón por la cual necesitamos gobiernos que se involucren más en la práctica".

Muñoz Bustillo destaca al respecto: "El Estado de Bienestar es viable siempre y cuando tenga las coaliciones políticas que lo respalden". Hay que crear mecanismos que distribuyan esa productividad extra que se genere, "eso es el Estado de Bienestar".

Tres grandes oleadas de cambios en solo 20 años

En el informe de la consultora internacional PwC , titulado “¿Nos robarán los robots realmente nuestros empleos?”, se pronostican tres grandes oleadas: la actual, denominada “algorítmica”, hasta 2020 y en la que se automatizan las labores más sencillas, una segunda, que llama “aumentada”, en la que se amplía a las labores repetitivas en comunicación e intercambio de información (hasta mediados de la década de 2020).

   Y finalmente la fase “autónoma”, en la que se producirá la automatización de la resolución de situaciones y problemas en tiempo real (a partir de 2030).

   Las tres fases tendrán un impacto muy distinto en los países según su grado de desarrollo, pero a grandes rasgos los efectos se notarán sobre todo a largo plazo. Los servicios financieros se verán muy afectados a corto plazo, pero a largo plazo en cambio lo serán el transporte (52%) y logística y almacenamiento (45%). También en el sector manufacturero (45%), construcción (cercano al 40%) y en servicios administrativos. será más reducido en salud y trabajo social (25%) y educación (en torno al 8%).

   También a partir de 2030 sufrirán efectos adversos sobre los trabajadores con menor calificación (un 45%), frente a sólo un 10% de los altamente calificados, lo que subraya la importancia de invertir en aprendizaje y perfeccionamiento.

   Las mujeres perderán más empleos en la próxima década, pero a largo plazo serán los hombres los más afectados, con una estimación de un 34% a algo más de un 26% de las mujeres.

  El informe de PwC destaca que trabaja en base a las posibilidades tecnológicas, pero que el alcance de la automatización podría ser menor por una serie de variables económicas, legales o regulatorias. “Sólo porque algo pueda ser automatizado en teoría no significa que sea económica o políticamente viable en la práctica”, indica.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario