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Las gaviotas atacan a las crías de la ballena franca

Un estudio científico hecho en la Península Valdés sugiere que el ataque de las "gaviotas cocineras" afecta a las crías, por su alto nivel de estrés.

Lunes 28 de Mayo de 2018

Una investigación desarrollada en el área de Península Valdés sugiere que el ataque de las "gaviotas cocineras" afecta a las crías de la ballena franca austral, tras analizar los niveles de estrés previos a la muerte en al menos tres cuerpos de pequeños cetáceos encontrados a orillas de los golfos Nuevo y San José en el noreste de Chubut.

El estudio fue publicado ayer en la página web del Instituto de Conservación de Ballenas, que entre el 23 de abril y el 6 de mayo congregó en la ciudad eslovena de Bled a más de 200 investigadores de todo el mundo .

Entre los trabajos que merecieron el apoyo de la ICB figura la investigación vinculada con la relación entre la intensidad de los ataques de gaviotas cocineras a las crías de ballenas y sus niveles de estrés fisiológico.

No hay otro sitio en el mundo donde se registren ataques de gaviotas a ballenas con la intensidad y frecuencia que en Península Valdés, agrega el informe.

La hipótesis de que el ataque de las pequeñas gaviotas puede producir la muerte de las crías de la ballena franca austral se basa en el nivel de glucocorticoides que los cadáveres poseían en sus barbas.

Se trata de hormonas cuyos niveles aumentan en respuesta a situaciones de estrés agudo o crónico y en la investigación se midieron los niveles de esa hormona en dos ballenatos que tenían muy pocas o ninguna herida producida por las gaviotas y las compararon con las de los ballenatos que tenían muchas heridas.

Los resultados fueron contundentes porque las crías con muchas lesiones de gaviotas tuvieron niveles de hormonas de estrés muy elevado previo a su muerte, mientras que en las otras tres crías los niveles fueron muy bajos.

El estudio necesita de más casos para consolidar la base estadística.

Los análisis indican que en 1974 sólo el 1 por ciento de las ballenas francas tenían en sus lomos heridas producidas por las gaviotas, pero ese porcentaje se incrementó al 38 por ciento en 1990, al 68 en 2000 y al 77 en el año 2008.

Informes previos de la ICB habían advertido que "las gaviotas cocineras (Larus dominicanus) han aprendido a alimentarse de la piel y la grasa de las ballenas francas vivas en Península Valdés".

Investigadores y ambientalistas señalan que los basurales a cielo abierto, los desechos que arrojan al agua desde los buques pesqueros, los residuos que van al mar y a veces la presencia de algunas algas han hecho proliferar la población de gaviotas.

En 2012 lanzaron una campaña para reducir la cantidad de esas aves oportunistas, que tardó en instrumentarse y dos años más tarde sólo habían eliminado 3.600. Fue la primera acción ante el problema, a 40 años de detectarse el primer ataque.

"Las aves se posan sobre la espalda de las ballenas y con sus picos abren la piel para comer la grasa viva. Esos picotazos causan dolor a las ballenas, alteran su comportamiento normal e incrementan su gasto de energía durante la crianza de los ballenatos", advertían los expertos en un informe hace ya cinco años.

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