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La cúpula de la Iglesia chilena renunció ante el Papa por casos de abuso

Los 34 obispos pusieron su dimisión a disposición del pontífice por el encubrimiento activo del cura pedófilo Karadima y otras causas similares

Viernes 18 de Mayo de 2018

Los obispos chilenos renunciaron en bloque tr as los escándalos de abusos sexuales cometidos por religiosos en su país y encubiertos durante décadas por la cúpula católica, en un gesto sin precedentes. Los 34 obispos anunciaron su decisión en una breve declaración en el Vaticano a pocos metros de la basílica de San Pedro. La suerte del episcopado chileno está ahora en manos del Papa, quien debe decidir si acepta esta renuncia en bloque o estudia caso por caso. El Papa ha hecho un viraje completo en el caso de Chile, luego de ignorar a los obispos involucrados e incluso sumarlos a su reciente gira por el país en enero pasado. Había calificado de "todas calumnias" las acusaciones, que ahora en cambio tomó en consideración.

   La dimisión de los 34 obispos se produce después de que el Papa los convocara al Vaticano y entregara un documento en el que exige la depuración de responsabilidades para ahondar en las raíces de los escándalos de pederastia de las últimas décadas con el fin de "restablecer la justicia y la comunión" en Chile. La respuesta de la jerarquía católica chilena ha conmocionado a un país que vive un desencuentro progresivo con la Iglesia. Sólo el 44% de la población se declara católico, el porcentaje más bajo de toda América Latina.

   Los obispos dimisionarios comenzaron a retornar a Chile ayer mismo. En Santiago, la mayoría optó por el silencio. Pero Carlos Pellegrini, obispo de Chillán, podrían sintetizar el sentimiento de la cúpula católica: "Hemos tenido una jornada con el Santo Padre de gran dolor, y de vergüenza también, porque no siempre como Iglesia hemos hecho las cosas bien". Una forma algo eufemística del encubrimiento activo de los curas pedófilos durante décadas.

   Para las víctimas de los abusos sexuales, el anuncio de los obispos supone un primer paso en su lucha contra la impunidad del clero: "Esto cambia las cosas para siempre", escribió Juan Carlos Cruz en Twitter. Cruz estuvo con el Papa Francisco recientemente junto a otras dos víctimas, James Hamilton y José Andrés Murillo. Durante su gira por Chile, Bergoglio se había negado a recibirlos. "No supieron proteger a los más débiles, los expusieron a abusos y luego impidieron justicia. Por eso, sólo merecen irse", señaló Murillo en Twitter.

   Los casos de pederastia y encubrimiento que han llevado a la renuncia de los obispos chilenos se remontan a las décadas de 1970 y 1980. Las acusaciones contra el entonces poderoso sacerdote Fernando Karadima, vinculado a la dictadura de Augusto Pinochet, comenzaron en 2004 pero la Santa Sede no tomó cartas en el asunto hasta 2011, cuando fue declarado culpable de abusos sexuales y suspendido de por vida. El Vaticano, sin embargo, no fue al fondo del asunto: el encubrimiento de los abusos de Karadima afectaba a toda la jerarquía eclesiástica chilena. Las víctimas criticaron desde el principio el nombramiento de Juan Barros en 2015 al frente de la diócesis de Osorno, en el sur del país. Francisco defendió su nombramiento y apoyó a Barros hasta hace poco. Durante su gira por Chile en enero pasado puso a Barros en el palco de sus misas e ignoró las sucesivas peticiones de las víctimas para que lo cesara. Barros encubrió los abusos de Karadima. "El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra. Todo es calumnia. ¿Está claro?", llegó a decir un enojado Papa ante la prensa antes de viajar de Chile a Perú para continuar su gira.

Informe clave

La actitud del Papa encrespó aún más a las víctimas y empañó irremediablemente su visita a Chile. Pero, ¿qué hizo cambiar de opinión a Francisco respecto de las denuncias de las víctimas de Karadima en tan poco tiempo? Alterado por las críticas a su defensa de Barros, decidió enviar una misión a Chile para investigar las denuncias de encubrimiento y destrucción de pruebas. Al frente de la investigación estuvieron el arzobispo maltés Charles Scicluna y el sacerdote español Jordi Bertomeu. Tras leer su informe, el Papa rectificó, admitió que su percepción del escándalo era errónea y llamó a la jerarquía católica chilena. Así se llegó a la renuncia en masa de ayer. Entre los renunciantes hay varios que están acusados de pedofilia o encubrimiento de ese grave delito. Se esima que el Papa dejaría en sus cargos a no más de diez de los obispos renunciantes.

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