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"La adolescencia es muy creativa", sostiene Luciano Lutereau

Lejos de las visiones estigmatizantes que plantean a la adolescencia como una etapa improductiva, para el psicoanalista Luciano Lutereau se trata de un momento de gran autenticidad en la vida del ser humano que registra el máximo equilibrio entre realidad y fantasía, y donde los jóvenes se entregan a una "improductividad radical" que les permite tanto desmarcarse de los ideales paternos como tomar distancia de la posición de niño.

Lunes 24 de Junio de 2019

Lejos de las visiones estigmatizantes que plantean a la adolescencia como una etapa improductiva, para el psicoanalista Luciano Lutereau se trata de un momento de gran autenticidad en la vida del ser humano que registra el máximo equilibrio entre realidad y fantasía, y donde los jóvenes se entregan a una "improductividad radical" que les permite tanto desmarcarse de los ideales paternos como tomar distancia de la posición de niño.

"¿El abandono gradual de la fantasía que arranca en la adolescencia es el precio de la adaptación social? Me parece muy alentador ese descubrimiento porque permite repensar la imagen que nos hacemos de los adolescentes: ya no se trata de aquellos «pavos» que están en cualquiera, que no saben nada de lo que hacen, que tienen que aprender todo de la vida sino que permite rescatar su carácter transformador y creativo", explica Lutereau a Télam.

"La adolescencia es muy creativa mientras que en muchas personas adultas el costo de la adaptación a las presiones sociales lleva a la resignación y a un falso crecimiento, es decir, uno que confunde el ser grande con hacer lo que hay que hacer, con la obediencia, con el sacrificio -apunta-. La idea de la adultez como un momento de «agachar la cabeza» no sólo es adaptativa, sino funcional a un sistema que sólo espera que hagamos cosas útiles, mientras que muchas de nuestras acciones más creativas no sirven para nada, pero son fundamentales, como el humor o bien el erotismo, que no es la simple descarga física de la excitación".

"En última instancia, la adolescencia es ese momento de la vida en que el juego de la infancia puede convertirse en acción transformadora. En la adultez no se trata de adaptarse a la realidad sino también de ir de la mano del juego para crear mundos posibles, a veces con actos mínimos, como un encuentro con amigos", explica Lutereau. En su libro "Esos raros adolescentes nuevos", este doctor en Filosofía y en Psicología por la Universidad de Buenos Aires desconsiste la idea del "no hacer nada" típico de la adolescencia como una instancia necesariamente improductiva que en cambio es presentada como una brecha que permite tomar distancia de los ideales de los padres y de la posición de niño.

"Esa «nada» que hacen los adolescentes no es algo negativo, no es improductiva, sino que es un trabajo psíquico muy grande porque está ahí para tomar distancia de los ideales de los padres, desde los cuales en principio uno sólo puede verse como niño", explica.

"Por lo tanto, para ir dejando atrás esa mirada infantil, es que se descubren las actividades inútiles, el devaneo que hunde sus raíces en el juego, como un camino que lleva a la diferenciación, porque la experiencia lúdica es la que permite que nos pensemos como diferentes de lo que somos, del modo en que somos mirados y, por lo tanto, es una vía de anticipación para que nos animemos a ser distintos".

"Hay una prolongación y permanencia de la adolescencia en la adultez. No sólo por el afán de juventud, sino por ciertos modos de pensamiento. Es lo que ocurre con el pensamiento binario, según el cual la negación de algo equivale a lo contrario. Es lo que ocurre con la llamada «grieta», que es un fenómeno adolescente en supuestos adultos. Y, por cierto, las redes intensifican estos comportamientos porque, además, incentivan el pensamiento concreto y el goce de la mirada", advirtió.

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