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Frida, una nena de siete años atrapada en un colegio donde 21 niños perecieron

El foco estuvo ayer en una escuela del sur de la ciudad de México donde varios pisos de un jardín de infantes cayeron, y una alumna resistía

Jueves 21 de Septiembre de 2017

La mano en movimiento de una niña atrapada bajo los escombros de una escuela al sur de la Ciudad de México devolvió la esperanza a cientos de rescatistas que ayer trabajaron con desesperación para tratar de liberarla.

El drama se transmitía en directo por las televisoras locales y se asemejaba a lo que se vivía en otras partes de la capital mexicana, fuertemente dañada por el sismo.

La escuela Enrique Rébsamen fue uno de los puntos de mayor interés, donde la estructura de tres pisos se vino abajo y dejó a adultos y alumnos bajo los escombros. Murieron al menos 25 personas, entre los que se hallaban 21 niños.

El sismo fue tan cruel que el colegio colapsó en el área que albergaba al jardín de infantes. El área secundaria tenía una escalera segura por lo cual los alumnos escaparon por allí. Pero los más pequeños no tuvieron chances. No hubo tiempo. El edificio se desplomó tres segundos después del sismo.

Rescatistas con cascos divisaron a la niña, supuestamente de nombre Frida y de siete años, y le gritaron que moviera una mano si los escuchaba. Así lo hizo por lo que enviaron a un perro a confirmar que estaba viva. Horas después seguía el trabajo para tratar de liberarla y las cámaras se mantenían pegadas a la escena.

Durante unos ocho minutos los trabajadores pidieron guardar silencio para tratar de escuchar cualquier ruido entre los escombros a través de un micrófono. Un rescatista que pidió no identificarse dijo que creyeron haber encontrado a otro sobreviviente.

"Dolor inimaginable"

Adriana, la mamá de una alumna, se mordía los labios de angustia.

"No hay poder humano que pueda imaginar el dolor que estoy pasando", dijo en un albergue improvisado a la intemperie mientras esperaba noticias de su hija desaparecida bajo las ruinas.

Los rescatistas pedían silencio y quietud absoluta mientras un escáner térmico era introducido por una grieta de 45 centímetros de diámetro desde donde lograron tener contacto con Frida.

"Estamos muy, muy cerca de personas que podrían estar vivas. Estamos trabajando junto con cámaras térmicas y unidades caninas. Por momentos guardamos silencio absoluto para escuchar a los sobrevivientes. Ellos suelen gritar o golpear paredes", dijo Pamela Díaz, una panadera de 34 años que desde el martes trabajaba en el rescate.

Mientras esperaban un milagro, los vecinos se acercaban para conseguir más información del operativo de rescate por parte de las autoridades.

"Anoche yo conté cinco cadáveres que sacaron de la escuela", dijo Flor González, una dentista de 42 años que trabajaba como voluntaria. "Vi cuando avisaron a uno de los padres... fue devastador", evocó con los ojos llorosos.

Adriana, en tanto, permanecía sentada en una silla con los puños apretados y la mirada fija en el suelo. No alcanzó a pronunciar el nombre de su hija cuando se le preguntó por quién esperaba y solo logró apretar los labios para contener el llanto.

Mientras, su esposo trabajaba hombro a hombro con los cientos de soldados, bomberos y socorristas que removían cuidadosamente los escombros. Con picos, palas e incluso a mano limpia, estos hombres no escatimaron esfuerzos en la angustiante carrera contrarreloj.

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