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Enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el país

Calculan que hay unos 40 mil infartos por año, un tercio de los cuales no llegan a los centros de atención. Afecta tanto a hombres como a mujeres.

Lunes 29 de Octubre de 2018

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en la Argentina tanto en hombres como mujeres y se calcula que hay alrededor de 40 mil infartos al año, de los cuales, un tercio no llegan a los centros de atención.

Las muertes por enfermedades cardiovasculares en la Argentina están por encima de las causadas por el cáncer, las enfermedades respiratorias, traumatismos, diabetes y enfermedades del riñón y, todas ellas, excepto los traumatismos, se engloban bajo la denominación de enfermedades crónicas no transmisibles.

Aproximadamente, el 70 por ciento de las muertes globales ocurren en personas que padecen estas enfermedades y casi el 40 por ciento de estas afectan a personas entre los 30 y los 69 años. Además casi el 90 por ciento de estas muertes se dan en países de ingresos bajos o medios.

Dentro de este grupo de enfermedades crónicas no transmisibles, la enfermedad cardiovascular (infarto y ACV o stroke) ocupa el primer lugar por prevalencia y dentro de esta el infarto agudo de miocardio constituye la principal causa de muerte. Si bien en muchos casos se puede salvar la vida de la persona afectada, un tercio de quienes sufren un infarto no llega a los centros de salud, siendo el tiempo el factor principal que determinará la sobrevida del paciente. Carlos Barrero, jefe de Cardiología de la Clínica Bazterrica y de la Clínica Santa Isabel, de Buenos Aires, señaló que "en un tercio de los infartos, en los que la arteria se obstruye completamente, se desarrolla lo que se llama una arritmia maligna, en la que el paciente necesita una atención inmediata".

"Este es la situación más grave dentro del infarto agudo de miocardio, ya que el paciente tendrá poco tiempo para recibir la atención adecuada. En el resto, el tiempo trascurrido entre los síntomas y la atención médica es primordial para no sólo salvar al músculo cardíaco sino también la vida del paciente. Una vez que el paciente nota los primeros síntomas debe comunicárselos a alguien y así pedir ayuda urgente", advirtió Barrero. El infarto requiere de atención inmediata, ya que a medida que pasa al tiempo, el músculo cardíaco se va muriendo.

Si la atención se recibe en las primeras dos horas se puede recuperar hasta un 80 por ciento del músculo cardíaco afectado, un 40 por ciento luego de las dos horas y sólo un 20 por ciento si el paciente recibe atención pasadas cuatro horas del comienzo de los síntomas.

"Si bien hay algunos infartos que pueden ser asintomáticos, la mayoría de las veces hay señales muy claras. El dolor intenso en el pecho, junto con sudoración, vómitos, náuseas, la opresión que puede irradiarse a la mandíbula, al brazo, o bien en el medio de los omóplatos, el dolor agudo en la boca del estómago; todos pueden ser síntomas de un infarto, que a una persona con factores de riesgo debe darle la pauta de llamar a la urgencia médica", aclaró el especialista.

Las demoras en la atención muchas veces no responden a la falta de llamado del paciente. A veces los equipos de hemodinamia se demoran, los trámites administrativos, la atención en guardia o hasta la lectura del electrocardiograma pueden hacer que el paciente reciba atención luego de las dos primeras horas de presentar los síntomas.

En ese sentido, Barrero advirtió que "se debe manejar un protocolo en el que todas las partes de la cadena estén integradas para atender al paciente infartado en los primeros 90 minutos del comienzo de los síntomas", y agregó que "en las clínicas Bazterrica y Santa Isabel ya poseemos un sistema integrado con la prepaga Omint (código de infarto)". La mayoría de los infartos son prevenibles, se trata de muertes prematuras que en general están asociadas a un estilo de vida no saludable: tabaco, ingesta abundante de sal, sedentarismo, alimentación pobre en frutas y verduras, y rica en grasas saturadas y azúcares. Así, la hipertensión arterial, el tabaquismo, la diabetes, el colesterol, el sobrepeso y la falta de actividad física constituyen factores de riesgo predisponentes para sufrir un infarto. En muchos casos, existen varios factores asociados constituyendo un verdadero síndrome metabólico, por lo que el enfoque debe ser global sobre el estilo de vida. "Si el paciente se controla la presión, se realiza los estudios de sangre, pero no modifica su estilo de vida (sigue hipertenso y con azúcar elevado por ejemplo) el tratamiento no sirve y el riesgo de sufrir un infarto es el mismo", señaló Barrero.

Las personas hipertensas, que tienen sobrepeso, colesterol, altos niveles de azúcar en sangre, son tabaquistas y llevan una vida sedentaria corren riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular.

Para ello, llevar una vida saludable, incorporando frutas y verduras, realizando deporte, controlando la presión, el azúcar en sangre y el colesterol, consumiendo poca sal y dejando de fumar harán que el riesgo de padecer este tipo de enfermedades sea menor.

"Más allá del tratamiento integral que el paciente deberá seguir con el médico, se debe hacer foco en la educación. Es muy importante que se les enseñe a los más chicos a llevar un estilo de vida saludable, con una buena alimentación, realizando actividad física y sabiendo que este tipo de enfermedades pueden y deben prevenirse", concluyó.

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