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El santafesino que presenció desde la Nasa la misión del Apolo XI

Omar Meynet tenía 31 años cuando fue invitado por la Nasa a ser testigo desde Cabo Cañaveral. Y recuerda cómo surgió la creación del Día del Amigo

Domingo 21 de Julio de 2019

Un grupo de santafesinos fue testigo en primera fila del alunizaje del 20 de julio de 1969. Fue el caso en particular de los hermanos Omar y Ángel Meynet, quienes después de aquella hazaña montaron el Centro de Observadores del Espacio (Code) en Santa Fe.

También es una fecha que guarda especial conexión con una de las relaciones más importantes que existen entre las personas: la amistad. Que el Día del Amigo se festeje justamente ese día no es casualidad. Tiene su relación.

Omar Meynet tenía 31 años cuando presenció el despegue desde el mismísimo centro de control de la Nasa en Cabo Cañaveral y cuatro días después, el alunizaje. Vive en Esperanza.

—¿Cómo llegaron a ser testigos directos de ese evento?

—Cuatro años atrás, habíamos llegado cuando largaron Gemini V y VI, que fue el primer acople en el espacio. Habíamos logrado la invitación de la Nasa para presenciar ese lanzamiento. Eso dio el preámbulo para acceder al Apolo XI. Cuando se fue acercando la fecha, fuimos “mangueando” todo lo que se podía para ir con mi hermano para preparar el viaje. Después de Santa Fe, se agregaron Olimpio Chareli, Cornelo Ross y el hijo del director del Canal 13, Marquitos Bobbio. Aparte de LT9, hacía el pronostico en Canal 13, salía todos los días en directo.

—¿Desde dónde vieron el lanzamiento?

—Dentro de la sala de operaciones de la Nasa, en los controles centrales. Había un lugar especial con tribunas pequeñas para 50 personas cada una. Estaba todo el instrumental de computación y dos pantallas gigantes en blanco y negro y en color para ver todo, tanto dentro de la nave, como el viaje en sí. Todo filmado por el sistema que tenían ellos que llevaban en la nave. Se veían todos los detalles del alunizaje. Con lágrimas de invictos, un griterío de alegría de técnicos y los que estábamos ahí. En el equipo técnico había más hombres que mujeres, pero había mujeres. Las computadoras eran altas, parecían aparadores. Había una central con un botón rojo. Ese botoncito fue la clave del lanzamiento. Estuve con Von Braun, que fue al que llamaron el padre de la juguetería porque fue el ingeniero que construyó el Saturno V. Lo saludé, me acerqué, saqué un billete de 50 pesos que era lo que tenía en ese momento y se lo hice firmar. Lo tengo intacto como una reliquia, que me lo ha querido comprar un montón de gente pero es imposible.

—¿Cómo surgió el Día del amigo?

—Detrás del Día internacional del amigo se encuentra un argentino: Enrique Febbraro, un filósofo, odontólogo, psicólogo, doctor en Filosofía, profesor de Historia, músico, locutor y poeta que instauró el día luego de ver que, al alunizar el Apolo XI, por una vez en la vida toda la especie humana estaba unida. Envió mil cartas a cien países de todo el mundo de las cuales recibió 700 respuestas. Mientras tanto a nosotros nos pedía ideas y nos preguntaba qué nos parecía la propuesta. Mi hermano Angel, que no está más, lo acompañó mucho pero nosotros no somos autores ni nada del día del amigo.

— Cuando llega esta fecha, ¿festeja doble? Por el recuerdo de ese momento histórico, y por el día del amigo.

— Soy un tipo muy frágil cuando llega este día, me quedo a solas y me pongo a llorar un rato. Me da mucha nostalgia recordar todo.

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