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El drama de las madres que pierden a sus hijos por la violencia en Río

Los crímenes sacuden a la ciudad, en la que acusan a la Policía de criminalizar la pobreza. La mayoría de las víctimas son jóvenes y niños de las favelas.

Lunes 14 de Mayo de 2018

Este domingo, en Río de Janeiro muchas mujeres miraron al cielo y, absortas y ajenas, volvieron a soñar con lo imposible. Sus hijos, muertos en el furor de una ciudad violenta e implacable, no estarán con ellas. Y el Día de la Madre se les consumió entre llantos inacabados, ausencias y recuerdos.

Los continuos enfrentamientos que involucran a bandas criminales, la Policía, el Ejército, diversos grupos armados y milicias ilegales, y que se reiteran día a día, convirtieron a Río en una ciudad de atmósfera bélica. Militares armados se pasean por las calles en vehículos blindados, los tiroteos aterrorizan a las favelas y algunos diarios locales ya incorporaron a sus páginas una sección llamada "Guerra".

El 16 de marzo, Paloma fue a visitar a su madre en el Complexo de Alemao, una de las favelas más populosas de la ciudad. Estaba con sus hijos, Sophia, de cuatro años, y Benjamin, de un año y siete meses. "Paré para comprarles algodón dulce, en la calle, porque tenían hambre", recuerda a dpa la mujer, y su memoria transmuta en angustia.

"Entonces, oí tiros. Instintivamente intenté proteger al bebé, saltando sobre su carrito. Pero no pude: un disparo impactó en su cabeza y murió en el momento".

Fábio, su marido, estaba desempleado. El entierro sólo se pudo hacer gracias a donaciones. Ambos abandonaron el apartamento en el que residían, poblado de recuerdos, y viven ahora en un cuarto, en el que duermen en el suelo junto a Sophia.

El asesinato de la concejala Marielle Franco, hace dos meses, se tornó paradigmático. Un año atrás, una bala perdida había matado a María Eduarda, una estudiante de 13 años cuya fotografía llena de vida se revistió de un lúgubre significado de muerte.

Otra de las mamás que habló con dpa es María de Fátima dos Santos Silva. Su hijo Hugo, fue asesinado el 17 de abril de 2012, en la favela de Rocinha.

"El recibió amenazas de policías una semana antes del asesinato. El crimen se produjo a 100 metros de mi casa. Yo oí los disparos, claro, pero nunca me imaginé que la víctima era él".

Hace dos días, el 9 de mayo, Luiz Felipe de Castro Moraes fue asesinado. Antes que él, sólo en lo que va de 2018 en Río ya habían muerto 42 policías. En una de las ciudades más turísticas del mundo, los botines que desatan la furia son varios: el control del narcotráfico, la venta de armas, los pagos que los habitantes de los barrios pobres deben hacer para obtener seguridad...

Las fuerzas de seguridad pública combaten a las bandas de traficantes. Sin embargo, en su lucha cometen muchos excesos. No son pocas las voces que afirman que la Policía de Río "criminaliza la pobreza".

De cada diez asesinados por la fuerza pública, nueve son negros o mestizos. Una mayoría aún superior son hombres. Y al menos el 22 por ciento de las muertes suceden en favelas. De las 1.127 víctimas de 2017, sólo 14 vivían en la Zona Sur, la más rica de la ciudad.

Dentro de cinco días, el 16 de mayo, Caio habría cumplido 20 años. Rosilene, su madre, lo tuvo a los 17, y este fue el primer Día de la Madre que pasó sin su compañia.

"Me lo mataron durante una operación que la Policía realizó en Rocinha. El era honesto y dedicado. Dijeron que reaccionó a un abordaje y por eso le tiraron. Su sueño era ingresar como soldado en la Marina".

En marzo, después de la intervención militar en Río, el Instituto de Seguridad Pública de la Ciudad y la empresa de encuestas "Datafolha" le preguntaron a los habitantes de la ciudad a qué le temían. Hubo tres respuestas que alcanzaron el 92 por ciento: "ser alcanzado por una bala perdida", "ser herido o muerto en un asalto" y "quedar en el medio de un tiroteo entre criminales y policías".

Los testimonios, tristes, melancólicos, se suceden. Araci Gomes, mamá de Carlos, cuenta que su hijo, policía, falleció durante un tiroteo con traficantes en una favela el 28 de abril.

Janaína, mamá de Jonathan, a su vez evoca: "Le pedí que vaya a buscar un paquete de palomitas de maíz, para llevar a la fiesta de su hermano. Cuando regresaba, recibió un tiro en la cabeza de parte de la Policía". La pericia, agrega, mostró que el disparo había sido a quemarropa.

La realidad de Río es tan violenta que existe ya una aplicación para celulares llamada "Fuego cruzado", que avisa en tiempo real sobre los tiroteos en la ciudad, para que los transeúntes eviten las zonas de riesgo: entre el 16 de marzo y el 16 de abril se registraron 1.502 episodios, más de cinco por día.

Paloma, María de Fátima, Rocilene, Araci y Janaína son apenas cinco nombres de los tantos que componen el sufrimiento de una ciudad con miedo. Son cinco madres que pasaron el domingo sin sus hijos. En un ambiente de hostilidad generalizado, en la que las víctimas se convierten sin más en una mera estadística, es muy difícil decir feliz día.

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