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El amor no mata, el amor no duele

En el día de la marcha, historias de mujeres rosarinas víctimas de violencia de género.

Jueves 08 de Marzo de 2018

"¿Cómo me vas a pegar así? ¿Cómo me vas a pegar de esa manera? ¡Qué te hice!", los gritos desgarradores de la joven estremecen. En las imágenes de un video grabado con un celular, que se viralizó en las redes sociales el fin de semana pasado, se ve a un hombre, parado en la oscuridad, que con total desprecio responde: "¡Tomátelas, inmunda, tomátelas!". La víctima es una chica rosarina que denunció a su novio, en fiscalía, por violencia de género. No sería la primera agresión que la joven soporta.

Más de once mil mujeres denunciaron violencia por parte de varones el año pasado en la provincia de Santa Fe. ¿Cuántas más no se animan a hacerlo? ¿Cuántas viven en este momento un infierno del que no saben cómo salir? ¿Qué cantidad de amenazas, golpes, insultos, habrá tolerado Chiara Páez antes de aparecer enterrada en el patio de la casa de su novio después de haber sido asesinada a golpes y con un corte en la garganta?

Chiara, que vivía en Rufino, que tenía apenas 14 años y estaba embarazada, murió destrozada por la furia de su novio Manuel Mansilla, de 16 años, el 9 de mayo de 2015. El femicidio de la adolescente conmocionó a todo el país y alentó a las mujeres a decir ¡basta! en una masiva movilización que se llevó a cabo el 3 de junio y bajo la consigna Ni Una Menos.

La semana pasada la Cámara Penal de Rosario confirmó la condena de 21 años y seis meses de prisión al femicida. Al salir de los tribunales, la madre de Chiara dijo a este diario: "Quisiera tener a mi hija viva, pero esta es una forma de ir cambiando la Justicia y de visibilizar la violencia". A su lado, el papá mencionó entre lágrimas: "Que esta pena sirva para un futuro y para que ningún hombre se anime a matar a una mujer, como está ocurriendo".

Porque sigue pasando, porque ahora mismo una mujer puede estar siendo víctima de la expresión más cruel del machismo. Un extremo al que, por lo general, no se llega de un día para el otro. Un final que es el resultado de un proceso, a veces lento y difícil de identificar para muchas, que incluye "demostraciones de amor" (sos mía, te amo con locura, nadie te va a querer ni a cuidar como yo), escenas de celos, retos y enojos. Un camino que está plagado de saña pero que también incluye el perdón y la culpa — que van y vienen— de esos varones que lanzan el zamarreo, la cachetada, el insulto o el golpe mortal cuando las cosas no salen como les gusta, cuando se sienten amenazados en su hombría, cuando saben o imaginan que la mujer está por dejarlos. Cuando la novia, la esposa, la hija, la madre o la hermana se plantan frente a su poderío.

La violencia de género tiene una larga historia y es producto del machismo en todas sus expresiones: desde las más brutales a las más sutiles. Y es contra eso que las mujeres —en el mundo y como nunca antes— decidieron poner un freno, empoderarse y acompañarse, aunque probablemente ante la intención manifiesta de decirle que no a las múltiples caras del maltrato haya más irritación en algunos sectores de esta cultura patriarcal sostenida durante tantos siglos. Una cultura que al fin está empezando a resquebrajarse.

Lorena

"No te mato por los chicos", le dijo Julio Marconi a Lorena Serrano. Estaban en pareja desde hacía años y eran padres de

La violencia de género tiene una larga historia y es producto del machismo en todas sus expresiones, desde las más brutales a las más sutilesmellizos. Antes de suicidarse frente a ella, el hombre —que la maltrataba en forma habitual— la sentó en una silla, la mantuvo atada durante cuatro horas mientras la sometía a una paliza brutal y le hacía todo tipo de reproches.
   Le quemó las piernas con una plancha, le rapó la cabeza con una máquina de afeitar y le disparó un balazo calibre 32 en cada rodilla. También le hizo un torniquete en cada pierna para que no se desangre. Lorena, dolorida y aterrada, vio como el padre de sus hijos barría los cabellos que le había sacado un rato antes y los ponía en una bolsa de residuos. Minutos después, con el arma con la que le despedazó las piernas, se disparó en el rostro. Sucedió en Rosario. La víctima de violencia de género había realizado una denuncia por amenazas y lesiones en la seccional 13. No hubo intervenciones efectivas, y ella no había logrado alejarse del hombre.

Paula

Tenía una relación con un empresario de Puerto San Martín, Gabriel Strummia, y estaba cursando los primeras semanas de un embarazo. El domingo 18 de septiembre de 2011, Paula Perassi recibió una llamada telefónica en su casa alrededor de las 20 y minutos después salió con el pretexto de buscar la tarea para uno de sus hijos. Nunca regresó.
   Un extenso proceso judicial reveló una oscura trama de crimen y encubrimiento de la que participaron un montón de hombres. El cuerpo permanece desaparecido. La de Paula Perassi es una de las historias emblemáticas del territorio santafesino vinculadas a la violencia de género. Sus padres, que no han cesado en su lucha en todos estos años, aguardan con profunda tristeza y ansias de justicia el juicio oral y público que, esperan, ponga entre rejas para siempre a todos los culpables.

Fer y Cami

Hay una página en Facebook, #JusticiaporFerYCami, en la que se pueden ver los videos que las muestran sonrientes, compinches, felices, vivas. Imágenes que comparten familiares y amigos que siguen pidiendo justicia en medio del estupor que no cesa, del dolor de las ausencias que se hace cada vez más intenso. Fernanda Laconca tenía 33 años, y su hija Camila un año y 9 meses. Sus cuerpos, bañados en sangre, fueron encontrados el 24 de octubre del año pasado en su casa de barrio Acindar. El homicida, quien las mató con un cuchillo tipo tramontina, era el marido de Fernanda y padre de Camila, Iván Furiasse.
   Desde hace más de cuatro meses los seres queridos de las mujeres están pidiendo al juez que condene a Furiasse a cadena perpetua por doble femicidio agravado por el vínculo. Por el momento, el agresor está internado en Oliveros porque se determinó que tenía problemas psiquiátricos, una condición que los familiares de las víctimas aseguran que es una estrategia para que no vaya preso.

Mariel y su familia

El 29 de diciembre último, la ciudad de Santa Fe amaneció conmocionada por un cuádruple femicidio y un femicidio vinculado (el novio de una de las víctimas). El asesino es un hombre que tenía antecedentes de violencia de género. Había sido denunciado en varias oportunidades y tenía una restricción de acercamiento. Pero no se detuvo. Facundo Solís, de 33 años, llegó a la casa donde estaba su exmujer Mariel Noguera y la mató a balazos. Después se acercó hasta un inmueble contiguo y asesinó a su exsuegra, su excuñada, la hija de su exmujer y a su novio. A todos los ejecutó con su pistola reglamentaria calibre 9 milímetros, que portaba por ser suboficial del servicio penitenciario.
   El año terminó de la peor manera en la provincia, que ya había registrado durante 2017 un incremento en la cantidad de femicidios. El 58% de las víctimas no superaba los 34 años.
Por todas

Chiara, Lorena, Paula, Fernanda, Camila, Mariel, Daiana, Rosalía, Fernanda, Micaela y cientos de mujeres más ya no tienen la posibilidad de defenderse. Once mil mujeres están pidiendo protección a través de las denuncias en Santa Fe. Muchas otras ni siquiera se animan a mencionar el calvario que viven a diario.
   En los últimos tiempos las marchas exigiendo Ni una menos se hicieron cada vez más masivas. La movilización es una expresión potente de la necesidad de poner fin a la violencia machista, y nadie debería estar ausente. Pero también urge que la Justicia tenga una clara mirada de género, mayor presupuesto para los institutos que trabajan en la prevención de la violencia y una apuesta fuerte a una educación basada en derechos; invertir en acciones por la igualdad y el empoderamiento de las mujeres, identificar y terminar con las expresiones del micromachismo, tan metidas en nuestras vidas cotidianas. Y que todas y todos entiendan que de amor no se muere, que el amor no daña ni duele.
Esta tarde, desde todos los barrios de Rosario, ciudadanos comprometidos con el final de la violencia machista se concentrarán en el Monumento a la Bandera donde será el acto central por el Día Internacional de la Mujer.
Porque no podemos permitir que haya Ni Una Menos. Porque vivas nos queremos.

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