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Cumple 250 años la parroquia más antigua de ciudad de Buenos Aires

Se trata de la Inmaculada Concepción, ubicada en San Telmo. Supo ser el templo de los pobres y esclavos. Fue designada el 3 de noviembre de 1769.

Sábado 02 de Noviembre de 2019

La Parroquia de la Inmaculada Concepción, la más antigua de la ciudad de Buenos Aires, cumple este domingo 250 años. El templo significó la primera “extensión de la Catedral hacia los barrios más humildes” y desde sus inicios se vinculó a la población afroporteña al punto de ganarse el mote de “capilla de los negros”.

    Según anunciaron funcionarios, la parroquia será objeto de una “restauración integral” y su ejecución demandará “por los menos cinco años”, según el párroco Gonzalo Benites.

    De estilo románico, la iglesia de la avenida Independencia 910, en la esquina con Tacuarí, ocupa un predio de unos 17 metros de ancho por 63 de largo y en su fachada se destacan la torre campanario de 25 metros de altura.

Si bien ediliciamente es más moderna que otros templos como San Ignacio, se considera la “decana” de las parroquias porque institucionalmente fue designada como tal el 3 de noviembre de 1769, sesenta años antes que el templo jesuítico cuya primera construcción —no obstante— data de fines del siglo XVII.

    Y a pesar de que por el mismo decreto fueron elevadas a la jerarquía de parroquia otras tres iglesias, la Inmaculada es la más antigua porque en 1749 ya era viceparroquia de la Catedral y su pasado como capilla se remonta a 1733.

    “Hasta 1769, toda la ciudad era una sola parroquia, que era la de la Catedral. Había otras “de campaña” pero estaban fuera del ejido urbano, que era muy pequeño y no llegaba más allá de lo que hoy es Lima”, dijo a Télam el párroco Gonzalo Benites.

    “Patrimonialmente, lo más importante de la Inmaculada es la iglesia misma por lo que representa en la historia de la diócesis: la extensión de la atención pastoral directa a un sector con toda clase de carencias y haber sido la primera de administrar sacramentos en el corazón de un barrio humilde”, dijo a Télam la secretaria de la Comisión de Bienes Culturales de la Conferencia Episcopal Argentina, Vanesa Pedreira.

    Dentro de la población vulnerable atendida inicialmente por esta parroquia, estaba “la población negra esclava” que allí residía por ser “una zona de hornos ladrilleros y panaderías que requerían mucha mano de obra” pero también de “libertos pobres que se instalaban en el lugar” por ser terrenos anegadizos de menor valor, contó Benites.

    “De hecho la puerta lateral de Tacuarí era conocida como ‘la de los negros’”, explicó el párroco.

    Hasta mediados del siglo XIX, los bautismos, matrimonios y defunciones de los “no blancos o criollos” se registraron “separadamente”, en actas que aún pueden rastrearse en los libros más antiguos del archivo de la parroquia cuyos lomos tienen la leyenda “Color”.

    Cirio, quien dirige la Cátedra Libre de Estudios Afroargentinos y Afroamericanos de la UNLP, explicó que los actuales barrios de Monserrat y San Telmo en cuyos límites se encuentra la iglesia, “eran llamados ‘del tambor’ o ‘del mondongo’ porque era donde vivía la mayoría de la población negra” que, en su pobreza, se alimentaba con las vísceras descartadas como basura.

    En su libro “Arqueología de Buenos Aires”, Daniel Schávelzon apunta que en la segunda mitad del siglo XVIII, “37% de las familias urbanas tenían africanos en situación de esclavitud” y la población negra representaba “entre 25 y 30% de los habitantes” de las ciudad, proporción que se mantuvo más o menos estable hasta la primera década del siglo XIX,

    “Era una sociedad esclavodependiente con una población blanca ociosa”, agregó Cirio.

    Respecto al culto católico, el antropólogo explicó que “muy tempranamente los negros se apropiaron de esa religiosidad que al principio era impuesta” porque “eran muy hábiles en aprovechar los intersticios en su beneficio” como el descanso dominical o las prácticas devocionales a las que “introdujeron valores culturales propios, como tocar el tambor, bailar y cantar en el atrio en reemplazo de los rezos”.

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