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Cumbre del Clima: Brasil se defiende y pide más dinero para la Amazonia

El ministro de Medio Ambiente de Bolsonaro dijo que los fondos prometidos de los países ricos no llegaron, salvo los de Alemania y Noruega

Lunes 09 de Diciembre de 2019

Brasil dijo en la conferencia del cambio climático COP 25 que no puede detener la deforestación en la Amazonia sin la ayuda de los países ricos. Así lo afirmó el ministro de Medio Ambiente brasileño durante la conferencia de Naciones Unidas en Madrid.

Ricardo Salles, que declinó dar un objetivo para reducir la deforestación el próximo año, dijo a la agencia AP que su país está comprometido con reducir la actividad ilegal, pero necesita el apoyo de los países desarrollados. "Estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario, pero necesitamos esos refuerzos'', dijo Salles. "Esos refuerzos se prometieron hace muchos años y aún estamos esperando a que los países ricos participen de forma apropiada. En realidad, lo que va a hacer falta para esa tarea son fondos proporcionados''.

Durante su asistencia a la cumbre COP25 de dos semanas, Salles intenta dar garantías a otros países sobre la política medioambiental del presidente Jair Bolsonaro.

Bolsonaro ha chocado este año con algunos líderes europeos en torno a su compromiso en la protección de la Amazonia, en medio de un incendio a gran escala de la selva ecuatorial brasileña. El mandatario ha alarmado a los ambientalistas al criticar al organismo regulador de medio ambiente de Brasil y pedir más desarrollo en la región amazónica. También acusó sin pruebas a grupos activistas de provocar incendios en la zona para socavar a su gobierno.

La deforestación en los 12 meses hasta julio alcanzó su tasa anual más alta en 11 años. El reporte brasileño anual de deforestación publicado en noviembre mostró un aumento de la tala de casi el 30 por ciento en comparación con el año anterior en la Amazonía, que perdió 9.760 kilómetros cuadrados. Debe agregarse que ese nivel de deforestación era también alcanzado en los años 2000 por el gobierno de Lula da Silva.

Los países desarrollados deberían ayudar a Brasil, afirmó Salles, señalando al artículo 6 del Acuerdo de París firmado en 2015 sobre la lucha contra el cambio climático. El artículo señala que deben crearse mecanismos de compensación monetaria para ayudar a los países en desarrollo. Brasil ya ha recibido dinero de países ricos, principalmente Alemania y Noruega, para combatir la deforestación en la selva amazónica. Noruega ha donado 1.200 millones de dólares al Fondo Amazónico brasileño desde su fundación en 2008.

Sin embargo, los dos países europeos han suspendido sus contribuciones señalando a la tala continuada y poniendo en duda que el gobierno quiera realmente detenerla. Los gastos del fondo este año fueron los más reducidos desde 2013, según publicó esta semana el diario O Globo, y no se aprobó ningún proyecto a pesar de que el fondo tiene 2.200 millones de reales (530 millones de dólares) disponibles.

Dilema de hierro

Salles ha puesto en duda en el pasado la eficacia del fondo. En la entrevista con AP dijo que Brasil está negociando con los dos países europeos para reiniciar el programa. Se han intercambiado borradores de documentos, señaló, indicando que esperaba reunirse con ellos la próxima semana para comentar los nuevos términos del fondo. Brasil tiene ahora "una estrategia apropiada para el problema de la deforestación'', afirmó el ministro. El gobierno está poniendo más énfasis en equilibrar la protección con los esfuerzos por explotar recursos biológicos que puedan proporcionar medios de vida a la gente en la región amazónica, afirmó. "Si no resolvemos el desarrollo económico para más de 20 millones de brasileños que viven allí, y para la gente que esto sea sostenible, desde una perspectiva tanto financiera como medioambiental, se verán envueltos fácilmente en actividades ilegales'', alertó Salles. "Es un gran esfuerzo atraer al sector privado para que participe'', acotó. El problema no es nuevo: si se prohíbe la tala, muchos pobladores de la Amazonia se vuelcan a la minería ilegal, extremadamente contaminante, o bien a la producción de cultivos ilícitos como el cannabis.

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