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Ciudad del Cabo quiere un iceberg de la Antártida para saciar su sed

Luego de tres años de sequía, las represas están secas y el racionamiento ha empezado. Un privado propone capturar un témpano y remolcarlo

Sábado 30 de Junio de 2018

Después de tres inviernos seguidos casi sin lluvias, la mayor ciudad de Sudáfrica y su capital, Ciudad del Cabo, puede convertirse en la primera gran metrópolis del mundo que se queda sin agua potable. Literalmente, este es el peligro inminente. Un hito negativo que marca el avance del cambio climático, por cierto. La ciudad ha debido imponer severas restricciones al agua de consumo doméstico, al punto que ha debido cambiar las costumbres de sus habitantes. El agua se ha racionado y no se puede consumir más de 50 litros diarios por habitante. Los diques y reservorios están secos o casi, y la situación tiende a agravarse. Ciudad del Cabo, en el extremo sur de Africa, tiene clima mediterráneo, con estaciones marcadas en cuanto a lluvias. El drama es que ese régimen de siglos se ha visto alterado. Ante este cuadro, un privado promete llevar un gran iceberg desde la Antártida para proveer de agua dulce a la ciudad.

   El consumo total de agua de la urbe ha descendido de 600 millones de litros diarios a 507, lo cual ha permitido ganar tiempo y buscar soluciones, que van desde pozos para acceder a corrientes subterráneas hasta la desalinización. Pero sin dudas la más espectacular de todas consiste en traer por mar un iceberg de 70.000 toneladas desde la Antártida hasta la costa de la provincia del Cabo Occidental. Una vez anclado, se le hará un agujero en lo alto para extraer agua, que aún deberá llevarse hasta la ciudad.

   Las autoridades han conseguido la citada reducción del consumo sólo cuando la población ha visto la realidad. Se debió fijar un "Día Cero" en el que la ciudad, de no llover, se quedará oficialmente sin agua. Ese día se cerrarán las cañerías, de las canillas no saldrá ni una gota. El racionamiento en muchas áreas ya se ha iniciado, ante la falta de presión de agua en las cañerías. Las filas de ciudadanos con sus bidones en fila, esperando llenarlos en un camión cisterna se han vuelto cada vez más comunes. Como sea, el "Día Cero" acecha: primero se dijo que ocurriría en abril, luego que en mayo, y ahora que en 2019. Pero más allá de esta fecha, la realidad es palpable: no hay agua dulce para toda la ciudad.

   El turismo, un factor vital en la economía sudafricana, se ha resentido ante la perspectiva de que las piletas de los hoteles estén pronto vacías. Ya se ha perdido un 30% de las cosechas, y los vinos sudafricanos han desaparecido del mercado internacional. Ecologistas proponen la eliminación de árboles no autóctonos como pinos y eucaliptos, porque dicen que "beben" 38 millones de litros de agua por año. Las represas de la ciudad se encuentran a un 28% de capacidad. Ante este cuadro, Nick Sloane, que se dedica al rescate de barcos hundidos, ha presentado un plan para el remolque de uno de los icebergs que todos los veranos se desprenden de la Antártida. El témpano se engancharía con cables a un barco, y sería arrastrado 1.200 millas náuticas hasta el cabo de Buena Esperanza, el punto más meridional de Africa.

   Un solo iceberg podría de proporcionar 135 millones de litros al día durante un año, una cuarta parte del consumo actual. El costo del proyecto se estima en 130 millones de dólares, un nivel razonable. De ese monto la empresa de Sloane dispone ya de un 80%. La idea no es nueva, ya que se contempló el año pasado para combatir la sequía de Abu Dhabi, pero nunca llegó a aplicarse.

   Cada año se desprenden de la Antártida 2.000 trillones de toneladas de hielo, pero sólo un 7% de los icebergs son susceptibles de ser remolcados por un petrolero, con la ayuda de dos barcazas detrás del bloque de hielo, que iría atado por cables y en el curso del viaje perdería alrededor de un 30% de volumen. El destino final sería un punto a 30 kilómetros al oeste de Ciudad del Cabo. Fórmulas más convencionales para abordar el problema como las plantas desalinizadoras requieren una inversión mucho mayor a esos 130 millones de dólares, y no darían resultado hasta transcurridos varios años, mientras que el agua de la Antártida es pura, no requiere ningún tipo de tratamiento antes de ser utilizada y el único costo es el de su traslado.


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