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A los 93 años, ciego pero aún activo, murió Andrea Camilleri

El creador de la célebre saga del comisario Montalbano escribió más de 100 libros y fue traducido a más de 40 idiomas.

Jueves 18 de Julio de 2019

El escritor siciliano Andrea Camilleri, uno de los mayores representantes de la novela negra, creador de la célebre saga del detective Salvo Montalbano y uno de los autores más populares de Italia, con más de 30 millones de ejemplares vendidos, falleció a los 93 años en Roma.

Camilleri murió en el hospital Santo Espíritu de Roma, adonde había sido ingresado el 17 de junio pasado por un paro cardiorrespiratorio que lo tuvo inconsciente y con asistencia respiratoria mecánica desde entonces.

Nacido en 1925 en Porto Empedocle, en la costa siciliana, Camilleri escribió más de 100 libros que fueron traducidos a 40 idiomas y entre los cuales destacan los policiales que protagonizó el poco ortodoxo comisario siciliano Salvo Montalbano, en novelas como "El perro de terracota", "La voz del violín" o la más reciente, que acaba de publicarse en español, "El carrusel de las confusiones".

Ciego desde hace años por un glaucoma y fumador de unos 60 cigarrillos al día, tenía listo hace tiempo el final de la serie dedicada al comisario siciliano.

Fue con la novela "La forma del agua", que editó en 1994 a sus 69 años, cuando marcó el punto de partida de la célebre serie policial que hasta el momento integran 28 títulos y cuyo nombre del personaje principal, Salvo Montalbano, tomó como un homenaje al escritor español Manuel Vázquez Montalbán y sus libros del detective Carvalho.

"Si pudiera, me gustaría terminar mi carrera sentado en una plaza contando historias y al final de mi cuento pasar a través del público con la gorra en la mano", recordaba ayer el diario romano La Repubblica que rescata sus últimas entrevistas. Así respondía Camilleri a quienes le preguntaban por qué, cuando ya tenía 93 años, aún no se había decidido a jubilarse; por qué, a pesar de los ojos que hacía tiempo que se habían apagado, seguía mezclando realidad y fantasía en su excepcional lenguaje, el "vigatese" (que solo se habla en Vigata, una ciudad imaginada por Camilleri). "No puedes dejar de hacer lo que naciste para hacer", decía. Y el maestro siciliano nació para contar historias. Y lo hizo a pesar de sus años y de su enfermedad, dejándose guiar en la página en blanco por su asistente, Valentina Alferj, guardiana de la lengua y de los secretos de Montalbano.

Ya ciego, subió al escenario del Teatro Griego de Siracusa para interpretar a Tiresias, el adivino ciego que aparece en la Odisea para mostrarle a Ulises el camino de regreso. Un personaje ciego pero capaz de arrojar luz sobre sus propias palabras. Algo que hizo incluso en los últimos días, mientras preparaba su debut en las romanas Termas de Caracalla, con el espectáculo "Autodefensa de Caín". Y lo hizo, sobre todo, dando cuerpos y misterios como alimento a Salvo Montalbano, el personaje que acompañó sus últimos 25 años de vida. Y que continuará: hay otro volumen de Montalbano a la espera de ser publicado. Camilleri lo escribió hace años y lo entregó a su editorial con la obligación de publicarlo sólo después de su muerte.

Visita a la Argentina

Sin embargo, la carrera de Camilleri comenzó mucho antes de alcanzar la etiqueta del gran narrador de la novela negra mediterránea: dio clases en la Academia de Arte Dramático, durante cuatro décadas fue guionista y director de teatro y televisión y debutó como novelista en 1978 con la novela histórica "El curso de las cosas". Su primer libro, "I teatri stabili in Italia (1898-1918)", lo publicó en 1959; allí aparecen referencias a la Argentina, que visitó en épocas de Raúl Alfonsín, cuando presentó un espectáculo en el Teatro Nacional Cervantes. Su visita lo llevó a decir: "Acá son todos hijos de italianos, o casi".

En "Montalbano & Montalbán", se reúnen las conversaciones entre Camilleri y su amigo Vázquez Montalbán (muerto en 2003). Allí el italiano se refería a sus primeros pasos: "Empecé a escribir instintivamente, a los diez, doce años. Naturalmente escribía poesías, esas que todos escriben, a la madre, a Mussolini... yo soy del 25, imaginate...vivíamos toda el aura del fascismo. Era hijo único y a menudo sufría enfermedades infantiles, debía estar en cama y leía comics. Los libros de mi padre eran los de Conrad, Melville, con ellos comencé. Más tarde tuve la suerte de encontrar una profesora inteligente que me dijo (yo había descubierto a D'Annunzio), ‘hay más lecturas para hacer'. Y me hizo leer a Montale, Ungaretti, Saba, un verdadero hallazgo".

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