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A 10 años del sismo que la devastó, L' Aquila no se repone

La antigua urbe medieval recibió masivos fondos de auxilio, pero su centro histórico sigue siendo un lugar deshabitado y lleno de obras sin terminar.

Domingo 07 de Abril de 2019

A las 03.32 de la madrugada del 6 de abril de 2009, un devastador terremoto despertó a los residentes de la ciudad italiana de L'Aquila y los pueblos aledaños. El sismo dejó 309 muertos y más de 1.500 heridos, así como una devastación impresionante del casco histórico de la antiquísima ciudad.

   Uno aquellos sobrevivientes, Paolo Paolucci, un residente de la pequeña aldea de Onna, logró poner a salvo a su mujer y a sus hijos. "Aquel día, conquistamos a la muerte", asegura diez años después, en el inicio de la conmemoración del sismo, un evento donde los supervivientes tendrán tiempo para no solo para recordar a sus seres queridos, sino para condenar los escándalos de corrupción que mancillaron los esfuerzos de reconstrucción.

   Miles de personas han marchado de madrugada por las calles del centro histórico, iluminando L'Aquila, para luego reunirse en Piazza Duomo, en el corazón de la ciudad, para escuchar 309 tañidos de campana en memoria de las víctimas del 6 de abril.

   Las autoridades, desde el primer ministro, Giuseppe Conte, hasta el nuevo gobernador de la Región, Marco Marsilio, hasta el alcalde Pierluigi Biondi, asisten a la ceremonia en los escalones de la iglesia recientemente renovada Santa Maria del Suffragio.

   En la localidad de Onna, la destrucción todavía es visible. Los techos de los edificios de piedra están derrumbados, faltan muros enteros. Los edificios residenciales permanecen inhabitables en una ciudad histórica, elegida en su día por la canciller alemana, Angela Merkel durante su visita.

Esperando la normalidad

Para la mayoría de los residentes, la vida en Onna aún no ha vuelto a la normalidad: Paolucci, un jubilado que sirve a la comunidad como un líder informal, todavía vive en una casa de madera improvisada que se suponía que era una solución provisional. "El dolor sigue ahí", dice Paolucci. "Pero también hay esperanza. Al final, todavía hay la determinación de volver a casa".

   En L'Aquila, el esfuerzo de reconstrucción ha sido testigo de escándalos de corrupción y de personas que capitalizan la catástrofe. La revista L'Espresso calculó cuánto dinero se "quemó" en el período posterior al terremoto y antes de que comenzara la reconstrucción.Los suburbios de la antigua ciudad crecieron a su alrededor luego del terremoto. Se trata de la Ciudad Nueva, llamada así en octubre de 2009: son 185 estructuras construidas sobre una placa de hormigón y divididas en diecinueve zonas, 4.499 viviendas antisísmicas, la última de las cuales fue entregada en febrero de 2010, y donde hoy viven 17 mil personas, la mayor parte de las 64.000 personas desplazadas que se contabilizaron en los días posteriores al desastre de hace 10 años. Este modelo de vivienda es considerado una plaga para la mayoría de los colegios profesionales involucrados, desde ingenieros hasta arquitectos y urbanistas, pero para muchos es más bien un mal necesario. En todo caso, este complejo habitativo es el legado más conspicuo del terremoto y la emergencia que siguió al sismo del 6 de abril de hace 10 años aún hoy se mantiene

   Los ciudadanos a día de hoy no se explican cómo, diez años después y con más de 20.000 millones de euros de gastos, el casco antiguo de L'Aquila todavía está bajo reparaciones. En las estrechas calles del centro de la ciudad el vacío es tangible. Una densa red de andamios entre los edificios bloquea la vista del cielo. El aire huele a pintura y cemento húmedo, llevando una ligera nube de polvo.

Tierra de nadie

"Es una tierra de nadie", dice una mujer llamada Moira. Ella y su amiga Gianluca rara vez vienen aquí, porque lo que antes había sido el centro de la ciudad ya no existe. Y la pareja tampoco cree que vaya a regresar. Algunas personas se han aventurado de regreso, abriendo una cafetería aquí, un restaurante allí, y hasta una tienda de instrumentos musicales.

   Pero no hay clientes a la vista. Las calles están llenas solo de obreros de la construcción con sus vehículos. Por la noche la zona está oscura y desierta. Ahora, la vida en L'Aquila tiene lugar a las afueras de la ciudad.

   Muchos residentes de Onna no tuvieron que evacuar la aldea, solo se mudaron a unas pocas calles, pero también se vieron afectados por el trauma. Una de las nuevas calles que pasan por un asentamiento de casas de madera ha sido nombrada "Víctimas del 6 de abril" y otra "Calle de reconstrucción". Entre los edificios hay un monumento llamado "Madonna del Recuerdo" que se encuentra en el lugar donde los cuerpos de los muertos fueron traídos por primera vez.

   La estatua de la Virgen en la iglesia de Onna también es un recordatorio del terremoto. Unos días después de la catástrofe, contó Paolucci, echó un vistazo a la iglesia y vio que la estatua había resistido la destrucción, ilesa. Todas las estatuas de los otros santos habían caído al suelo. Paolucci dice que a menudo le preguntan: "Tú, que siempre estás entre los santos y la Virgen, ¿puedes preguntarles dónde estuvieron en la noche entre el 5 y el 6 de abril?". Su respuesta es que corría descalzo y en pijama entre los escombros, sin sufrir siquiera un rasguño. En un libro que recuerda el terremoto, escribe: "Se suponía que estábamos muertos, pero en cambio estamos aquí para contar la historia".

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