Jueves 26 de Junio de 2014
La periodista alemana Greta Taubert, de 30 años, renunció durante un año a la sociedad de consumo. Comer, beber o vestirse sin gastar un euro fue el desafío que se propuso la joven reportera, quién quería experimentar qué pasaría si la crisis terminara por destrozar el sistema económico.
Lo primero que Taubert quiso comprar después de terminar su huelga fueron un par de medias y productos de higiene personal. La chica había aguantado un año gracias a la fabricación casera de desodorantes, cremas para la cara y dentífricos cien por ciento naturales.
Sin embargo, Greta reconoció que su experimento estaba teniendo consecuencias a nivel social, ya que confesó: "Empezaba a parecerme al hombre de Neandertal. Y las personas que me conocen decían: '¡Ahora sí que has llegado demasiado lejos'!".
Greta Taubert es una periodista independiente que hizo del trueque su única forma de subsistencia económica durante un año, cavó la tierra para plantar repollos y patatas en una huerta colectiva y recorrió a dedo más de 1.700 kilómetros para pasar las vacaciones en una vivienda de okupas en Barcelona. La joven aprovechó la experiencia para escribir un libro "¡Apocalipsis ahora!" en el que narra su vida lejos de la sociedad de consumo.
Greta Taubert está convencida de que la crisis en Europa ha provocado una toma de conciencia de los límites del modelo económico actual. "Creo que la gente comprendió que no se ha solucionado nada con los planes de rescate y ni con el Mecanismo Europeo de Estabilidad", sentencia. "Nuestro sistema económico se basa en la perspectiva de un crecimiento infinito pero nuestro mundo ecológico es limitado: El mantra del más, más, más no nos va a llevar muy lejos", asegura la periodista alemana.
En Alemania y en otros países se multiplican las iniciativas basadas en una economía solidaria: con páginas web dedicadas a recoger alimentos, negocios donde todo es gratuito o lugares para dejar los libros usados. En su año de vida alternativa, Greta probó también los inodoros secos, que no utilizan agua y reciclan los excrementos. "Hoy en día intento integrar en mi vida cotidiana lo que he aprendido durante este año pero estoy contenta de no vivir tan radicalmente", concluye.