Sábado 24 de Diciembre de 2016
Un obstetra francés, Pierre-Emmanuel Bouet del Centro Hospitalario de la Universidad de Angers, Francia, quedó asombrado al ver la ecografía de una de sus pacientes: dos piernas sobresalían por el costado del útero. Eran las extremidades del bebé que estaba gestando.
Las paredes del órgano se habían roto. Era el caso número 27 registrado en la historia de la medicina.
Según Bouet, como consecuencia de sus cinco cesáreas previas, las paredes del útero de la mujer habían desarrollado una rigidez mayor a la habitual.
La pared del útero se rompió cuando fue imposible que continuara expandiéndose.
Afortunadamente para la mujer, las piernas del su bebé actuaron como tapones, impidiendo una hemorragia que hubiera resultado letal para ambos. Hoy, el niño está vivo y crece normalmente.