Viernes 09 de Mayo de 2014
Un casco que envía impulsos electromagnéticos podría ser la solución para ese 30 por ciento de personas que sufren depresión en el mundo y donde las terapias con medicación o psicológicas no han dado resultado.
Al menos así lo señala un estudio hecho realizado por el Departamento de Medicina Celular y Molecular de la Universidad de Copenhague y el Centro de Psiquiatría de North Zealand. Publicado en la revista Acta Neuropsychiatrica, la investigación científica destaca que la clave está en que el nuevo dispositivo ataca a las células de la sangre que no funcionan bien en el cerebro.
En pruebas clínicas con el casco que se realizaron sobre una población de 65 pacientes resistentes a los actuales tratamientos para la depresión, dos tercios de los voluntarios informaron que sus síntomas desaparecieron y que tras una semana las mejoras en el estado de ánimo eran notables. Los pacientes continuaron tomando su medicación durante las ocho semanas de la prueba.
"Se estaban sintiendo bien, estaban funcionando bien, pudieron volver a trabajar", cuenta Birgit Straaso, jefa médico en Hillerod. "El casco es increíble", dice por su parte Annemette Ovlisen, artista gráfico que durante 16 años sufre de depresión recurrente y participó en la prueba. Así, la mayoría de los pacientes del ensayo dijeron que los síntomas de la depresión desaparecieron tras el uso del casco.
El casco. El dispositivo cuenta con siete bobinas que suministran una dosis de campos electromagnéticos pulsátiles transcraneal (T-PEMF) a los tejidos del cerebro. Los impulsos son tan pequeños que el paciente no puede detectar ninguna sensación, y el único efecto secundario hasta ahora es una pequeña y ocasional náusea que desaparece inmediatamente después del tratamiento.
El profesor Steen Dissing, de la Facultad de Ciencias para la Salud de Copenhague, es el principal arquitecto del casco. "Imita los campos eléctricos en el cerebro y activa el mecanismo de curación del cuerpo".
Los impulsos activan los capilares del cerebro, que forman nuevos vasos sanguíneos y secretan las hormonas del crecimiento. "Creemos que la razón por la que funciona tan bien es porque imitamos los signos eléctricos que van al cerebro y descubrimos que estas señales se comunican con los vasos sanguíneos", explica Dissing. "Y los vasos sanguíneos se comunican con el tejido de la sangre. Descubrimos esa vía de comunicación".
En la prueba, 34 pacientes recibieron media hora de T-PEMF una vez al día, y 31 pacientes tuvieron dos dosis al día por la misma cantidad de tiempo. Los especialistas también descubrieron que el tratamiento tenía el beneficio añadido de mejorar la tolerancia de los pacientes hacia los fármacos antidepresivos.
Actualmente están solicitando permiso a la Unión Europea para empezar a comercializar el casco en cuestión de un año, ya que consideran que el potencial de demanda es enorme.