Jueves 21 de Mayo de 2009
El Cairo.- Un magnate de bienes raíces vinculado con el hijo del presidente egipcio Hosni Mubarak fue sentenciado a muerte el hoy por ordenar el asesinato de una estrella del pop libanesa que había sido su amante.
Hisham Talaat Moustafa, miembro del gobernante Partido Nacional Democrático, fue acusado de pagarle a un ex oficial de la Seguridad Estatal egipcia 2 millones de dólares para matar a Suzanne Tamim en Dubai. La diva de ojos verdes, que tenía 30 años al momento de su muerte en julio del año pasado, alcanzó el estrellato a finales de los 90 con sus seductores bailes y larga cabellera castaña.
Pero enfrentó malas épocas, separándose de su esposo y agente libanés, quien presentó una serie de demandas en su contra.
Moustafa, quien está casado, y Tamim, fueron amantes antes que la relación se deterioró. El caso, un relato sensacional de un hombre con sed de venganza tras haber sido abandonado por una amante en la que gastó millones de dólares, a los ojos de muchos egipcios sirvió como una prueba crucial para demostrar si la elite del país estaba por encima de la ley. Provocó un torbellino mediático.
El ex oficial, Mohsen el-Sukkary, también fue condenado y sentenciado a muerte en una sesión de la corte que rápidamente se tornó caótica mientras la policía y los parientes de Moustafa se enfrentaron con reporteros que buscaban una reacción de los acusados.
Las dos hijas de Moustafa rompieron en llanto tras escuchar el veredicto, y su hermana se desmayó.
“Este veredicto es cruel”, declaró fuera de la corte Sameer el-Shishtawi, uno de los abogados de Moustafa. Dijo que apelará y que confía en que el fallo se anulará.
En el distrito de clase media de Tamim, Aisha Bakkar, en Beirut, una fotografía de la cantante asesinada aún cuelga de la puerta de la casa de su familia.
Najib Liyan, quien se identificó como abogado de la familia, dijo a la AP que estaba “agradecido por el veredicto”.
“No dudamos de la justicia”, dijo Liyan. Aun así, añadió, “nadie puede estar contento por una muerte, ya sea un crimen o una pena de muerte”.
Tanto Mousatafa como el-Sukkary se habían declarado inocentes. La sentencia de muerte aún debe ser certificada por el máximo funcionario religioso del gobierno, el gran muftí. Los acusados pueden apelar dentro de los 60 días siguientes al fallo del muftí, el 25 de junio según fijó el juez.