Un caso de pedofilia estalló en la basílica preferida por el Papa
Un sacerdote de EEUU convivió con un veinteañero en la iglesia Santa María la Mayor, en Roma. El protagonista, de 74 años, ya fue expulsado

Martes 13 de Diciembre de 2022

Un nuevo escándalo de pedofilia sacudió al Vaticano, centrado esta vez en la basílica pontificia Santa María la Mayor, de Roma, de la cual es devoto el Papa Francisco y donde estuvo hace pocos días.

El protagonista del bochorno es el monseñor norteamericano John Anthony Abruzzese, de 74 años, canónico de la basílica, quien ya fue expulsado de su cargo y de la Ciudad del Vaticano por una orden definitiva. Se lo responsabilizó de convivencia “non sancta” en su alojamiento con un joven italiano apenas mayor de edad, a quien se identificó como “Roberto”, pero que no es su nombre verdadero.

El joven fue víctima de, al menos una década de abusos sexuales por parte de un cura en Sicilia, y tras esa experiencia de niño y adolescente, apareció recomendado en la basílica y pasó a convivir con el canónico Abruzzese.

La historia fue denunciada por el matutino romano Domani, en una investigación de la periodista Federica Tourn.

Las cuatro basílicas pontificias se encuentran en Roma y son extraterritoriales, la soberanía corresponde al Estado Ciudad del Vaticano y se rige por sus normas y no por las del orden jurídico italiano.

Santa María la Mayor está en el céntrico barrio Esquilino, junto al palacio que es sede de la embajada argentina ante el gobierno italiano.

El canónico John Abruzzese, originario del estado de Massachussets, como sacerdote ejercía en la arquidiócesis de Boston, fue convocado a mediados de febrero por el comisario extraordinario de la basílica, monseñor Rolandas Makrickas.

Lo esperaban también el archiprete de la basílica, el cardenal Stanislaw Rylko y el arzobispo Piero Marini. Un comité de recepción que inquietó al canónico.

Abruzzese recibió una carta del 7 de febrero firmada por el sustituto de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, el monseñor venezolano Edgar Peña Parra, en la que se le anunció que había sido despedido y debía regresar a su diócesis de Boston.

No había explicaciones pero todos sabían de qué se trataba. Al canónico se lo acusaba, pero sin ningún proceso, de compartir su alojamiento con un joven italiano veinteañero que había sufrido nueve años de abusos sexuales en Sicilia por parte de un cura cuyo nombre nunca fue publicado.

La expulsión del canónico de la basílica pontificia fue justificada por el alto prelado de la secretaría de Estado, uno de los principales consejeros del Papa, en el artículo 11 del estatuto de Santa María la Mayor. Allí se prescribe que después de tres llamados de atención sea alejado de la basílica el religioso que “conduzca un estilo de vida que no corresponde a la dignidad y disciplina del capítulo”.

En la carta se recuerda que “tras los reiterados y desatendidos reclamos” del archiprete de la basílica “en presencia además de testigos” el sustituto se ve obligado a destituir a monseñor Abruzzese.

En la misiva se anuncia que el arzobispo de Boston, el influyente cardenal Patrick O’Malley, “ha sido advertido”.

El 21 de febrero John Abruzzese apeló ante el Papa contra la decisión y defendió su inocencia.

En primer lugar explicó a Francisco que jamás recibió los “repetidos y desatendidos reclamos” y mucho menos “en presencia de testigos”.

Abruzzese señaló al pontífice argentino que en la carta del sustituto de la Secretaría de Estado no se aclara cuál es la acusación que justifica la “terrible decisión” y sostuvo que unos meses atrás el archiprete de la basílica, cardenal Rylko, le dijo que debía quitar a “Roberto” de su alojamiento (fue partir del 11 de enero, y no se sabe qué fue de su vida) pero que no le hizo ninguna “advertencia canónica” ni recibió ninguna documentación de las acusaciones que llevaron a su expulsión de la basílica y del Vaticano, que dejó el 26 de abril, cuando la gendarmería pontifica le notificó la prohibición del acceso al Vaticano y tampoco se supo más de él.