Trastornos sensoriales en 20 por ciento de niños
Dos de cada diez chicos en edad escolar de nuestro país presentan trastornos sensoriales que en la mayoría de los casos son difíciles de diagnosticar porque los padres los asocian con problemas de conducta o caprichos, en vez de una falta de madurez neurológica. Así lo reveló un informe del Hospital Elina de la Serna, de la ciudad bonaerense de La Plata...

Lunes 08 de Septiembre de 2008

Dos de cada diez chicos en edad escolar de nuestro país presentan trastornos sensoriales que en la mayoría de los casos son difíciles de diagnosticar porque los padres los asocian con problemas de conducta o caprichos, en vez de una falta de madurez neurológica.

  Así lo reveló un informe del Hospital Elina de la Serna, de la ciudad bonaerense de La Plata, que precisó que cerca de 70 chicos son atendidos por semana en sesiones individuales en ese centro de salud, por distintas disfunciones sensoriales y cognitivas.

  El estudio reveló que el 20% de los chicos en edad escolar estudiados y diagnosticados padece algún tipo de trastorno sensorial, que afecta su vida social.

  La licenciada en terapia ocupacional Carolina Bellingi, especialista en integración sensorial, sostuvo que "esas alteraciones comienzan a desarrollarse muy temprano y hacen que alguna de las área de respuesta del chico deje de funcionar".

 

No patear una pelota. Bellingi indicó que "eso se manifestará por ejemplo, en un trastorno de conducta en la escuela o de motricidad que puede hacer que hasta que el nene a lo mejor no pueda patear una pelota".

  Las disfunciones más comunes son los problemas de conducta, déficits de atención, hiperactividad y problemas en el habla, que desembocan generalmente en problemas de conducta o bajos rendimiento escolares.

  Por eso, es en la escuela y en los hogares donde esos trastornos se detectan con mayor facilidad, y hacia ambos apuntan las estrategias de detección temprana.

 

Dispraxias. Entre los trastornos sobresalen las denominadas dispraxias, que son diversas dificultades en la organización de los pasos para llevar adelante acciones.

  Esas dispraxias se evidencian en cuestiones cotidianas como chicos que no pueden atarse los cordones, que no colaboran para vestirse, que lloran sin pausa, se tiran al suelo o se niegan a bañarse o a recibir un beso.

  Bellingi indicó que "si estas deficiencias no se tratan a tiempo, el costo emocional o psicológico para el chico puede ser grave". Agregó que "pueden generarse problemas cognitivos y complicaciones en la relación con los demás y eso, se traduce en una baja autoestima que es totalmente evitable". Por eso, los médicos consideran que es ideal que los tratamientos comiencen antes de los siete años, cuando el sistema nervioso del niño no terminó de madurar. (Télam)