"Tierra de nadie" en Japón muestra la pesadilla nuclear
Hace casi 10 meses, Fukushima estaba saliendo apenas de las nevadas invernales cuando ocurrió el desastre: un terremoto de 9 grados de magnitud, el más fuerte registrado en la historia de Japón, seguido por un tsunami.

Miércoles 28 de Diciembre de 2011

Hace casi 10 meses, Fukushima estaba saliendo apenas de las nevadas invernales cuando ocurrió el desastre: un terremoto de 9 grados de magnitud, el más fuerte registrado en la historia de Japón, seguido por un tsunami. La masa colosal de agua destruyó gran parte de la costa noreste el 11 de marzo. En la región noreste de Fukushima, se estaba gestando un desastre distinto: tres reactores de la planta nuclear de Fukushima Dai-ichi se estaban derritiendo, dañados irreparablemente por el gran temblor.

En estos días, cuando la nieve comienza a caer de nuevo, el gobierno ha anunciado que la planta ha alcanzado un nivel de estabilidad llamado "parada en frío". Unos 3.000 trabajadores -entre obreros, ingenieros y técnicos- acuden a esas instalaciones cada día.

La destrucción del tsunami sigue siendo visible por doquier. Camiones destrozados, volcados por el mar, permanecen abandonados junto a los caminos dentro del complejo. Hay montones de escombros donde se derrumbaron las paredes de las estructuras del reactor y muchos charcos siguen cubriendo partes del lugar.

En los pueblos fantasmas que rodean Fukushima Dai-ichi, las enredaderas han avanzado por las calles, mientras vacas y perros abandonados deambulan por los campos. Pollos muertos se pudren en los gallineros.

Las decenas de miles de personas que antes vivían alrededor de la planta huyeron. Desde entonces viven amontonadas en gimnasios, aulas de escuelas primarias, en literas con amigos y a veces durmiendo en sus coches, mudándose de un lugar a otro en búsqueda de alternativas.

Esa realidad contrasta fuertemente con las imágenes mostradas por el gobierno del entonces primer ministro Naoto Kan sobre la reacción estatal ante el desastre.

Además, un panel de expertos concluyó anteayer que la respuesta a la crisis nuclear que siguió al tsunami estuvo plagada de suposiciones erróneas y falta de preparación, tanto por parte de la empresa administradora de la planta de Fukushima como de los funcionarios gubernamentales.

Quienes vivieron en el perímetro de la planta nuclear solían recibir de vez en cuando folletos en el correo que explicaban que esto podría suceder algún día. La mayoría de la gente los veía como correo basura, así que los desechaban tras darles un vistazo, en el mejor de los casos.

Quienes sí los leyeron dicen que los volantes estaban redactados siempre con un tono tranquilizador, al indicar que aunque ocurriese un accidente nuclear catastrófico, lo que era muy poco probable, sólo habría una evacuación temporal de la zona.

Nunca llegaron a insinuar que podrían pasar años o décadas antes de poder volver.

Por estos días, en la mayoría de los refugios, la comida se reparte al estilo militar, en horas fijas. El espacio personal es muy limitado, apenas para encajar un sillón. La necesidad de que todos duerman juntos significa un coro de ronquidos que hace intermitente el sueño, en el mejor de los casos. Los baños son públicos, hacinados y oscuros.

Aún se desconoce la cantidad total de radiación que liberó la planta. El impacto de la exposición crónica a bajas dosis de radiación en los alrededores sigue siendo cuestión de debates científicos.

Estudios recientes muestran que Japón sigue subestimando la magnitud de la catástrofe, algo que podría tener graves implicaciones sanitarias.

De acuerdo con un estudio dirigido por Andreas Stohl, del Instituto Noruego para la Investigación del Aire, a la atmósfera llegó el doble del radiactivo cesio-137 -un agente cancerígeno- de lo que Japón había anunciado, y que alcanzó un nivel equivalente al 40 por ciento del total del que emanó de Chernobyl.

El Instituto Francés para la Protección Radiológica y la Seguridad Nuclear halló 30 veces más cesio-137 lanzado al Pacífico que lo que ha reconocido el propietario de la planta.

Según un plan de trabajo detallado, el operador de la planta -Tokyo Electric Power- eliminará el combustible nuclear derretido, la mayoría del cual se cree que cayó a la parte inferior del núcleo o incluso hasta el fondo de la zona de contención, más grande y en forma de vaso.

El desmantelamieno de la planta tomará unos 40 años.

La harían estatal. El ministro de Comercio e Industria de Japón, Yukio Edano, instó ayer a Tokyo Electric Power a considerar estar temporalmente bajo control estatal.

La mayor empresa energética de Japón enfrenta masivos costos de compensación y limpieza después del terremoto. Fuentes de Reuters dijeron este mes que el gobierno japonés podría inyectar alrededor de 13.000 millones de dólares en Tepco a partir del próximo verano boreal, en una nacionalización a través de la compra de acciones recién emitidas de la compañía por parte de un fondo de rescate estatal.