Jueves 25 de Noviembre de 2010
El desalojo de un campo ordenado por un juez formoseño derivó anteayer en un grave incidente entre un centenar de policías y una treintena de aborígenes de la etnia toba (qom, en su lengua originaria), que terminaron con un toba y un oficial policial muertos, a los que ayer se sumó el deceso de un segundo integrante de esa comunidad aborigen, mientras otro permanece en estado de coma.
“Los aborígenes cortaron la ruta nacional 86 el 25 de julio en reclamo de la propiedad de la tierra y del cumplimiento de la ley nacional número 26.160 de emergencia de los pueblos originarios, y permanecieron allí casi cinco meses”, informó ayer Marina Carabajal, periodista del diario La Mañana, de Formosa, sobre el origen de los sucesos que estallaron trágicamente anteayer en colonia La Primavera, a 170 kilómetros al norte de la capital provincial.
El prolongado corte dividió a la sociedad formoseña entre los aborígenes y quienes apoyan sus reclamos, por un lado, y los productores, algunos comerciantes y el gobierno provincial, por el otro. “El gobernador (Gildo Insfran) es de Laguna Blanca, en el norte, y tiene que pasar por allí. Ya había mucho cansancio con el corte. En su localidad se hace la Fiesta Provincial del Pomelo, que este año tuvo menos gente por el corte, y muchos comerciantes se quejaron”, explicó la cronista formoseña, en diálogo telefónico con La Capital.
A la altura del corte de la ruta 86 está el campo de la familia Celía, que denunció la usurpación y pidió el desalojo, además de protagonizar algunos incidentes con los aborígenes durante estos casi cinco meses.
“La Gendarmería se ubicó a 500 metros a cada lado del corte, como para que no hubiera problemas. Quedó un kilómetro en el que los aborígenes cortaron el alambrado y entraron al campo de los Celía. Este ganadero denunció el delito de usurpación y dijo que había intrusos y gente armada. Los tobas son cazadores y tienen escopetas y rifles”, informó el periodista Jorge Arévalos, corresponsal del diario La Mañana en Clorinda.
“Los Celía denunciaron que los aborígenes cortaron el alambrado y entraron en un camión liderados por Félix Díaz, en la comisaría de Laguna Blanca, situada a cuatro kilómetros. Desde allí partieron a la mañana el comisario Cajex con cinco policías y cuando llegaron hubo insultos, golpes y palazos, y dos efectivos perdieron sus armas, según la versión oficial”, narró Carabajal.
Desenlace fatal. “El juez Raúl Mauriño, de la segunda Circunscripción de Clorinda, ordenó a la tarde de anteayer desalojar el campo y abandonar los edificios construidos, y recuperar las armas policiales y cualquier otra arma de fuego”, contó la cronista.
“Los policías eran 50 de Formosa más los de Clorinda, que no dijeron cuántos eran, pero según el líder toba Félix Díaz eran más de cien, entre Infantería, Antimotines y de civil”, abundó.
El choque entre el centenar de policías y la treintena de aborígenes terminó con el oficial principal Ever Falcón, de 34 años, y el aborigen Roberto López, de 53 años, muertos por disparos.
“Tanto el aborigen como el policía murieron por disparos de armas de fuego, pero no informaron dónde recibió el disparo el toba y sólo mostraron la foto del policía”, adivirtió Carabajal.
“El juez estaba presente cuando mataron al policía, pero después se inhibió para seguir actuando en la causa”, agregó Arévalos.
Y ayer murió el aborigen Sixto Gómez, por un disparo, y que también había sufrido una fractura de cráneo. El cacique Félix Díaz denunció un virtual fusilamiento: “Sixto Gómez ya estaba en el suelo cuando un policía le tiró a mansalva”. El choque también dejó en estado de coma al aborigen Samuel Garcete, de 50 años, y a dos policías heridos, uno de ellos con un flechazo en la clavícula y otro con un puntazo en el pecho, pero ambos fuera de peligro.
Luego sobrevino la detención de 29 aborígenes, 19 hombres y diez mujeres. “El 60 por ciento de las mujeres tienen entre 50 y 60 años”, agregó la cronista.
Acusaciones cruzadas. “Ambos lados se acusan de haber tirado primero, algo que es muy difícil saber. El desalojo era algo que se veía venir porque la tolerancia estaba al límite, pero esto se les fue de las manos. Los aborígenes estuvieron a 45 grados a la sombra en verano y con temperaturas bajo cero en invierno, con tormentas y granizo. Si se aguantaron todo eso no se iban a ir con las manos vacías”, analizó la periodista.
Sobre las causas de la tragedia, Carabajal advirtió que “el gobierno acusa a la oposición de fogonear el conflicto, pero deberían dialogar. La Iglesia se ofreció para mediar, pero no fue escuchada”.
Jorge Arévalos contó que “Félix Díaz (líder toba y funcionario local del Inadi) se refugió en el monte junto a otros indígenas porque teme por su vida”. l