Son cada vez más las cafeterías que permiten a los parroquianos llevar a su gato
Algunos bares permiten que los clientes ingresen junto a sus animales que tienen permitido deambular por el lugar, ronronear y hacerse nuevos amigos.

Miércoles 05 de Marzo de 2014

Los gatos y sus dueños pueden salir de bares. No es broma, ahora en las cafeterías se puede escuchar los maullidos o el ronroneo de un gato o verlo deambular entre las mesas buscando refugiarse contra alguna pierna o buscando les hagan cosquillas con sus bigotes.

Se denomnan “cat-café” o “cafeterías gatunas”, en los que conviven fugazmente y se prodigan mutuas atenciones,  visitantes humanos y anfitriones felinos, y que están proliferando en todos los continentes. Ciudades como Viena, Londres, Taipei, Tokio, San Petersburgo, Budapest o Múnich ya tienen algún local de este tipo. Dos de los más recientes han abierto sus puertas en París y Madrid.
 
En uno de los distritos más elegantes de la capital francesa ha comenzado a funcionar el "Café de los Gatos",  donde los comensales pueden disfrutar de una gran repostería en compañía de una docena de gatos residentes en el lugar, que zigzaguean entre las concurridas mesas o se acurrucan en los mullidos sillones.
 
El establecimiento cuenta con una colonia de gatos que han sido abandonados o acogidos en centros de rescate de mascotas. 
 
Para Margaux Gandelon, gerenta del café, "lo prioritario en este café es el bienestar de los animales", a tal punto que los clientes "tienen prohibido someter a los gatos a una tensión excesiva y, aquellos que no respeten las normas, incluso pueden ser invitados a irse, aunque con los animales hay más indulgencia porque "los gatos son gatos"", comenta la francesa.