Según una encuesta, los padres temen hablar de sexo con sus hijos
Siete de cada diez padres  tienen miedo de hablar de sexualidad con sus hijos y creen que la  escuela y los medios de comunicación están más capacitados para  responder las dudas de los adolescentes sobre el sexo, reveló hoy  una encuesta del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam).

Jueves 11 de Junio de 2009

Buenos Aires- Siete de cada diez padres  tienen miedo de hablar de sexualidad con sus hijos y creen que la  escuela y los medios de comunicación están más capacitados para  responder las dudas de los adolescentes sobre el sexo, reveló hoy  una encuesta del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam).

El estudio cualitativo realizado a padres, varones y mujeres  de adolescentes de ambos sexos y que fue difundido hoy, señaló  además, que la mayoría de los adolescentes manifestaron que a  pesar de saber que a sus padres no les gustaría que se iniciaran  sexualmente, lo harían igual sin consultarles ni avisarles.

La investigación destacó que los adultos a la hora de hablar  de sexo con sus hijos temen que informarlos pueda dañarlos y  tienen la fantasía, de que el diálogo propicie la actividad  sexual.

Otros de los temores que manifiestan los padres es no ser  capaces de hablar correctamente de sexualidad por falta de  conocimientos y esperan que aparezca un interlocutor más idóneo,  ya sea en la escuela o en los medios de comunicación.

Andrea Gómez, psicóloga del Celsam, añadió que “en un tercio  de las familias entrevistadas el tema de la sexualidad queda  directamente excluido de los diálogos familiares”.

Gómez sostuvo que “esos padres deciden no hablar y evitan  todos los temas que tengan que ver con el sexo de sus hijos. En  ese silencio convive la ambivalencia de sentir a sus hijos muy  chicos para hablarles o por el contrario, muy maduros y  conocedores de esos temas”.

Otro tercio de los padres encuestados, sostiene que hablan con  sus hijos de sexualidad pero en realidad, imparten mensajes  dogmáticos y prohibiciones sin permitir el diálogo y el  intercambio de opiniones.

Gómez consideró que “un monólogo controlador o un silencio  absoluto, son estilos no recomendables para cuidar a los hijos” y  precisó que “ellos cuando perciben esa postura, se alejan, se  cierran y buscan la información por otros medios”.

“El silencio no impedirá que los adolescentes se inicien  sexualmente y tampoco los ayudará a prevenirse de situaciones de  abuso”, destacó la especialista.

El informe del Celsam indicó que el diálogo sobre sexualidad  se organiza de una manera particular en cada grupo familiar y es  más frecuente que las madres hablen sobre sexo, estén más  informadas y se adjudiquen el rol de educadoras, tanto para las  hijas mujeres como para los varones.

Karina Iza, ginecóloga del Celsam, sostuvo que “la proximidad  de la menarca (primera menstruación) suele ser el disparador para  que las madres hablen de sexualidad con las hijas mujeres, aunque  hacerlo recién allí por primera vez resulte un poco tarde”.

“En el caso de los varones no existe un correlato biológico y  socializado tan claro como la menarca en la mujer, por lo tanto,  el momento del diálogo y la información que se obtenga, queda más  librado al azar y a la informalidad”, evaluó Iza.

El estudio destacó que al varón se lo impulsa al inicio de la  sexualidad genital como un atributo valioso para construir su  identidad masculina, no se le enseña a cuidarse y  no se le  transmite un rol valorizado de la mujer (se le comunica que no  debe ponerse de novio y debe estar con muchas chicas para adquirir  experiencia).

Además, se sigue sosteniendo el mito de que debe iniciarse  sexualmente porque tiene “necesidad biológica” sin importar con  quién lo haga.

En cuanto a la sexualidad de las hijas mujeres, los  consultados la percibieron como un factor determinante de cómo van  a ser valoradas por los demás.

Se espera entonces que ellas se preserven de ser dañadas o mal  vistas por otras personas y se les enseña que cuidarse implica  “cuidarse de que el varón las pueda dejar embarazadas e incluso  abandonarlas”.

Alicia Figueroa, ginecóloga del Celsam, estimó que “en las  mujeres se ha sustituido la idea de la virginidad como valor  fundamental, por la de iniciarse sexualmente en el marco de una  pareja estable”.

“Estos modelos de cómo debe ser una mujer y cómo debe ser un  varón van forjando una identidad sexual basada en la inequidad de  género”, opinó Figueroa.

Para una parte de la sociedad, “la mujer debe postergar su  inicio sexual y el varón debe mostrarse deseante y adquirir  experiencia”.

La ginecóloga sostuvo que “tanto ellos como ellas son  estigmatizados en roles estereotipados que los limitarán en su  libertad para elegir sus relaciones con conciencia, respeto y  cuidado mutuo”. (Télam)