Jueves 08 de Febrero de 2024
La ola de calor que azota a Rosario desde el lunes se extenderá, por lo menos, hasta este viernes. Los pronósticos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) corrieron las chances de precipitaciones para el final de la semana hábil y en la ciudad sólo hay deseos que de que lleguen las lluvias para que la temperatura baje de una buena vez.
Si bien se tienen que dar una serie de condiciones atmosféricas para que se originen las lluvias, fueron muchos los métodos que se implementaron a lo largo de la historia para que se generen las precipitaciones. Actualmente se necesitan para hacerle frente al calor, pero en otros tiempos eran sumamente necesarias para los cultivos.
Desde un argentino que inventó una máquina hasta un ritual, los procedimientos para llamar a la tan ansiada lluvia son muchos.
El argentino que hizo llover
Especializado en geofísica en la Universidad de Milán, el entrerriano Juan Baigorri Vilar también construyó sus propios instrumentos para detectar minerales y analizar los suelos.
Usando sus máquinas en plenas investigaciones en Bolivia, Baigorri, que formó parte de los inicios de YPF, se dio cuenta que cuando conectaba y ponía en funcionamiento un dispositivo en particular que usaba para buscar minerales, se generaban leves lluvias que no lo dejaban trabajar.
Tomó como prototipo esa misma máquina y puso en marcha el proyecto de "El aparato de hacer lluvia", que consistía en una caja de madera (del tamaño de un televisor de tubo de 14 pulgadas), una batería eléctrica y dos antenas.
La probó en Santiago del Estero, dos veces, a finales de 1938 mientras se desarrollaba una importante sequía en la provincia. El primer intento fue en la localidad de Pinto, donde cayó un "leve chaparrón" doce horas después de que se encendiera la máquina (según testigos), mientras que la segunda oportunidad se dio en la capital de la provincia con resultados mejores: tras 55 horas de funcionamiento, cayeron 60 milímetros de lluvia.
Recibió críticas de la entonces Dirección de Meteorología Nacional y probó nuevamente la máquina en otras localidades que atravesaron sequías con supuesto éxito, aunque nunca la patentó ni vendió su licencia y eso hizo que pesaran sospechas de fraude científico.
Baigorri falleció en 1972, solo y sumido en la pobreza tras más de una década en la que dejaron de llamarlo para que haga demostraciones públicas. "El aparato de hacer lluvia" no se pudo localizar jamás ni se encontró una réplica del mismo.
El santo de la lluvia
Quienes desean que llueva recurren a lo que tienen al alcance, como pedirle al cielo o a algún santo que desate un chaparrón aliviador. En este caso, varios recurren a San Isidro Labrador.
Pedirle a este santo es algo que se lleva adelante desde el siglo XIII, cuando se pretendía que invoque las lluvias de primavera que son beneficiosas para los cultivos. La idea principal era beneficiar las tierras en climas secos donde la cosecha se dificulta y la pérdida de la misma llevaba a acrecentar las condiciones de hambre y miseria.
Gracias a las creencias de entonces, su imagen y la leyenda de San Isidro Labrador se extendió y fue considerado como el "santo agricultor".
Ceremonia ancestral
Vigente hasta la actualidad, los campesinos de la región donde se emplazaron los mayas (partes de México, Honduras y El Salvador, junto a la totalidad de Guatemala y Belice) continúan pidiéndole lluvias a Chaac, un dios de esa cultura que se vincula a las lluvias y las buenas cosechas.
Dentro del imperio maya, se popularizó en sectores con déficit hídrico y fue dividido en cuatro ejemplares del mismo nombre que representaban los puntos cardinales (Chaac rojo del este, Chaac blanco del norte, Chaac negro del oeste y Chaac amarillo del sur), a los que se le vinculaban el control de las tormentas, los truenos y los relámpagos.