Saccomano: "Mostró que la aventura podía ocurrir en un paisaje propio"

Viernes 12 de Agosto de 2011

El escritor y guinista de historietas Guillermo Saccomanno, destacó hoy que el fallecido dibujante “fue para la historieta argentina lo que Calé para el humor: una marca plástica registrada y realista, una manera de enfocar y retratar la ciudad”.

Su “gran hallazgo fue lograr un paisaje absolutamente reconocible en el género de la ciencia ficción y mostrar que la aventura podría desarrollarse en paisajes totalmente cotidianos:  para nosotros que éramos pibes, descubrir que la lucha contra el invasor galáctico transcurría en la cancha de River nos partía la cabeza”, aseveró.

Saccomanno consideró que `El Eternauta` -guionado por Héctor Oesterheld (1919-1977)- “significó un corte en la historieta  argentina: por un lado tuvo una imagen bien expresionista a cargo  de Alberto Breccia, ligado a la plástica; y por el otro el realismo  de Solano López, más cercano al cine”.

La primera versión de “El Eternauta” se publicó de la mano de  Solano López, entre 1957 y 1959 en “Hora cero semanal”, y comienza una noche fría de truco en Vicente López, cuando Juan Salvo, hombre  de familia que maneja una empresita de transformadores, es  sorprendido por lo que parece una nevada tóxica que mata a quien le  toca la piel. En 1969 existió una segunda versión ilustrada por Breccia:  publicada por la revista Gente en 17 entregas de 50 páginas.

Cada  una fue lanzada en la misma semana del levantamiento popular  conocido como “El Cordobazo”; el cual fue asimilado en la trama por  Oesterheld dando inicio a una profundización de su reflexión política (ahora los invasores galácticos se alían a superpotencias  mundiales) que culmina con su desaparición ocho años después, en  plena dictadura militar argentina. Por otra parte, Saccomanno se refirió a su participación  conjunta en la historieta “Calle Corrientes”: “fue un proceso  fracturado por algún motivo editorial del momento -se editó en los  `80-, un proyecto que murió embrionario pero con el que los dos  estábamos muy entusiasmados”, afirmó.

Transcurría en la avenida Corrientes “pero tenía otro sentido  -explicó-: corrientes de vida, de historias sanguíneas que fluctúan  en esa avenida cargada de mitología -desde el tango a los  intelectuales- que conecta todo Buenos Aires, del puerto al  cementerio”. “Teníamos el proyecto ambicioso de recorrerla palmo a palmo y  aunque se editaron poquísimos capítulos, dos o tres creo, esos  capítulos nos tenían muy metejoneados”, rememoró.

“Fue un momento muy pleno, trabajar con él después de haberlo  seguido de pibe era como tocar a los dioses, porque lo que muchos  encontrábamos en él y en Oesterheld era la confirmación de que la  historieta -relegada como género menor- permitía canalizar lo que  no podías en otras expresiones artísticas más vigiladas durante la  última dictadura militar argentina”, concluyó. (Télam).