Martes 14 de Noviembre de 2023
Autoridades de Aduanas entregaron a la provincia de Río Negro una colección de 6.400 fósiles que habían ingresado de contrabando a España, donde llegaron ocultos en contenedores provenientes desde esa provincia. La colección fue interceptada en el puerto de Valencia.
Mediante un alerta internacional, la Aduana había evitado que la colección fuera vendida de contrabando en España, donde los fósiles llegaron ocultos en contenedores provenientes desde Río Negro. Entre las 6.400 piezas había huevos de dinosaurio, el esqueleto completo de un hadrosaurio (una especie de dinosaurio), un amonite (especie marina que vivió hace 400 millones de años y dominó los mares) de más de 20 centímetros de diámetro e incluso múltiples piezas de ámbar con insectos preservados en su interior. Las piezas rescatadas fueron llevadas al Museo de Río Negro Bernardino Rivadavia.
Por el delito fueron imputados Rodolfo Pedro Corsolini, quien se presenta como director del “Museo privado del Lago Gutiérrez”, que no está registrado ante la Secretaría de Cultura de Río Negro, y su hijo Julián Corsolini, quien era empleado de esa Secretaría. En su descargo Julián Corsolini aseguró que el dueño de la carga era su padre pero que fue él quien firmó la salida del contenedor porque viajaba a España.
En tanto, el fiscal Rafael Vehils Ruiz, que interviene en la causa, pidió el procesamiento de los dos imputados, quienes habían apelado a “sofisticados métodos de ocultamiento para sacar la colección paleontológica del país, bajo el pretexto de una supuesta mudanza a España”. Se cree que algunas piezas provienen de otros países, y que el acusado, Julián Corsolini, habría ingresado a la Argentina de contrabando.
“Estamos ante el mayor secuestro de bienes culturales de la historia argentina y es un orgullo poder devolver nuestro patrimonio a su lugar de origen” aseguró el titular de Aduanas, Guillermo Michel.
Tras su recuperación, el gobierno de Río Negro llevó adelante el operativo de retorno del patrimonio que “Corsolini intentó contrabandear a España en 2020” y “devolverlo a la comunidad”, sostuvieron en un comunicado oficial.
El disparador del operativo fue una advertencia hecha a las autoridades de Río Negro por vecinos de Corsolini, que habían notado movimientos extraños, pero cuando el aviso llegó a la Aduana, los bienes ya habían salido del país. Frente a esta situación, Aduanas emitió una alerta internacional, solicitando a la Aduana de España la detención e inspección de los contenedores. Tras el aviso, ese organismo envió al puerto de Valencia especialistas en bienes culturales, que comprobaron la presencia de más de 6.400 piezas fósiles.
Para esconderlos, Corsolini había apelado a dobles fondos y revestimientos de yeso y otros materiales, de manera que no fueran discernibles a simple vista.
La Aduana recordó que la exportación legal de piezas paleontológicas y arqueológicas requiere el aval del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia y el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL), establecidos como autoridades de aplicación por la ley 25.743. Por todo ello, Corsolini tiene un pedido de captura internacional y podría recibir una pena de hasta 8 años de prisión.
Los fósiles son considerados mercaderías de exportación prohibida conforme el Código Aduanero y el encuadre jurídico es “contrabando agravado”. Las penas previstas son de 4 a 10 años de prisión. Una vez que los bienes culturales retornaron a la Argentina, el Museo Bernardino Rivadavia y el INAPL certificaron su autenticidad y los entregaron a la provincia de Río Negro, de donde pertenecen la mayoría de ellos. Aún falta hacer un catálogo exhaustivo de lo recuperado.