Reabren el mayor templo del imperio romano, cerrado durante 30 años
El impresionante monumento fue construido por Adriano en el corazón de Roma

Viernes 12 de Noviembre de 2010

El Templo de Venus y Roma, el impresionante monumento que el emperador Adriano ordenó construir en el año 121 d.C. en el corazón de Roma, reabrió ayer al público mostrando todo su esplendor después de permanecer cerrado durante casi treinta años para ser restaurado.
  El monumento reabre ahora por primera vez tal y como el propio Adriano lo concibió.
  Los trabajos permiten volver a unir las dos celdas originales del templo, la dedicada a Roma y la dedicada a Venus, que durante un largo período estuvieron separadas por un muro.
  Además, se han reconstruido parte de las paredes fracturadas y erosionadas por el paso del tiempo, se han afianzado los cimientos y se mejoraron los desagües para evitar que se produzcan filtraciones y desplazamientos de tierra a causa de las lluvias.
  Situado en el lado sur de la colina Velia, a metros del Coliseo, el Templo de Venus y Roma era considerado el más grande de la capital del Imperio.
  Aunque fue Adriano quien ordenó su construcción en el año 121 para unir en un mismo espacio las estatuas de la diosa Venus y la de Roma, que personificaba el Estado Romano, no fue inaugurado hasta el año 141, bajo el mandato del emperador Antonino Pío.
  De forma rectangular, el templo estaba rodeado en sus dos lados de mayor longitud por un doble pórtico de columnas de granito gris, mientras que en los dos laterales cortos se abrían sendas escalinatas que portaban al Coliseo y al Foro, respectivamente.
  En el interior, dos salas orientadas en sentido opuesto y precedidas por un vestíbulo servían para rendir culto a Venus y a Roma, unidas por un muro, que a partir del siglo VII, dividió la zona dedicada a Roma, que pasó a formar parte del convento de Santa Francisca Romana, y la de Venus, orientada hacia el Coliseo, quedó transformada en un jardín.
  Gran parte de los restos que pueden contemplarse hoy, se atribuyen a una restauración impulsada por Marco Aurelio Majencio en el año 307 después de que un incendio destruyera la parte central del Foro, entre ellos las columnas en pórfido situadas en las paredes o el pavimento de losas de mármol.
  También se ha recuperado el jardín exterior del templo, en el que aún se conserva una parte de la columnata que rodeaba el monumento. l