Puente del Sur teje una red de economía solidaria
"Para acercar los productos de organizaciones y pequeños productores a personas o grupos que optan por un consumo distinto, empezamos a trabajar en 2003", dice Florencia Weiss, miembro del Puente al Sur, un colectivo de trabajo que funciona desde Ituzaingó, en el oeste del Gran Buenos Aires.

Lunes 04 de Junio de 2012

"Para acercar los productos de organizaciones y pequeños productores a personas o grupos que optan por un consumo distinto, empezamos a trabajar en 2003", dice Florencia Weiss, miembro del Puente al Sur, un colectivo de trabajo que funciona desde Ituzaingó, en el oeste del Gran Buenos Aires.

"Reconocemos al trabajo como transformador de la realidad y las relaciones sociales. Salimos del circuito comercial tradicional y no pensamos desde una lógica capitalista. La apuesta no es competir sino armar redes, fortalecernos, acompañarnos para reconstruir y recuperar las relaciones sociales y económicas entre personas. Detrás de cada producto, hay gente", indica la docente.

Vino tinto y tomates triturados enteros, de la Unión de Trabajadores Rurales sin Tierra de Cuyo; yerba Titrayju, de la cooperativa misionera Río Paraná; grisines y pan rallado de Grisinópoli, de Buenos Aires; azúcar producidas por una cooperativa agropecuaria de San Juan de la Sierra; fideos de cooperativa Pasta Sur, de Quilmes; dulces y conservas que producen El Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase-Vía Campesina) y agendas y cuadernos artesanales, del Espejo, Mendoza, son algunos de los productos que distribuye Puente de Sur. También trabajan con quesos, artículos de limpieza, dulces, panificados, chocolates, encurtidos, aceites, textiles, libros, música independiente y botones artesanales, entre otros.

"Veníamos de participar en grupos de educadores y organizaciones populares. Pero siempre aparecía el tema del trabajo y también teníamos necesidades laborales, lo encaramos como un laburo concreto, además de lo militante y social", explica Florencia.

"Antes de armar El Puente —agrega— también algunos participaron en actividades productivas con movimientos de desocupados, como los que luego formaron el Frente Aníbal Verón. Hoy el grupo está formado por 11 compañeros, de las más variadas vertientes, algunos tienen o tenían ocupaciones en relación de dependencia en la educación y en fábricas, otros llegan con una historia de desocupación, y ninguno había estado en cooperativas".

El nombre de la organización, indica Angel Serrano, "sale de ser un nexo, un puente para la unión de productores y consumidores". En ese sentido, señala que "el promedio de compradores mensuales llegan a unos 600", cifra que aumenta al considerar que algunos realizan compras por períodos más extensos. Sobre el funcionamiento interno, Florencia explica: "Al ser un grupo pequeño, podemos hablar todo y ponernos de acuerdo en reuniones. Había experiencias de grupos autogestionados y hay gente que conoce muy bien su oficio, pero siempre el problema está en la comercialización, el cómo vender. Entonces apuntamos a encauzar a las pequeñas producciones, ante la falta de cadenas de comercialización".

"Sólo fraccionamos lo que nos llega a granel porque los productores no tienen cómo hacerlo, pero intentamos que los alimentos lleguen listos para repartirlos. Mientras los supermercados dependen de la publicidad, marketing y lucros empresariales para aumentar las ventas nosotros les trasladamos a los proveedores los pedidos para que ellos se organicen y estimen su producción razonable y necesidades", señala.

Los precios de las productos también son fijados con otras pautas: "Se toman los costos que nos pasan los productores, los gastos de transporte y el porcentaje destinado al pago de alquiler, funcionamiento, salarios. "Cobramos por hora trabajada, ya que algunos tenemos también otras actividades y no todos se pueden dedicar por igual", advierte.

"Productos que son hechos pensando en el consumidor, transparencia en los ingredientes y costos, y el compromiso de mejorar la calidad y el precio", son algunos de los motores del grupo. Sostienen que "al comprar a una gran empresa pagamos el lucro gigante que el capitalismo necesita para seguir existiendo, pero al hacerlo a organizaciones sociales estamos creando otra realidad y pagamos fundamentalmente el trabajo. Además, al consumir sus productos fortalecemos los procesos de lucha y organización". "Seguimos creyendo que es posible otra forma de economía, desde la solidaridad de organizaciones sociales, cooperativas, fábricas recuperadas, producciones familiares y toda producción del trabajo autogestivo, sin patrón, sin explotación", resaltan.