Miércoles 02 de Febrero de 2011
El sector de la prostitución en Los Países Bajos está en pie de guerra por la nueva ley del sector, que obligará a quienes trabajen en los servicios sexuales a mostrar a clientes y agentes de policía una documentación oficial, que expedirán los diferentes ayuntamientos del país. Y tendrá que empezar a pagar impuestos, algo así como un IVA para el “consumidor final”.
A pesar de que la iniciativa persigue un fin loable, que las meretrices demuestren que ejercen esa tarea de forma voluntaria, ha provocado una agria polémica en el país de los tulipanes, conocido, entre otros, por los escaparates del “barrio rojo” de Amsterdam, donde se calcula que ejercen la prostitución cerca de 3.000 trabajadoras.
El objetivo de La Haya es registrar a todas las trabajadoras del sexo para poder controlar el sector y evitar la proliferación de las redes mafiosas que explotan a las mujeres.
Las propias afectadas han lanzado una contraofensiva, en plataformas como Twitter o en páginas web como www.meisjevandeslijterij.nl, desde donde batallan para que la polémica ley no entre en vigor, extremo que parece, no obstante, prácticamente descontado.
“Si entra en vigor este carnet al final tendremos que emigrar a otros países a trabajar. En Bélgica se gana mucho más dinero en la prostitución y, además, nadie te molesta con el tema de los impuestos. Ya sé que es algo ilegal, pero si tienes en cuenta la cantidad de problemas que tienen la chicas (que se dedican a ello), pues, haces la vista gorda”, cuenta al periódico local de Brabante
BN, Silvana, de 36 años, trabajadora de la Sauna Diana, en Zundert, al suroeste de Holanda, cerca de la frontera belga.
“Silvana”, que prefiere conservar el anonimato, asegura que estudia derecho y se costea sus gastos con la prostitución. “La nueva ley es ridícula y va a provocar justo el efecto contrario: muchas jóvenes se van a meter en el circuito de la prostitución ilegal”, asegura.
“Carla”, una trabajadora sexual de 28 años del “barrio rojo” de Amsterdam, citada por la prensa local, también se muestra en contra. “Si al final la ley sale adelante, tendré que dejar de trabajar en esto. No pienso ir a registrarme, eso va contra el derecho a la intimidad”.
Los burdeles holandeses tienen prohibido forzar a las trabajadoras a beber alcohol con los clientes, a mantener relaciones sexuales sin preservativos e incluso no pueden obligarlas a realizar determinadas prácticas sexuales. No obstante, la mayoría de los dueños de burdeles de Amsterdam prefiere no hacer contratos de trabajo oficiales. l